Los centros tempranos del Precerámico

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Datos principales

Inicio 
3500AC
Fin 
1800AC
Rango 
3500AC to 1800AC
Periodo 
Area cultural andina

Desarrollo

Al mismo tiempo que se descubre la cerámica en Colombia y Ecuador, se inicia hacia el 3.500 a.C. el Precerámico con Algodón en los Andes Centrales; un período definido por la aparición de aldeas y pequeños centros en la sierra y en la costa que se dedican a la pesca y a la recolección. La aparición de restos de redes de algodón (Gossypium barbadense) y calabazas para flotadores indican tanto la agricultura de estas dos plantas como la importancia de la pesca en el sistema de subsistencia de estas comunidades del litoral. En la costa desértica del Perú la corriente de Humboldt permite la concentración de gran cantidad de plancton marino al que llegan inmensos bancos de peces, iniciándose así una cadena alimenticia que permitió la formación de aldeas durante el Precerámico. Al mismo tiempo, la corriente fría penetró por los valles de los ríos y en sus partes bajas y medias depositó humedad en bajas lomas que fueron aprovechadas para el cultivo de la calabaza y el algodón, creándose una cierta prosperidad económica que permitió el sedentarismo y el aumento de la población. Por ejemplo, en el sitio de La Paloma se llegaron a concentrar entre 4 y 5.000 chozas irregularmente distribuidas en tres asentamientos superpuestos hacia el 6.000 a. C. La Paloma y Chilca 1 (3.750-2.500 a. C.) son sitios característicos de esta etapa Precerámica. El primero de ellos es un asentamiento en lomas y el segundo tiene una orientación costera. A partir del 3.500 a.C. el número de sitios del litoral aumenta y existen claros signos de jerarquización. Así, mientras Huaca Prieta es un asentamiento de carácter aldeano, en la costa norte y central se inicia la arquitectura monumental en Aspero, Río Seco del León, Bandurria y Los Gavilanes, algunos de los cuales tienen pirámides de más de 3 m de altura, y se relacionan con plazas que contienen plataformas en las que se establecieron estructuras de menor importancia. La función de estos edificios no está definida aún, pero pudo estar emparentada con el control de los astros para fues calendáricos y su aplicación a las actividades agrícolas. La construcción de estructuras que tienen hasta 10 m de altura requiere cierta planificación política y, con seguridad, la jerarquización de la sociedad al menos en dos segmentos: uno agricultor/pescador dedicado a la producción, y otro dirigente/sacerdotal encargado de la planificación y administración de los centros ceremoniales. La forma de estos recintos públicos varía desde pozos circulares a plataformas escalonadas y complejos de edificios que circundan una plaza y adquieren una forma en U. Las investigaciones arqueológicas han dejado bien claro que se encuentran en íntima conexión con sistemas de irrigación y de intensificación agrícola. Hacia el 1.800 a.C. la mayoría de los valles de la costa norte y central del Perú tenían uno o varios de estos centros ceremoniales, algunos de los cuales tendrán un gran desarrollo en la etapa posterior. Mientras se producen estos acontecimientos de vida compleja en la costa centro y norte, la costa sur vive ajena a tales procesos y se organiza en pequeñas aldeas de pescadores y horticultores. En la sierra, donde venía experimentándose con la agricultura desde el 6.000 a. C. y con la domesticación de animales desde el 4.500 a.C., la desigualdad social se inicia más tarde, dentro de lo que se ha denominado Tradición Mito, y está representada en sitios tales como Huaricoto, Shillacoto, Kotosh y La Galgada hacia el 2.500 a.C. En estos asentamientos se construyen edificios cuadrangulares de piedra y barro, pequeños, que dejan en el centro un fogón excavado en la tierra en el que colocan ofrendas que incluyen textiles y objetos de hueso y madera. Otro rasgo característico es la superposición de edificios como ocurre en el Templo de las Manos Cruzadas de Kotosh, que más tarde fue cubierto por el Templo de los Nichos. Sin embargo, y al contrario de la evidencia procesual en la costa norte y central, no hay edificios de viviendas en torno a tales complejos, por lo que no se pueden considerar centros de integración. De manera distinta a la costa también, la base sobre la que surge la sociedad desigual no es la pesca/horticultura, sino la agricultura y el pastoreo. En los Andes Meridionales y el Extremo Sur, los primeros indicios de vida detectados en la región se instalan en la Patagonia, en las cuevas de Fell y Palli Aike, y en los sitios abiertos de Las Buitreras y Los Toldos, hacia el 12.000 a. C. Los ocupantes de estas cuevas convivieron con perezoso gigante, caballo, guanaco y otros animales aún presentes en la región, los cuales se encuentran asociados a las puntas de cola de pescado de amplia distribución en toda América del Sur. Tras la extinción de la megafauna, las comunidades se dedicaron a la caza del guanaco y a la recolección de frutos y semillas silvestres. En Intihuasi, localizado en la Sierra Central, estos cazadores se establecieron hacia el 6.000 a. C. y utilizaron puntas lanceoladas o en forma de hoja de laurel conocidas con el nombre de Ayampitín; muy similares a las encontradas en Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú. La etapa ya se ha reconstruido en apartados anteriores, pero se caracteriza por un evolucionado arte rupestre que da testimonio de las ideas simbólicas, mágicas y rituales de los pobladores de tales sitios, además de dejar constancia sobre la fauna de la región. Al final del Precerámico se desarrolla la cultura Ansilta, que incluye en sus registros una cestería decorada manufacturada con la técnica de enrollado espiral. El tejido es tan tupido que debió servir para contenedores de líquidos y para la transformación de alimentos de origen vegetal. Otra función detectada se relaciona con el ritual funerario, ya que se utilizaron para contener esqueletos.


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