Los atenienses ante Filipo

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Datos principales

Inicio 
350AC
Fin 
323AC
Rango 
350AC to 323AC
Periodo 
UnidadGrecia

Desarrollo

La presencia de Filipo en Grecia, tras el largo proceso de expansión y de contactos entre violentos y amistosos, produjo reacciones de diverso signo que, en el conjunto de las ciudades, pueden evaluarse a través de actitudes colectivas e indirectas, variables, como las de Tebas, bajo condiciones difíciles de conocer. En Atenas las circunstancias varían, pues no sólo se conocen mejor las fluctuaciones colectivas, sino que, además, por medio de las reacciones individuales de una serie de personajes significativos, protagonistas de la vida política del momento, cuyas opiniones se conocen directamente gracias a los discursos presuntamente pronunciados por ellos mismos, puede accederse mejor a los matices y las oscilaciones concretas que pudo producir la presencia de Filipo, acicate para despertar reacciones que tenían que ver, en gran medida, con la propia coyuntura social, económica y política que atravesaba la ciudad, espejo, sin duda peculiar y deformado, del conjunto de Grecia. Isócrates, orador y teórico de larga vida profesional, estuvo desde el principio preocupado por encontrar el sistema que acabara con las luchas por la hegemonía, pues en ellas no era posible hallar el camino para la estabilidad social de las ciudades y, específicamente, de Atenas. Primero creyó que esta misma ciudad podría lograr la reconstitución de una unidad concorde que garantizara la paz interior. Luego puso sus ojos en Esparta. Se trataba de recuperar un objetivo común, capaz de aglutinar en un solo proyecto las fuerzas de cada ciudad, para lo que nada parecía mejor que la guerra contra Persia. Evágoras de Chipre, Dionisio de Siracusa y, finalmente, Filipo de Macedonia fueron sus candidatos para un programa de guerra exterior donde hallar la solución de los conflictos internos. Así, podría organizarse un nuevo mundo político donde la democracia tradicional, patrios politeia, se identificaría con la participación en los ejércitos hoplíticos. Con ello se eliminaría el peligro de los ejércitos mercenarios, motivo de disgregación de la comunidad ciudadana, y se restringiría la participación en los derechos políticos, con exclusión de la masa de los thetes, medida que, a su vez, sólo sería posible por medio de la coacción desde un sistema autoritario procedente del exterior, el mismo que fuera capaz de organizar la campaña contra los persas. Sólo muestras de bienvenida podía recibir esta corriente del avance de Filipo. El orador Demóstenes, en cambio, sale a la luz pública con motivo de los avances de Filipo, que ponían en peligro la capacidad de control de los mares por Atenas. Los objetivos de sus reacciones se dirigen fundamentalmente a la conservación de ese control, único capaz de garantizar la autonomía de la polis y la perduración del sistema democrático. Los fundamentos teóricos se apoyan en la idea de una polis autónoma, pero, dados los peligros externos, es capaz de percibir cómo se desprenden del sistema consecuencias que afectan a su eficacia militar, de modo que llega a hablar de las ventajas del poder personal en ese terreno. El resultado es un entramado ideológico contradictorio, seguramente uno de los reflejos más significativos de la crisis ideológica del sistema de la polis democrática. Esquines fue el rival de Demóstenes en lo concreto y en lo teórico. Se dice que no era ni aristócrata ni rico, pero adopta formas de pensamiento tradicional, expuestas sobre todo en el discurso "Contra Timarco". Se presenta como defensor de las leyes, sobre modelos que se hallan por igual en las leyes de Esparta y en la constitución de Solón. La clase dominante no aristocrática ha adoptado de modo radical la ideología de la aristocracia. Él mismo se presenta como defensor de la democracia, pero esa defensa implicaba, a su manera de ver, la aceptación de Filipo, pues de lo contrario los atenienses caerían en una situación de violencia similar a la que habían atravesado a lo largo de la guerra del Peloponeso, es decir, la época en que el fundamento del sistema democrático se encontraba basado más radicalmente en el demos subhoplítico. La recuperación de una situación anterior a la guerra del Peloponeso se revela también en la recuperación del proyecto de lucha contra los persas, lo que vuelve a justificar la aceptación de Macedonia, ofrecida como alternativa a la sumisión a los persas. Esta última actitud habría sido la de los tebanos, que lucharon en Platea junto a Mardonio. Esquines olvida que también lo hicieron los macedonios. El discurso "Contra Ctesifonte" viene a representar la elaboración de esta teoría, para defender una vez más la colaboración con los macedonios. En el interior, es en la postura contraria donde se halla el peligro de poder personal, en Demóstenes, demagogo que intenta implantar la tiranía, apoyada en los persas, frente a la democracia defendida por él mismo, en realidad una forma de oligarquía sustentada por el poder militar exterior de los macedonios. Según Plutarco, fue Foción quien tuvo que desempeñar el papel de administrador del naufragio la ciudad. Sería más bien un personaje sintomático de cómo vivían ese naufragio algunos sectores específicos de la ciudadanía. Era de origen artesano, pero se educó en la Academia con Platón y Jenócrito. Las clases relacionadas con el desarrollo artesanal de la ciudad han accedido ya a los bienes intelectuales anteriormente monopolizados por la aristocracia, síntoma igualmente de la adopción de determinados mecanismos ideológicos. En el campo de la retórica, se define, contrariamente a otro artesano, Cleón, como un orador sobrio. Como los antiguos estrategos, su vida pública se concentra principalmente en la actividad militar, iniciada al lado de Cabrias, en la corriente no imperialista. El poder naval ha de servir fundamentalmente para la garantía del tráfico y de los mercados. En el retrato de Plutarco, se enorgullece de hallarse muy frecuentemente en desacuerdo con la ciudad, modo de definir una actitud política que quiere presentarse como no demagógica. El demagogo sería un esclavo del demos, mientras que Foción entra en conflicto con él porque pone de relieve los peligros de sus actitudes agresivas. Sin embargo, al mismo tiempo, se presenta como defensor de los intereses del demos, sobre la base de que mientras reine la paz es él quien tiene el poder, mientras que la guerra se presta a que sean los estrategos los que acumulen en sus manos los hilos de la decisión. Aquí se ponían de relieve los complejos matices de la realidad, que fueron aún más manifiestos después de Queronea. Entonces estalló el conflicto entre Caridemo, enemigo violento de Filipo, y Foción, que terminó con el triunfo de este último. Ahora bien, Foción no quiso participar en el synedrion de los griegos que organizó el macedonio, mientras que Demades defendió la participación materializada en el envío de tropas a las órdenes del rey. Ello produjo la reacción del rey. Plutarco quiere dibujar la figura de Foción como ejemplo de moderación y equilibrio, pero pone de relieve su ambigüedad en un momento conflictivo, de indefinición de los intereses del demos. Se presenta como defensor de la autonomía de la polis, de la moderación, de la paz y de la autonomía, de la colaboración con Filipo sin sumisión. Por ello, consecuentemente, no participaría en la guerra Lamíaca, auténtica rebelión contra el poder macedónico. Más difícil fue la actitud que habría de tomar ante la presencia de Antípatro. En principio, se niega a admitir la presencia de una guarnición macedónica, pero se plantea el problema de garantizar la paz interior cuando, en definitiva, se trataba de restringir la participación de la ciudadanía para recuperar los rasgos de una ciudad oligárquica. Para tal restricción hubo de admitir el establecimiento de una guarnición, lo que provocó contra él las iras del demos, en esta ocasión aliado de los esclavos, pues la tendencia del poder estaba dirigida a identificarlos en una clase dependiente de esclavos y pobres. El apoyo recibido de Poliperconte, calificado de democrático, viene a ser ya un ejemplo de la orientación que toma la utilización del término en los inicios de la época helenística, aplicado a la conservación pactada de instituciones de tradición democrática dentro del protectorado de los reyes y de sus colaboradores. Hipérides fue el colaborador y continuador de la actitud representada por Demóstenes, aunque la llevó más lejos y la mantuvo hasta el año 323. Él fue quien organizó la resistencia tras la batalla de Queronea y llegó a proponer que, para poder evitar que los libres se convirtieran en esclavos, había que darles a éstos la libertad. Desde otro punto de vista, resulta igualmente ilustrativo de los fenómenos de reacción contra las restricciones de Foción y de las transformaciones que se operan en el sistema, creador de una forma de dependencia que incluye a los libres y requiere para su control de un aparato represivo fuerte como el representado por la monarquía macedónica.


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