Lengua y literatura

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Datos principales

Inicio 
2800AC
Fin 
146AC
Rango 
2800AC to 146AC
Periodo 
Grecia antigua
Lugar 
Derechos 

Desarrollo

La lengua griega se integra en el grupo de las lenguas indoeuropeas. Su alfabeto es de origen semítico, concretamente fenicio, aunque desconozcamos la fecha exacta de su utilización. Cada una de las diferentes poleis que integraban la Hélade tenía su propia lengua, si bien podemos agruparlas en cuatro grandes grupos: el dialecto jónico-ático, el dórico, el eólico y el aqueo. El ático se convertirá en el dialecto más empleado por los grandes literatos y en época de Alejandro se puede considerar como el embrión de la lengua griega. Como es lógico pensar, no se ha conservado más que una pequeña parte de obras literarias, estableciendo los especialistas una división en diferentes periodos para conocer mejor la producción. Entre los siglos X-VI a. C. nos encontramos con la época arcaica; los siglos V y IV abarcan la fase clásica mientras que la alejandrina se desarrolla entre los siglos III y I a. C. De la época arcaica apenas quedan manifestaciones, aunque existiría una lírica primitiva donde se cantaban los momentos de tristeza y los de alegría, bien colectivamente o de manera más intimista. Homero es el literato más famoso de este momento, considerado el autor de dos de las obras más importantes de la Literatura Universal: la Iliada y la Odisea. Hesiodo es el máximo representante de la escuela doria, más pedagógica. Se considera el autor de Los trabajos y los días y La Teogonía, donde narra el origen del mundo. Esopo sería el continuador de esta escuela moralista, autor de unas 400 fábulas finalizadas con moraleja. La lírica toma cada vez más importancia a partir del siglo VII a.C., destacando figuras como el ateniense Solón, de cuya obra elegante y moralizadora nos han quedado algunas muestras. Arquíloco sería el representante de la poesía satírica, mientras que la poetisa Safo es el máximo exponente de la escuela de Lesbos, caracterizada por la simplicidad. La poesía bucólica está representada por Teócrito de Siracusa, autor de los Idilios. Píndaro será el mejor poeta de la lírica dórica, a pesar de que no conservamos muchos ejemplos de su arte, siendo lo más importante los Epicinios. La fase clásica será la de mayor esplendor, desarrollándose los dos grandes géneros dramáticos: la tragedia y la comedia. La tragedia es la forma literaria que deriva del culto dionisíaco, constituida en un primer momento por el coro y un contestador, tratándose de un teatro político, ya que el estado paga a los autores y controla las obras. La primera tragedia documentada se atribuye a un tal Tespis, poeta del siglo VI que reorganizó las representaciones en honor a Dionisos. Esquilo, Sófocles y Eurípides serán los mejores autores de tragedias, mostrándonos al ser humano en su momento más intenso, enfrentándose con su Destino. Esquilo es considerado el verdadero creador de la tragedia, al introducir un segundo actor y reducir el coro, dotando a sus obras de un significativo contenido heroico y religioso. Sus obras más importantes son Los persas, especie de drama histórico, Los siete contra Tebas, donde nos cuenta la guerra provocada por la rivalidad de dos hermanos, y La Orestiada. Sofocles aportará a la tragedia griega su forma clásica, más humanizada, al introducir un tercer actor y reforzar el coro, aunque disminuya su importancia, desarrollando el drama a través de la psicología individual, como se pone de manifiesto en las 123 obras que compuso, entre las que destacan Antígona, Edipo Rey, Electra o Filoctetes. Eurípides intentará poner de manifiesto la desilusión del héroe, a través de recursos psicológicos y naturalistas, mostrando pasiones y sentimientos, anticipándose al drama burgués al centrar la acción en la vida cotidiana como podemos apreciar en Medea, Hipólito o Las Troyanas. La comedia será elevada a género literario por un tal Epicarno de Siracusa. Su objetivo será hacer que el público tome conciencia de los problemas que le invaden a través del humor. La sátira política alcanzará su mayor desarrollo en esta época, siendo Cratino de Atenas uno de sus principales promotores. Aristófanes nos presenta los problemas de la ciudad y diferentes cuestiones de carácter social en sus obras más famosas: La asamblea de [las mujeres#CONTEXTOS#553,7839], Las avispas o Las nubes. Meandro de Atenas se convertirá en el mejor representante de la comedia "nueva", caracterizada por su tono menos satírico e incluso apolítico, como se manifiesta en El misántropo o La bella de los rizos cortados, obras donde se nos presentan cuadros de costumbres. En época clásica tenemos las primeras muestras historiográficas de importancia con Herodoto de Halicanarso, Tucídides y Jenofonte. Herodoto es considerado por Cicerón el "padre de la Historia". Su espíritu viajero le llevó a diversos países, dejando constancia escrita de lo que observó. Su obra principal lleva el título de Histories apodeixis y está dividida en nueve libros, en los que narra el enfrentamiento entre persas y griegos. Su profunda religiosidad le lleva a considerar que los dioses han determinado el proceso histórico. Tucídides es considerado el creador de la narración histórica objetiva, al eliminar los elementos míticos o legendarios. Los acontecimientos históricos están determinados por factores geográficos, políticos y humanos modificables, no por la decisión de los dioses, como se pone de manifiesto en su obra Historias de la guerra del Peloponeso. Jenofonte narra en su Anábasis, con un estilo fácil, las campañas de la lucha de Ciro el Joven con su hermano Artajerjes y la retirada de los mercenarios griegos al servicio de los persas. El periodo alejandrino trae consigo la aparición de dos importantes focos literarios, producto de la desmembración del Imperio de Alejandro: Pérgamo y Alejandría. En la lírica encontramos a Calímaco de Cirene, Teócrito de Siracusa y Apolonio de Rodas, autor de Los Argonaúticas, donde intenta resucitar la poesía épica aunque con escaso éxito. En el ámbito teatral, Herondas de Siracusa nos presenta asuntos de costumbres de manera irónica, poniendo de manifiesto la crisis que vivía el teatro convencional.


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