Las repúblicas de España

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Datos principales

Inicio 
1870DC
Fin 
1873DC
Rango 
1870DC to 1873DC
Periodo 
Sexenio democrático
Lugar 
Derechos 

Desarrollo

La llegada de la República en febrero de 1873 no representó un viraje sustancial en el transcurrir del Sexenio democrático, ni un punto de inflexión que cambiara el orden y las piezas del rompecabezas histórico español. Fue la salida lógica de un proceso democrático, de frágiles bases de sustentación, que se encontraba en un callejón sin salida. Había más de continuismo que de ruptura, más de reformismo que de radicalización revolucionaria, más de solución de urgencia, por exclusión de otras, que de proyecto alternativo global. Ni aún hubo una sola República; de hecho durante meses existió una secuencia de varias repúblicas, en sus contenidos y en sus estrategias, de características distintas y, a veces, opuestas entre sí. Los dirigentes republicanos aportaban refresco intelectual, humanismo, una fervorosa defensa de los principios democráticos, y una creencia, no sin fundamentos utópicos, en el hombre como ser social, blanco de la educación y protagonista de una sociedad civil capaz de decidir sobre su propio destino. La República surgió como la única fórmula que aún no se había ensayado para llevar hasta sus últimas consecuencias los postulados de septiembre de 1868. Los republicanos tenían ahora la oportunidad no ya de democratizar, sino de republicanizar la sociedad española en todos sus ámbitos. Pero en la praxis política los republicanos tuvieron que hacer frente a su propia heterogeneidad. La República podía ser concebida, y de hecho lo era, desde distintos puntos de vista, lo cual generaba distintas repúblicas, formas de gobierno diferentes cuyo único punto en común, a veces, era la denominación que recibía. Cada una de estas concepciones fue recogida y practicada por un sector del republicanismo español, dando lugar a cinco tipos de república que se sucedieron hasta enero de 1874, muchas veces yuxtapuestas: la indefinida, la federal, la social, la cantonal y la república del orden. Así, la República nació como indefinida en febrero de 1873, fruto de un pacto con los radicales, que habían antepuesto la preservación de los principios democráticos a la forma de Estado. Fue un continuismo de la situación anterior, a la espera de una definición más precisa del régimen. Las disputas entre los dos aliados accidentales, que sin embargo estaban más próximos de lo que creían en el terreno ideológico, hicieron crisis, desde el mismo mes de febrero y hasta abril, para inclinarse la balanza hacia el terreno de los republicanos. A principios de junio una nueva República, esta vez definida como federal, cumplía las expectativas de parte de sus dirigentes: la federación desde arriba con basamento legal. Su orientación era de signo reformista. Era la presidencia de Pi y Margall. Sin embargo, en el mes de julio, se pusieron en marcha otras dos repúblicas, o formas de entender la República, a menudo mezcladas entre sí. Frente a la República oficial, los intransigentes ensayaron, a través de la vía insurreccional contra el propio Gobierno republicano, el establecimiento de la "federación desde abajo". Era la República cantonal. Pero también emergía de nuevo la cuestión social, que no aparecía colmada por el reformismo republicano; la conflictividad social en las ciudades y en el campo se derivaba de una percepción distinta: la República como emblema del igualitarismo social, la República social. Ambas visiones, alternativas a la trayectoria de la República federal oficial, y a menudo confundidas, corrieron paralelas a ella en el verano de 1873, provocando una reorientación del régimen. Nacía así la quinta versión, la República del orden, adivinada por la presidencia de Salmerón desde julio de 1873, pero inequívocamente conservadora, quizás en los límites de la dictadura presidencialista con la presidencia de Castelar hasta enero de 1874. De esta manera, el golpe de Pavía de enero de 1874 no trajo consigo ninguna ruptura con respecto a la orientación castelarina, más bien intentó evitar una nueva desviación radicalizada, implícita en el debate parlamentario cerrado violentamente la noche del golpe militar.


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