Las festividades públicas

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Datos principales

Inicio 
1AC
Fin 
1AC
Rango 
1AC to 1AC
Periodo 
Edad Moderna

Desarrollo

Estas imágenes, de ámbito cortesano, sólo podían ser vistas por círculos bastantes restringidos. Su difusión masiva se realizaba a través de festividades públicas, fundamentalmente, los conjuntos decorativos efímeros que las ciudades levantaban en ocasiones como viajes reales, entradas solemnes o las propias bodas de los reyes. En esas decoraciones, retratos en pintura o escultura de las mujeres regias, replicaban las ya aludidas convenciones del retrato de Corte. Durante el siglo XVI, las entradas de las reinas adquirieron una importancia creciente. Sin embargo, las decoraciones de tales entradas femeninas se centraban en el rey tanto o más que en la reina, siendo un mecanismo de propaganda masiva de las grandezas de la dinastía, de las virtudes del monarca y, en menor medida, de las bondades del municipio. Todo era supervisado por el entorno real, muy sensible a este tipo de saltaciones públicas, y proporcionaban imágenes de la reina centradas en su papel maternal de continuadora de la dinastía. Gráfico Las imágenes que se prodigaban de la reina eran estereotipadas, pocas alusiones personales, a excepción de su procedencia. En las entradas de Isabel de Valois en 1560 se destacó su condición de aval de la paz alcanzada entre Francia y España, mientras que en las de Anna de Austria se verá rodeada de alusiones a la fecundidad y la maternidad, explicables por la desesperada necesidad de un heredero para la monarquía. La entrada de Anna en Madrid constituyó un modelo para futuras entradas a la Corte, tanto por el itinerario, como por el asentamiento de los ejes temáticos habituales en esta decoraciones: la dinastía, los territorios de la monarquía y las virtudes de los monarcas. En los arcos triunfales, ideados por Juan López de Hoyos, predominaban la presencia y los triunfos de Felipe II, mientras que la nueva reina era privada de cualquier implicación política. En el caso de las decoraciones para exequias fúnebres se utilizaban casi los mismos argumentos aunque en tono elegíaco y consolatorio. El rey perdía a su fiel esposa y el reino a una matrona benéfica, ornada de virtudes domésticas y caritativa para con todos. Se destacaba la devota muerte de la reina y, en general, su ejemplar religiosidad. Familia y religión son, pues, los pilares de este estereotipo de feminidad. En algún caso se dio una mayor vinculación con la vida de la persona. En el catafalco funerario de Isabel de Borbón en los Jerónimos de Madrid en 1644 se alababa su ejemplaridad como regente de Castilla, durante las ausencias de Felipe IV por la revuelta catalana. El modelo de presentar a la reina como ejemplo y modelo de servicio al rey, era parte de un esfuerzo propagandístico regio, ejecutado mediante diseños del arquitecto del rey Juan Gómez de Mora.


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