La región cantábrica

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Datos principales

Inicio 
38000AC
Fin 
9000AC
Rango 
38000AC to 9000AC
Periodo 
Paleolítico Superior
Derechos 

Desarrollo

A continuación describiremos, de oeste a este, las principales de la cincuentena de cuevas con arte paleolítico de la España cantábrica. También indicaremos su atribución estilístico-cronológica según los autores de sus monografías y según los sistemas de Breuil y de Leroi-Gourhan. Recuérdese que éste es uno de los tres grandes núcleos del arte franco-cantábrico. La cueva más occidental de esta región es la de la Peña de Candamo (San Román de Candamo, Asturias), en el valle del Nalón. Fue estudiada por E. Hernández-Pacheco en 1919. Contiene unas sesenta y cinco figuras, seis de las cuales están en un curioso camarín (bisonte muy perdido, dos cabezas de caballo, un caballo, una yegua de abultado vientre y un protomo de toro) y otras formando un complicado panel de grabados y algunas pinturas. En él destacan la bella representación de un ciervo herido por venablos y la de un uro de dos metros de longitud. Breuil vio en el arte de la Peña de Candamo la casi totalidad de sus secuencias cronológico-estilísticas. Para Leroi-Gourhan todo el conjunto pertenece a su Estilo III. En el curso medio del mismo río Nalón se han encontrado en los últimos años una serie de santuarios abiertos en abrigos o pequeñas cuevas. Todo el grupo está en curso de estudio por J. Fortea y sus colaboradores. Las cavidades más importantes son el abrigo de La Viña (Manzaneda) y la cueva de La Lluera (Priorio), con numerosas figuras grabadas con temas animalísticos y abstractos, que en la primera recubrían en parte los estratos arqueológicos. En La Viña se encontraron tres perfiles recortados (caballos) que cuentan entre las mejores piezas del arte mueble español (Solutrense o posterior). Otros lugares menores de la misma zona son la cueva del Conde (Tuñón), Los Murciélagos (Manzaneda), Godulfo (Berció), Entrefoces (Foz de Morcín) y la de Entrecuevas (Las Segadas) con varios signos rojos. Hacia el este, después de una zona vacía, se encuentra otro núcleo de arte paleolítico en el valle del río Sella, principalmente cerca de su desembocadura. En él lo más importante es el sistema cárstico que encierra las cuevas de Tito Bustillo, La Lloseta y la Cuevona (Ribadesella). La gran caverna de Tito Bustillo o El Ramu fue descubierta en 1968. Ha sido objeto de estudios de M. Berenguer, A. Beltrán, A. Moure y R. de Balbín. La forma una gran galería de más de 800 metros en forma de Y con varios divertículos. En ella merece ser destacado su gran panel de caballos y renos bicromos, pero también sus dispersos grabados y pinturas, y el santuario con signos sexuales femeninos, todo ello del Estilo IV, lo que se confirma por las fechas de C14 del yacimiento (entre 13.450 y 12.300; Magdaleniense superior). De las excavaciones allí realizadas proceden diversas piezas de arte mueble. Cuevas con arte paleolítico en la misma área de Ribadesella son Les Pedroses, con cinco ciervos y un probable caballo, en tinta plana y todos ellos acéfalos; y la de San Antonio, con un caballo de color negro. Más hacia el interior se halla la del Buxu (Gangas de Onís), con nueve caballos, nueve ciervos, tres cabras, un bisonte, un gamo y varios signos cuadrangulares característicos, finamente grabados o de color negro. La Paloma (Soto de Regueras) es una cavidad en cuya excavación se hallaron diversos objetos de arte mueble. En la zona de Llanes se hallan las cuevas de Quintanal, Balmori, Coberizas y Cueto de Lledías, entre otras menores. La decoración -principalmente bisontes- de la del Cueto de Lledías es posiblemente falsa. La de Herrerías presenta una serie de signos cerrados o planos de color rojo, en forma de reja. En el valle del Cares se encuentran las cuevas de Llonín (Peñamellera Alta), Coimbre (Alíes) y La Loja (Panes). El santuario de Llonín ha sido estudiado por M. Berenguer y P. Casado. Contiene un complicado panel con pinturas y grabados, en algunos casos con interesantes superposiciones. En la cueva de Coimbre puede verse un grabado de un bisonte muy realista. En la de La Loja, publicada en "Les cavernes de la region cantabrique" y posteriormente por J. M. Gómez Tabanera, hay un panel de grabados con cinco bóvidos y un caballo. La cueva del Pindal (Pimiango) está situada en la zona litoral, inmediatamente encima de un bello acantilado costero. Fue descubierta en 1908 por H. Alcalde del Río y publicada en "Les cavernes de la region cantabrique", a base de los calcos de Breuil. Posteriormente fue revisada por F. Jordá y M. Berenguer, con algunos hallazgos complementarios. Se trata de una cavidad de 350 metros de longitud, de tipo galería ancha. Las figuras se encuentran casi todas en el muro de la derecha y ocupan unos 15 metros del mismo. En total hay unas cuarenta representaciones en color rojo o grabadas. En el panel principal de dicha cueva del Pindal hay una decena de bisontes, tres caballos y una cierva (el tema bisonte + caballo + cierva es el mismo del plafón de Altamira). Los signos son del tipo de los de Niaux y La Cullalvera: claviforme, óvalos, bastoncillos y puntos. La asociación de signos masculinos y femeninos parece bastante clara: a cada uno de los animales corresponde una pareja claviforme + puntos, herida + puntos, o claviforme + bastoncillos. El segundo panel comporta un bisonte, una cabeza de caballo, un signo claviforme y una serie de bastoncillos alineados. Debajo del bisonte hay un extraño pez que es como una combinación de salmón y atún. Cerca se encuentra el a veces llamado mamut romántico, por haberse pensado que la mancha de su interior representaba el corazón (y que no es un Elephas antiquus). Hay otras figuras en la pared izquierda de la cueva, pero son borrosas y parecen corresponder a un conjunto incompleto. Todos los paralelos llevan a una atribución del Pindal al Estilo IV antiguo -por ejemplo, Niaux y Trois-Fréres- que confirma la presencia del pez -como en [Pech Merle#CONTEXTOS#2795], Niaux, Mas-d'Azil y Le Portel-, o sea al Magdaleniense medio. En la parte oriental de Cantabria hay varias cuevas con arte: Micolón (Riclones), con signos, un oso y un par de équidos; Chufín (Riclones), que contiene dos santuarios, uno en el exterior con grabados sencillos, y otro interior con grabados finos y raspados y con pinturas rojas; La Meaza (Ruiseñada), con un gran signo abstracto; Las Aguas (Novales), que contiene dos siluetas de bisonte; y La Clotilde de Santa Isabel, en cuya galería axial hay una decena de grabados digitales que representan una cabeza de felino, bóvidos y un signo. La cueva de La Fuente del Salín (Val de San Vicente) es el más reciente de los descubrimientos de arte paleolítico de la cornisa cantábrica. Contiene más de una docena de improntas de manos, positivas y negativas, junto con algunas manchas y puntuaciones. En el valle del Pas está la cueva de Santián; en el de Mierea, la de Salitre; y en la zona litoral de Santander, las de Pendo y El Juyo. Tanto por ser la primera cueva con arte paleolítico descubierta como por la importancia de sus figuras, entre las cuevas santanderinas hay que subrayar la de Altamira (Santillana del Mar) que por su importancia estudiaremos aparte. A Altamira le sigue en interés el núcleo troglodítico del Monte del Castillo, en el pueblo de Puente Viesgo, en la orilla izquierda del río Pas. La cueva del Castillo, descubierta en 1903 por H. Alcalde del Río -publicada en "Les cavernes de la region cantabrique"-, fue objeto de importantes excavaciones dirigidas por Obermaier y Breuil (estudiadas por V. Cabrera). De las mismas procede un buen lote de arte mueble, en su mayor parte estudiado por M. Almagro Basch, incluida la serie de los omóplatos grabados pertenecientes al MagdaIeniense superior con arpones. Las paredes de la cavidad contienen unas 150 figuras zoomorfas, un centenar de manos y otro centenar de signos. Destacan un panel bastante deteriorado con bisontes polícromos de estilo altamirense, las bellas ciervas grabadas con técnica de raspado, el gran macho cabrío grabado, etcétera. Se hallan en galerías paralelas y en niveles distintos, unidos por una vasta zona de hundimientos. Indudablemente en El Castillo hay muchas cosas diversas. El abate Breuil, en 1912, realizó el primer análisis topográfico de los diferentes temas: manos, signos, figuras negras, etcétera. El trabajo de Leroi-Gourhan confirmó la hipótesis de Breuil acerca de la existencia de dos grandes períodos en El Castillo. El más antiguo sería del Estilo III, con manos negativas, bisontes sencillos y signos plenos. Estos configuran un espacio muy particular en el llamado rincón de los tectiformes, comparable al de La Pasiega. Otro santuario se repite más hacia el interior y termina con líneas de grandes puntos y un pequeño mamut. Una parte de estos puntos está en indudable relación con banderas estalagmíticas que sirvieron como litofono. Antes se encuentra la gran columna estalactítica con su hombre-bisonte. En ella -como para las máscaras y otras figuras- se han utilizado los relieves naturales. En el mismo Monte del Castillo se hallan las galerías de la cueva de La Pasiega, descubierta en 1911 por H. Obermaier, P. Wernert y H. Alcalde del Río, de la que realizó los calcos el abate Breuil y se publicó en 1913 con el título de "La Pasiega á Puente Viesgo". En su forma actual, con dos entradas artificiales, se pueden visitar las galerías B y C, accediéndose desde la primera a la galería A, todo ello con un complicado recorrido. El número total de representaciones es de unas 250, cuyo inventario aproximado es el siguiente: 46 caballos, 17 bisontes, 65 cérvidos, 12 cápridos, 14 uros, 2 manos, 2 antropomorfos, 13 indeterminados y más de 80 signos. Entre todas estas representaciones destacan una figura fantástica semihumana, un bello grupo de 20 signos en un lugar muy escondido y otro que parece una inscripción. Como corresponde a la intrincada topografía y a las varias entradas antiguas, en La Pasiega se pueden identificar varios santuarios. Estos son del Estilo III, aunque de un carácter menos arcaico que Lascaux (Solutrense evolucionado al final del Magdaleniense antiguo) y del Estilo IV antiguo del período de los claviformes. La tercera cueva del Monte del Castillo es la de Las Monedas, descubierta por iniciativa de A. García Lorenzo en 1952 y publicada por E. Ripoll en 1972. Su nombre se debe a un pequeño lote de monedas del siglo XVI, perdido allí por un ignoto explorador que recorrió la vasta cavidad en aquel tiempo. En una pequeña sala, no lejos de la entrada de esta caverna, hay 35 siluetas zoomorfas -entre ellas algunos renos, los primeros en ser identificados en el arte paleolítico español- y diversos signos, todo en color negro y sin ninguna presencia de grabados. Leroi-Gourhan interpretó el santuario de Las Monedas como un tipo característico de su Estilo IV reciente, con la ventaja de no haber sufrido sobrecargas ulteriores, siendo el único testimonio español del último período de las cuevas santuarios. Nosotros lo atribuimos a los artistas del Magdaleniense IV/V, o sea, cronológicamente, hacia los años 12000 a 10000 a. C., en números redondos. Los caballos y los bisontes se parecen a los de Niaux, Le Portel, Trois-Fréres y El Pindal. Todo lo cual no puede apoyarse en la arqueología pues las excavaciones en la primera sala no dieron ningún resultado (más tarde se encontró en ella un escondrijo con materiales de la Edad del Bronce, hoy en el Museo de Prehistoria de Santander). Por último, la cueva de Las Chimeneas, en el mismo conjunto de Puente Viesgo que venimos describiendo, fue descubierta en 1953 por A. García Lorenzo, J. Carballo y F. Puente, realizando los calcos M. A. García-Guinea. Las monografías son obra de J. González Echegaray en 1963 y 1974. Su nombre es debido a las simas por las que, desde una cueva en un nivel superior -actual entrada-, se alcanzó la cueva pintada y grabada. La entrada original todavía permanece colmatada por derrubios y formaciones calcáreas. La cueva contiene unas 40 figuras que van desde toscos grabados sobre la roca descompuesta -¿un mamut?- hasta grabados finos y una serie de bellas siluetas de ciervos de color negro y de un gran realismo pintados en un estrecho divertículo de la cavidad. Las astas, cornamentas, orejas, así como el uso de la perspectiva torcida, al igual que un ciervo con las patas rígidas y separadas hacia adelante y hacia atrás, son características del Estilo III. La también santanderina cueva de Hornos de la Peña (San Felices de Buelna, valle del río Besaya), poseía asimismo dos tipos de santuario. Del exterior queda sólo la parte trasera de un caballo fuertemente inciso, que es casi igual a otro caballo grabado sobre hueso que fue hallado en el nivel auriñacense durante las excavaciones practicadas en la entrada. En el interior hay una cuarentena de complicados grabados. El santuario exterior sería del Estilo II y el interior del Estilo IV. Otro núcleo de arte santanderino se encuentra en los alrededores de la población de Ramales de la Victoria, en la zona limítrofe entre Santander y Vizcaya. La cueva principal es la de Covalanas, en cuyas inmediaciones está la de La Haza. Ambas fueron descubiertas en 1903 por L. Sierra y H. Alcalde del Río, y luego publicadas en "Les cavernes de la region cantabrique". Covalanas tiene dos galerías de unos 100 metros de longitud. La de la derecha contiene unas 27 figuras, de ellas 18 ciervas -seis formando una probable escena-, dos caballos, dos toros -uno es seguramente un reno-, cuatro signos y un indeterminado. Las siluetas de los animales están trazadas a base de puntos, siendo esta cueva la más característica de esta técnica de tamponado que corresponde al Estilo IV. En La Haza hay siete figuras de color rojo: tres caballos, dos carniceros, una cierva borrosa y un indeterminado. En el mismo círculo rocoso de Ramales se encuentra la enorme caverna de La Cullalvera. En ella, a 700 metros de la entrada, se encuentran dos grupos de claviformes en rojo y en negro, y, a 1.200 metros, las siluetas lineales en negro de dos caballos, imágenes que son, con mucho, las más alejadas de la entrada entre todas las cuevas españolas con arte. También en la parte oriental de Cantabria hay otras cavidades menores con muestras de arte como Peña del Cuco (Castro Urdiales), La Lastrilla y La Hoz. No lejos de Ramales, en el desfiladero de Translaviña, hay varias cavidades. En su parte santanderina se abren las cuevas de Sotarriza y Covanegra. En su parte vizcaína se halla la cueva de La Venta de la Perra (Molinar de Carranza), que contiene cinco figuras de caballos y oso, profundamente grabadas y a la luz del día. En la provincia de Vizcaya destaca la caverna de Santimamiñe (Cortézubi) que fue publicada por T. de Aranzadi, J.M. de Barandiarán y E. de Eguren en 1925. El santuario, con sus representaciones de color negro y grabadas, tiene unos 20 metros de longitud y constituye una especie de camarín al que se accede por una cascada estalagmítica de 4/5 metros de altura. Este acceso debía ser antiguamente difícil. Más hacia el fondo de la caverna hay alguna figura suelta. El santuario propiamente dicho contiene treinta y ocho representaciones, que, aproximadamente, desde la entrada hacia el interior son: cinco bisontes, dos caballos y una cabeza de uro (o sea la conocida composición bisonte + caballo + toro); sigue el panel principal, a la izquierda, con siete bisontes, dos de ellos en posición vertical, más un bastoncillo y un pequeño rectángulo; y más al fondo un oso, la parte trasera de un cérvido o cáprido, una cabeza de ciervo y una cabeza de cabra, cerca de los cuales hay otros tres bisontes verticales. Las figuras pintadas son todas de color negro. El conjunto pertenece al Estilo IV antiguo y tiene un cierto parecido con el "Salón noir" de Niaux. Los bisontes tienen semejanzas con los de Altamira, Le Portel y el mismo Niaux. En cambio en los caballos no se representó la M ventral. Hay un único signo de forma rectangular y vacío, análogo a alguno de La Pasiega. La cueva de La Arenaza (San Pedro de Galdames) tiene unas pocas pinturas -entre ellas un toro y una cierva- realizadas con la misma técnica de tamponado utilizada en Covalanas. En la provincia de Guipúzcoa se hallan las cuevas de Altxerri (Aya, cerca de Orio) y Ekaín (Deva). La primera fue descubierta en 1962. La zona decorada está situada a un centenar de metros de la entrada y tiene, a su vez, una cincuentena de metros de longitud. Fue publicada primero por J. M. de Barandiarán y sus colaboradores y luego fue objeto de una monografía de J. Altuna y J. M. Apellaniz (1976). El conjunto de las representaciones ha sido dividido por estos autores en VII sectores topográficos. Con frecuencia se prepararon las superficies para los grabados o las pinturas. En el sector I hay unos cincuenta grabados: dos renos, tres carniceros (¿zorros?), cuatro peces (platijas), un antropomorfo y un signo formado por doce pequeños círculos, además de varios bisontes y cápridos. En el sector II hay dieciséis animales: seis bisontes pintados o grabados, tres cabras y un uro, así como algunos indeterminados. En el III hay un solo bisonte y un signo. El grupo IV comprende siete bisontes, un caballo, un indeterminado y varias manchas negras alineadas. En el sector V hay seis bisontes, dos caballos y tres cabras que representan la conocida fórmula de caballo + bisonte + cabra. Los sectores VI y VII repiten el tema del caballo/bisonte, y a ellos se suman cuatro renos en el VI y uno en el VII. Como en otras cuevas cantábricas es notable la presencia del reno. Algunas figuras están en posición vertical. Todo el conjunto pertenece al Estilo IV (Magdaleniense avanzado) de Leroi-Gourhan. La cueva de Ekaín fue encontrada en 1969 y estudiada inmediatamente por J. M. de Barandiarán y J. Altuna. Por sus pinturas en rojo y negro, algunas bicromas, combinadas con grabados, es una importante cavidad con arte rupestre paleolítico. Así, por ejemplo, sus tres paneles principales, según Leroi-Gourhan, contienen el conjunto de caballos más perfecto de todo el arte cuaternario. El santuario empieza a unos cuarenta metros de la entrada. El inventario mínimo de las figuras es el siguiente: veintiocho caballos, nueve bisontes, dos ciervos, tres peces, tres cabras, dos osos (uno de ellos acéfalo), dos indeterminados y diversos signos. Hay que observar que mientras que en otras cuevas el bisonte ocupa los lugares importantes y el caballo los marginales, en Ekaín ocurre lo contrario. Además, algunos animales están en posición vertical. Corresponde el conjunto al mejor Estilo IV, incluido el doble trazo de las grupas, los modelados del interior del cuerpo, entre ellos la M ventral, etc. Según el mismo autor: aproximadamente contemporáneas de las de Niaux y Altamira, las figuras de Ekaín representan una de las cimas del período clásico del arte franco-cantábrico. En la misma zona de Deva están las cuevas de Urtiaga y Ermitia, con algunos hallazgos de arte mueble. La más oriental de las cuevas cantábricas, ya en la proximidad de los Pirineos occidentales, es la de Alquerdi o Berroberría (Urdax), que contiene seis grabados incompletos, restos de un santuario externo que debió ser mucho más amplio.


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