La llamada del 18 de junio

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Datos principales

Inicio 
1940DC
Fin 
1940DC
Rango 
1940DC to 1940DC
Periodo 
Bliztkrieg

Desarrollo

En esos mismos momentos, De Gaulle marcha a Inglaterra. Desde allí lanzará, por los micrófonos de la BBC puestos a su disposición por Churchill, la legendaria llamada del 18 de junio, punto de partida de la actividad resistente a la vez que elemento fundacional de la ideología gaullista que él personificó. Según el mensaje, el general se considera depositario del honor y la soberanía nacionales, abandonados por unos poderes públicos entreguistas. De Gaulle va a hablar a partir de ese momento en nombre de Francia, y el Gobierno de Londres le reconocerá inmediatamente como cabeza del Comité Provisional de Resistencia. Más que un simple desastre militar, la catástrofe sufrida supone algo mucho más hondo, que llega a afectar a todos los ámbitos de la sociedad francesa. El armisticio es así para De Gaulle un crimen contra la patria. El general considera que, tras la muerte de cien mil soldados, Francia y los franceses son entregados al enemigo atados de pies y manos, mientras oficiales y soldados son mantenidos en cautividad. Con la patria y el Gobierno reducidos a la servidumbre no cabía un armisticio con honor. Por todo ello, De Gaulle hace una llamada a la esperanza en esas horas tan oscuras y apela a la resistencia de todos los que no hayan aceptado la solución impuesta. Francia -finaliza- ha perdido una batalla, pero no ha perdido la guerra. A pesar del ofrecimiento del Gobierno francés, los alemanes deciden hacer muestra de su fuerza material y siguen avanzando. El día 20 de junio, la misma ciudad de Burdeos es bombardeada como advertencia previa a la imposición de los términos del armisticio. Mientras, queda patente el hecho de que la llamada de De Gaulle no se ve respondida por ningún partido político y figura pública destacada. De hecho, se ha llegado a afirmar que, si en aquellos días se hubiera realizado un plebiscito libre acerca de la solicitud o no del armisticio, el mariscal Pétain hubiera obtenido una aplastante victoria. Entonces, casi nadie ponía en duda la buena fe y el patriotismo del mariscal, mientras que el desprestigio de los políticos republicanos era patente y notorio para todos los franceses.


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