La hueste indiana

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Datos principales

Inicio 
1502DC
Fin 
1542DC
Rango 
1502DC to 1542DC
Periodo 
Conquista América
Lugar 

Desarrollo

Conviene recordar en primer lugar que, en general, y salvo excepciones, la conquista se apoyó en la iniciativa privada, y que no hubo ningún plan elaborado para conquistar América por parte de la Corona española, que se limitó a legitimar las conquistas hechas. Y si no fue una empresa planificada -ni, menos aún, financiada- por la Corona, tampoco fue llevada a cabo por el ejército castellano, que ya existía en el siglo XVI, y bien organizado y actuando en muchos sitios de Europa y fuera de Europa, pero los famosos tercios nunca fueron enviados a conquistar las Indias. Por sorprendente que parezca, es cierto que la mayor parte de la América española fue conquistada en menos de 50 años por un reducido número de hombres armados -se calcula que no más de diez mil individuos-, que ni eran militares profesionales ni apenas tenían experiencia militar anterior, salvo en el caso de los caudillos. Estos hombres, aventureros en su mayor parte, integraron la llamada hueste indiana, caracterizada por la total voluntariedad de sus integrantes, que es lo que más la diferencia de las mesnadas y otros grupos armados medievales. Viene a ser, por tanto, un tipo peculiar de hueste, que puede considerarse real porque actúa con autorización de la Corona, y a su servicio, pero que se organiza por iniciativa privada y con financiación privada. Entre los miembros de la hueste -que van sin soldada, por eso no se les llama ni son soldados- no se establecen relaciones vasalláticas (de superior a inferior) sino bastante igualitarias (de compañeros, aunque con las jerarquías de mando características como grupo militarizado), y todos entran en el reparto del botín, aunque en distintas proporciones según hubiera sido la aportación y méritos de cada uno. El móvil económico constituye, sin duda, el verdadero aliciente de las huestes, hasta el punto de que han sido definidas como buscadores de tesoros. Claro que es difícil imaginar que hubiera podido ser de otra manera, pues como dice un documento de la época: "¿Cómo han de querer ir los cristianos a reducillos (a los indios) sin algún interés en su trabajo? ¿Con qué quiere VM. que compren el caballo que les matan, y las armas, y el comer, el vestido y calzar, y otros gastos muchos que se ofrecen? Y las heridas que les dan, ¿con qué las han de curar?" Con todo, la verdadera recompensa de la conquista fue de otro tipo: el conquistador anhelaba ser rico, pero más aún convertirse en encomendero, en señor de indios. La mayor parte de los conquistadores pertenecían a sectores populares (registrados en las listas de enganche como hijos de, hombres de bien, eran marineros, artesanos, labradores, profesionales urbanos), aunque hubo también bastantes caballeros e hidalgos, que contagian de su mentalidad y aspiraciones a los demás. La edad media del grupo conquistador se ha estimado en 27,3 años, es decir, no tan viejos como a veces se ha pretendido, pero tampoco ya mozos para la época. Ellos protagonizaron una página cruel de la historia, y fueron agentes conscientes o inconscientes de la destrucción de las poblaciones indígenas, y del paralelo proceso de europeización de América, que supone la incorporación al mundo occidental de un continente que durante " class="manita" data-toggle="popover" data-content="En vísperas de la llegada de los españoles, es decir a fines del siglo XV, vivían en América varios millones de personas (entre 8 y 100 millones para ser más exactos, según los diversos cálculos realizados, y sobre los que volveremos más adelante), organizadas en distintos grados de complejidad sociocultural, desde simples bandas nómadas hasta imperios militaristas, pasando por tribus, señoríos y estados.">milenios había sido una prolongación étnica de Asia. Por esta imbricación entre conquista y colonización, Alcina dice que "la conquista española de América ha sido la más destructiva... después de la romana, pues, en efecto, ambos sistemas al incorporar a las poblaciones nativas a su propio sistema cultural, las destruyen". Se produce, pues, un etnocidio, mucho más sutil y destructivo, aunque menos sangriento, que el genocidio. En este punto hay que señalar que desde luego es imposible explicar el resultado militar de la conquista en términos de heroísmo o audacia, que por lo demás existió por ambas partes. La superioridad tecnológica española (armas de acero y de fuego, caballos, perros de caza) es sólo una explicación parcial como lo es la ventaja inicial representada por la serie de profecías y creencias que tanto entre los aztecas como entre los incas parecían identificar a los españoles con dioses. Pero las civilizaciones indígenas constituían imperios militaristas, contaban con grandes ejércitos profesionales, mientras los españoles eran grupos de pocos cientos de hombres, escasos de armas, desconocedores del terreno, mal aclimatados... Y sin embargo, son precisamente los grandes imperios los que se conquistan con mayor rapidez y éxito. La clave está en los propios indígenas americanos, que fueron el principal instrumento de la conquista, y no sólo como guías, intérpretes, espías, sino como aliados. La cooperación indígena fue tan decisiva que no parece sino que América se conquistó a sí misma, en beneficio de España. Y todavía los conquistadores españoles contaron con otros aliados: un ejército de bacterias que diezmó a las poblaciones indias, a veces antes de que se produjera el contacto.


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