La desvinculación señorial

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Datos principales

Inicio 
1833DC
Fin 
1868DC
Rango 
1833DC to 1868DC
Periodo 
Reinado Isabel II
Lugar 
Derechos 

Desarrollo

El advenimiento del liberalismo al poder en 1820 reanudó la obra de las Cortes de Cádiz. La ley de 11 de diciembre de 1820 (llamada de Desvinculación) suprimió totalmente los mayorazgos y vinculaciones, abriendo la puerta para que los nobles vendieran sus tierras, lo que, lógicamente, afectó a la nobleza con menos recursos. Suspendida esta norma en 1823 a consecuencia de la restauración del absolutismo, fue confirmada y restablecida por otra ley de 30 de agosto de 1836. "La liberación de bienes raíces de la aristocracia tuvo individuales repercusiones de índole económica y social. Pero estamos muy poco informados para emitir alguna conclusión exacta.(...) Desconocemos el ritmo de este proceso económico-social, y toda hipótesis es, hoy por hoy, temeraria". Esta afirmación textual de Vicens Vives en 1957 es válida aún actualmente. Cabe hacer suposiciones pero faltan estudios rigurosos que las avalen. Según Millet, el número de transacciones de propiedad desvinculada fue en 1845 de 63.000 y en 1854 de 273.000; en el primer caso con un importe de 190 millones de reales y en el segundo, de 1.007 millones. Sospecho que está equivocando datos. Las cifras que proporciona Salvador Millet y que recoge el propio Vicens son dudosas y poco fiables, entre otras cosas porque el antiguo trabajo de Millet, de 1941, nunca se ha publicado, ni se cita la fuente, ni se hacen las precisiones necesarias. Vicens Vives, al margen de las cifras de Millet, aporta como hipótesis el supuesto de que las familias más poderosas conservaron intactos sus patrimonios, mientras que las propiedades de la nobleza media y baja, pasaron a manos de los burgueses enriquecidos. Según este autor, la desvinculación habría permitido un mejor aprovechamiento agrícola de las fincas. Por los datos aportados al estudiar la nobleza, creo que hay que matizar esta visión. Algunas casas nobiliarias especialmente hacendadas, como las de Osuna y Medinaceli, enajenaron prácticamente su patrimonio a lo largo del siglo XIX. Otras como la de Alba, no sólo lo mantuvieron sino que lo acrecentaron con nuevas compras en la desamortización.


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