La casa japonesa

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Datos principales

Inicio 
1000DC
Fin 
1868DC
Rango 
1000DC to 1868DC
Periodo 
Japón
Lugar 
Derechos 

Desarrollo

Independientemente del nivel de renta de su propietario, la casa japonesa guarda unas características comunes. En general, la vivienda es austera y en su interior hay muy pocos muebles. Las pertenencias tradicionalmente se guardaban en arcones, algunos de ellos con acabados de laca, que les daban un aspecto suave y fortalecían su resistencia. Los habitantes de la casa dormían sobre esteras rectangulares de paja llamadas tatami. Se sentaban en cojines circulares de paja y a veces descansaban los brazos en apoyos cóncavos. Las mesas eran bajas y ligeras. Incluso en las casas adineradas la iluminación era escasa, consistente en lámparas de resina, que daba una llama muy débil. También había linternas, en realidad tazones con aceite de ajonjolí y una mecha flotante de algodón. Los más pobres no tenían apenas iluminación, siendo sus muebles muy escasos. La nobleza habitaba en casas en medio de jardines y, en ocasiones, frente a un lago ornamental o junto a un arroyo, que aliviaba el sopor del verano. Los enormes techos, de corteza de pino o ciprés, refrescaban con su sombra los calores estivales. Sin embargo, durante el invierno tanto las casas de los ricos como las de los pobres eran muy incómodas. Las frágiles paredes exteriores hechas de persianas o bambú apenas impedían la entrada del viento, mientras que los biombos o cortinas usados como tabiques interiores no cortaban las corrientes. No existía ningún sistema de calefacción más allá de un brasero de carbón, aunque los más humildes podían arrimarse al fogón que calentaba sus chozas cuadradas. La naturaleza efímera de los edificios no ofrecía ninguna protección frente a los desastres naturales. Terremotos, tormentas o tsunamis acababan con numerosas viviendas. Lo mismo ocurría en caso de incendio, causados por braseros o linternas. Como precaución, los ricos tenían una bodega alejada de la mansión, hecha de piedra o arcilla, en donde guardaban sus objetos más valiosos. Los aldeanos también tomaban medidas, estableciendo casetas de vigilancia en las calles, así como bodegas no inflamables, tinas de agua y bombas de incendios.


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