Intervención de Pompeyo

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Datos principales

Inicio 
78AC
Fin 
47AC
Rango 
78AC to 47AC
Lugar 

Desarrollo

Cneo Pompeyo se había formado a la sombra de su padre (con él había participado en la guerra social y sofocado la insurrección itálica en el Piceno, de donde se cree que procedía la familia de los Pomyeyos) y de Sila, al que se había unido con un ejército de clientes y veteranos de su padre. Sila le encomendó la represión de las fuerzas de Mario en Sicilia y África y éste lo hizo con tal eficiencia que, a su vuelta, Sila le otorgó el triunfo añadiendo a su nombre el exagerado titulo de Magnus, el Grande, aunque no reunía los requisitos para ello: no había ocupado ningún cargo público ni contaba con los años suficientes. Fue excluido del testamento político de Sila por el apoyo que, inicialmente, prestó a Lépido, al que salvó de un proceso de concusión y apoyó para el consulado en el 78 a.C., alentando los proyectos de subversión de éste. Posteriormente, reprimió la rebelión de Lépido y tomo el mando de la guerra contra Sertorio en Hispania, al que se habían unido los partidarios de Lépido. Durante este tiempo se las arreglo tanto para robar el protagonismo a Metelo Pío, que ya había hecho progresos contra Sertorio, como para establecer sólidos vinculas clientelares en Hispania merced a un comportamiento generoso hacia los vencidos. A su vuelta a Italia, se alió con Craso, si bien esta alianza tampoco impidió que le sustrajera a éste el mérito que había tenido en la guerra contra los esclavos de Espartaco. Pompeyo escribió al Senado diciendo que aunque Craso había vencido a los esclavos, habían sido méritos suyos la dominación y conclusión de la guerra. Durante estos años se había granjeado no pocas enemistades entre la nobilitas por su actitud política poco fiable, consecuencia de su propensión a la traición. Por otra parte, la familia de Pompeyo no era de rancio abolengo, sino propietarios de tierra en el Piceno y la mayor parte de sus seguidores eran hombres de poca distinción social, procedentes de la misma región y que veían en Pompeyo la única esperanza de promocionarse. La nobilitas se resistía a aceptar la prominencia de un hombre así. Pompeyo consideró, por tanto, que la vía más segura para acceder al consulado era situarse del lado de los populares y coaccionar al Senado con la presencia de su ejército acantonado en Italia. Por lo que la elección como cónsules en el 70 a.C. de Craso y Pompeyo puede ser considerada como un golpe de estado incruento. Craso, a su vez, hombre inmensamente rico, tenía gran ascendiente financiero sobre muchos senadores, bien por protegerlos económicamente o porque estaban endeudados con él. Por otra parte, al igual que Pompeyo, era un hombre propenso a las intrigas y políticamente cambiante, como casi todos los políticos de esta época. Inmediatamente, procedieron a desmantelar la constitución silana. En primer lugar restauraron la potestad tribunicia, favor que los tribunos devolvieron a Pompeyo en la persona del tribuno Gabinio, que logró le fuera concedido a su benefactor un amplio mando contra los piratas, con autoridad proconsular sobre todas las costas del Mediterráneo (Lex Gabinia). Hay que suponer que en esta ley estaban también de acuerdo los caballeros, que tenían necesidad de que se restableciera la seguridad marítima para el desarrollo de su comercio. Reformaron la composición de los tribunales, dando participación en éstos a los caballeros y resucitaron el cargo de censor. Las operaciones de Pompeyo contra los piratas se desarrollaron con gran rapidez y éxito rotundo. En tres meses capturó 840 naves, hizo más de 20.000 prisioneros y ocupó 120 plazas fuertes, volviendo de nuevo la paz a los mares. Al año siguiente, en el 66 a.C., otro tribuno de la plebe, Manilio, logró la aprobación de una ley que confería a Pompeyo el mando de la guerra contra Mitrídates y el gobierno de todas las provincias asiáticas. De nuevo se planteaban problemas de orden constitucional. Cicerón elaboró un discurso apoyando la rogatio de Manilio y Pompeyo, ajustado a las formas, reemplazó en la dirección de la guerra mitridática a L. Licinio Lúculo, que había sido el hombre de confianza de Sila.Durante su ausencia, dos hombres se impusieron a la atención de Roma: uno de ellos, Cicerón, accedió al consulado y el otro, César, se preparaba prestando sus servicios a Craso y situándose en la que entonces era la causa de los mejores, la de Pompeyo, para asumir un protagonismo político que no tardaría en llegar.


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