Federico Guillermo I

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Datos principales

Inicio 
1660DC
Fin 
1789DC
Rango 
1660DC to 1789DC
Periodo 
mosaico

Desarrollo

Desde su intervención en la guerra española (batalla de Malplaquet), Federico Guillermo se convirtió en un apasionado del arte militar, y no sólo le quedarían costumbres del tiempo pasado en campaña, de hecho siempre vestía de uniforme, sino que intentaría hacer de Prusia un Estado militarista de primer orden, volcando todas sus energías en ello. En efecto, de cada 7 millones de táleros que ingresaba su hacienda, cinco se destinaban al mantenimiento del ejército. La Paz de Utrecht (1713) le otorgó reconocimiento internacional como nación soberana y le proporcionó los territorios de Lingen, Mörs, Neoburg y el Ducado de Güeldres, así como la Pomerania oriental. Años más tarde, la Paz de Estocolmo (1720) le permite anexionarse la Pomerania occidental, desde Stettin hasta Paene. En este contexto, el principal problema existente era superar la dispersión geográfica de sus territorios, agrupados en tres bloques distantes: la parte central, entre los ríos Elba y Oder, con Brandeburgo, la Pomerania, Magdeburgo y Halberstadt; la zona oriental, con territorios situados más allá del Vístula, muy alejados de Brandeburgo, lo que resultaba prácticamente indefendible en tiempos de guerra, y el bloque occidental, con el Ducado de Güeldres. Eran unos dominios esencialmente agrícolas, con una marcada economía de subsistencia, de gran arcaísmo, con pocos núcleos urbanos y malas comunicaciones, donde predominaba la estructura gremial y un comercio de autoconsumo muy poco desarrollado. Ante este atraso generalizado y con los efectos devastadores de la guerra, el monarca se propuso una reforma en profundidad a todos los niveles. Para empezar, impone la austeridad en la Corte, acabando con el derroche y despilfarro existente, reduce pensiones y rentas, anula cargos superfluos y rebaja los salarios a los servidores, ministros y eclesiásticos; a continuación organiza un Estado fuerte y centralizado. La vieja Dieta queda anulada y el rey asume personalmente el gobierno, a él le correspondía las iniciativas y decisiones, y se acompaña de cuatro ministerios que discuten con el monarca en el Gabinete. Paralelamente, acabó con el derecho de apelación de sus súbditos a los tribunales imperiales, para romper definitivamente los lazos con el Imperio, e impuso su autoridad suprema en el terreno de la justicia. Y creó un cuerpo de funcionarios competentes y profesionales, entre los que se encontraban gentes de talento del estamento llano. En 1723 se crea el Directorio General Supremo de Finanzas, de la Guerra y de los Territorios, compuesto de cinco ministros y veinte consejeros que actuaba bajo la supervisión del rey; estaba dividido internamente en cuatro secciones: Asuntos Fronterizos, Ejército, Correos y Monedas. A su frente, el director general se ocupaba del conjunto del reino, supervisando el comercio y la industria, estimulando la prosperidad económica general a través de funcionarios provinciales y recaudando los impuestos. La administración provincial es también reorganizada, y los antiguos cargos son ahora sustituidos por comisarios dependientes del Directorio General. Los comisarios locales, existentes en las ciudades, vigilan los intereses reales recaudando impuestos y vigilando la formación del Ejército; los comisionistas rurales, dispersos en todas las provincias, tienen a su cargo un distrito concreto, inspeccionan el cobro de los impuestos agrícolas y mantienen el orden público. Los alguaciles de la Corona son competentes en los dominios reales, llevan a cabo los arrendamientos y vigilan a los campesinos. El sistema hacendístico fue especialmente atendido, dadas las necesidades del Ejército. Ahora se intentaría una explotación racional de los ingresos estatales. Éstos provenían, de una parte, de los dominios reales, muy extensos, englobando a un tercio del campesinado prusiano; en ellos desaparecen los arrendamientos a largo plazo y el campesino correría con todos los riesgos; en caso de insolvencia o ineficacia (productiva) serían desahuciados. La otra vía de financiación se derivaba de la tributación directa e indirecta. En 1713 se fija la contribución (impuesto sobre la propiedad y la renta) y el consumo, gravando prácticamente todos los artículos de uso frecuente, ahora ampliados a todo el reino. Además de éstos, las ciudades pagaban un gravamen adicional llamado dinero del servicio, pagadero por unidades familiares para mantener los alojamientos militares. En 1717 culminó una labor unificadora del Derecho Penal y consuetudinario que mantiene al rey como juez supremo. Berlín se convirtió en la capital del reino, con una muralla a su alrededor, adornándose con todo tipo de monumentos y creándose en ella instituciones culturales modernas, como la academia, que inmediatamente atraería gran cantidad de población. Federico Guillermo creó el ejército más poderoso de Europa, con un oficial de origen noble en los mandos, sometido a una férrea disciplina, y con una estricta jerarquización interna. Su principal asesor militar fue el príncipe de Anhalt-Dessau, y para aumentar los efectivos, organiza la recluta en base a una organización del país dividido en provincias o cantones de 5.000 familias; cada cantón debería proveer de soldados a un regimiento particular. Ya desde 1721 se había establecido el servicio militar obligatorio para el estamento llano, con algunas exenciones al campesinado y artesanado rico, y de los veinte a los veintidós años todos los jóvenes debían ingresar en el Ejército. A partir de esa edad y hasta los veintiséis años combinarían la vida en la milicia con salidas ocasionales para trabajar la tierra o la manufactura. Muchos campesinos se sentirán atraídos por el Ejército porque les proporcionaba una manera de liberarse de la servidumbre. Los oficiales se reclutaban entre la nobleza, la cual estaba obligada a este servicio, siendo para ellos un honor. Así se crea un Cuerpo de cadetes que llegaría a ser muy prestigiado y de él saldría el obediente y disciplinado militar que haría del prusiano un estilo a imitar en toda Europa. Esta reforma se acompañó de un Reglamento de Infantería, con todas las ordenanzas necesarias, redactado por el propio rey. Habida cuenta de los gastos enormes que necesitaba esta estructura militar, acompañada puntualmente de la construcción de fortalezas y otras guarniciones, el rey intentó desarrollar la economía. En este sentido, la industria recibió mucha protección del Gobierno, sobre todo la textil, que se convierte en manufactura del Estado (producción de uniformes). La organización gremial, decadente y obsoleta, fue revisada y en 1735 se redactó un Código industrial que colocaba a los gremios bajo la supervisión del Estado, quedando los maestros exceptuados del servicio militar, y prohibiéndose a los trabajadores especializados abandonar el país. También las minas de carbón y metales fueron explotadas directamente por el Estado. Hubo una política mercantilista, de protección a la industria y al comercio; se intentó, de hecho, mejorar mucho las comunicaciones y en el terreno agrícola se impulsaron nuevas roturaciones, se introdujo el arado alemán y se reducen las prestaciones personales de los campesinos al señor aunque los desmanes de esos siguen siendo castigados severamente. La política aduanera era proteccionista, llegando a prohibirse en 1723 la importación de trigo polaco para estimular la producción nacional. Aunque el rey nunca tuvo inquietudes intelectuales e incluso parecía despreciar la cultura, no le pasó desapercibida la influencia que la educación podía tener en la modernización del Estado. Por ello, en 1717 proclamó la enseñanza primaria obligatoria hasta los trece años, para estudiar lectura, escritura, aritmética y religión, creándose escuelas por todo el país. La enseñanza secundaria, siguió en manos de las instituciones eclesiásticas y la universidad de Halle se convirtió en el centro de instrucción de funcionarios. La política social desplegada por el monarca tendía al sometimiento de los estamentos a la autoridad real, como correspondía a un monarca autócrata partidario del absolutismo. La Iglesia mantuvo su control tradicional sobre la enseñanza pero fue sometida a inspección real a través del Ministerio de Justicia; la idea de la tolerancia religiosa quedó firmemente asentada en la sociedad y se desarrolló mucho el pietismo. La nobleza perdió el poder que había detentado como señores feudales al reducirse su poder sobre los siervos y desaparecer su capacidad legislativa; a cambio, fue incorporada a los altos cargos del Ejército y de la Administración. En cuanto a la clase media, fue favorecida por la prosperidad económica y amplias capas de ella también ingresarían en la milicia o en la burocracia. Por último, el campesinado, aunque había visto reducir progresivamente sus cargas personales (1723), sigue sufriendo una enorme dominación social, económica e ideológica sobre ellos; su vida empeoraba conforme avanzamos al Este porque aquí la servidumbre había reforzado sus vínculos; en la zona occidental eran prácticamente libres aunque con un cierto sometimiento al señor. La obsesión demográfica del Estado desató una política colonizadora, que atrajo a unos 50.000 colonos alemanes, a los que se proporcionaron tierras, viviendas, aperos y animales, además de exenciones fiscales durante años; gracias a ellos progresó mucho la ganadería caballar y lanar. Tras la Paz de Estocolmo hay poco interés por los asuntos exteriores; la alianza con la casa de Hannover se mantuvo constante, terminando en una alianza matrimonial del propio rey con Sofía Dorotea, hermana de Jorge II. Hacia 1728 se crea un Departamento de Exteriores y desde él se despliega una labor diplomática orientada hacia la amistad tradicional con Austria, y a un distanciamiento con Francia e incluso con Inglaterra. De estos años data el interés prusiano por mantener a Polonia en su órbita de influencia; su vigilancia sobre la cuestión sucesoria le llevó a firmar el Tratado de Loewen-wolde con Austria y Rusia para apoyar a un candidato común pero la muerte de Augusto demostró su ineficacia al dividirse los antiguos aliados: Austria y Rusia reconocen al hijo del difunto y Prusia apoyó a Estanislao Leczynski, que es autorizado a cruzar el territorio prusiano con sus tropas, pero no logró la participación de este país en la contienda polaca.


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