El palacio de Urbino

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Datos principales

Inicio 
1400DC
Fin 
1500DC
Rango 
1400DC to 1500DC
Periodo 
Renacimiento5

Desarrollo

Federico de Montefeltro inicia las obras de su palacio en 1447, poco después de acceder al poder. Parece indudable que la puesta en marcha de este programa arquitectónico, así como el llamar a la corte a artistas de procedencias y formaciones dispares, se debió a una situación de competencia entre diversas cortes. En este sentido se ha sugerido, como una de las causas que estimularon la realización de este programa, la idea de superar el programa emprendido por Segismundo Malatesta en Rimini. Pero, con independencia de los móviles y razones de representación y prestigio que influyeron en la voluntad de Federico de Montefeltro para realizar los sucesivos programas, se plantearon una serie de problemas importantes en relación con las experiencias del arte del momento. En 1465 Luciano Laurana se hace cargo de la dirección de las obras -en 1475 las continúa Francesco del Giorgio Martini- añadiéndose al castillo un nuevo organismo ordenado en torno a un patio cortile. Este núcleo vino a establecer una relación fundamental en la articulación del palacio y en el conjunto urbano de la ciudad. Se trata de una arquitectura cuya imagen defensiva y militar se funde con el núcleo civil de la ciudad. Luciano Laurana proyectó un patio formado por cuatro crujías con arquerías en el cuerpo inferior, trazado con una modulación impecable y rigurosa en la que se apuntan los ideales de un nuevo clasicismo arquitectónico. En la construcción del palacio de Urbino se conjugan diversos aspectos que deben ser reseñados. Su emplazamiento le sitúa en estrecha relación con la naturaleza, aspecto que también hallamos en el Palacio construido por Enneas Silvio Piccolomini (Pío II) en Pienza. Se trata de una relación que no es casual ni simple consecuencia del emplazamiento de la ciudad, sino de un nuevo sentimiento de la naturaleza que comienza a apreciarse en la cultura arquitectónica y figurativa del Quattrocento. La fachada del palacio se halla enmarcada por dos torreones y tiene su precedente en el Arco de Alfonso de Aragón en Nápoles, realizado por Francesco Laurana en 1458. La fachada se halla enfrentada al paisaje al que se abren las habitaciones del duque y su familia. Terrazas y jardín, con ventanas abiertas en su muro desde las que el paisaje se convertía en un elemento figurativo, completan esta relación entre arquitectura, individuo y paisaje que impregna la construcción del Palacio. En los retratos de Federico de Montefeltro y Battista Sforza (Florencia, Uffizi), pintado hacia 1465 por Piero della Francesca, ambos personajes aparecen de perfil recortándose sobre un fondo de paisaje. El pintor ha acudido a una gradación de los colores y difuminación gradual de los contornos que hace que el fondo de paisaje, frente a la habitual apariencia de telón, sea una continuación del espacio en el que se encuentran las figuras. Se trata de una solución, resuelta de una forma empírica por la pintura flamenca desde sus comienzos, pero que no hace su aparición en la pintura italiana hasta 1460 en obras realizadas por Pollaiuolo o Alesso Baldovinetti, como en su Virgen con el Niño (París, Louvre). Los mencionados retratos de los duques forman parte del Díptico de Urbino, en el que se han representado igualmente los Triunfos de ambos personajes, destacados, asimismo, sobre un fondo de paisaje tratado por el procedimiento descrito. Las figuras aparecen en relación con el espacio natural y libre del aislamiento ambiental con que había venido siendo representado. Se trata de una solución que sistematizará Leonardo da Vinci y a través de la cual se rompe con la fragmentación espacial propia de la pintura medieval. En el caso que nos ocupa esta relación entre el personaje y el paisaje establecía, además, una referencia a la idea de dominio y posesión del territorio y a una identificación de éste con el príncipe. Igualmente, la articulación del palacio con respecto a la ciudad introducía un aspecto decisivo en su estructura. El palacio, como ha sido señalado, comportaba una doble articulación: al tiempo que su fachada se orientaba hacia el paisaje su disposición introducía una articulación nueva con respecto a la ciudad a la que proporcionaba una nueva significación.


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