El objeto surrealista

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Datos principales

Inicio 
1925DC
Fin 
1940DC
Rango 
1925DC to 1940DC
Periodo 
XX11

Desarrollo

No es fácil, y seguramente absurdo, tratar de establecer los límites entre escultura y objeto surrealista, aunque Breton parece hacerlo cuando define este último en "La situación surrealista del objeto", un texto de 1935. Ahí hace una distinción entre la expresión objeto surrealista en el sentido filosófico más amplio y "la particularísima acepción que ha tenido entre nosotros durante los últimos tiempos... cierto tipo de minúscula construcción no escultórica... pero que no por ello merece exclusivamente el nombre que se le ha dado, nombre que sigue ostentando a falta de una designación más precisa".Se trata de objetos encontrados en los que el artista interviene, transformándolos en mayor o menor medida, o bien objetos mecánicos que tienen un funcionamiento simbólico, como los de Dalí. En cualquier caso objetos inútiles, que ya no sirven para nada, ni siquiera tienen una función decorativa, o descontextualizados, lo cual obliga al espectador a mirarlos de otro modo, de un modo nuevo, y provoca en él asociaciones inéditas, pasando directamente de la actividad onírica a la realidad material. "El objeto surrealista, dijo Breton en 1935, es aquello sobre lo que con más interés se ha mantenido fija la mirada cada vez más lúdica del surrealismo, durante los últimos años. Su inutilidad y su capacidad de evocación los convierten en objetos poéticos, que permiten al espectador reconocer la maravillosa precipitación del deseo".El momento espectacular del objeto surrealista fue la Exposición Internacional, celebrada en enero de 1938 en la galería Wildenstein, en París. Allí ellos eran claramente los protagonistas y no es casual que del montaje se ocupara Duchamp, uno de sus más claros predecesores en esta tarea, aunque tampoco hay que olvidar a Picasso. Del techo de la sala principal colgaban más de 1.000 sacos negros de carbón, en el centro ardía un brasero, había un estanque rodeado de hierba y una cama en un rincón. Se llegaba por un corredor con maniquíes manipulados y en el patio estaba el taxi llovido de Dalí, mojado, con caracoles paseando por fuera y una mujer histérica dentro.


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