El erasmismo

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Datos principales

Inicio 
1519DC
Fin 
1648DC
Rango 
1519DC to 1648DC
Periodo 
Siglo de Oro
Lugar 

Desarrollo

El éxito de Erasmo en España es bien visible a través de las traducciones de varias de sus obras. La obra más difundida fue el Enchiridion, del que había salido una edición latina en 1525 en Alcalá, pero que se tradujo por primera vez con el subtítulo Manual del caballero cristiano en 1526, también en Alcalá, a cargo de Alfonso Fernández de Madrid, canónigo de Palencia, más conocido como el Arcediano de Alcor. La segunda edición saldría un año más tarde, igualmente en Alcalá. Y en 1528 hubo nueve ediciones en Valencia y Zaragoza, acrecentada esta última por los Coloquios. El éxito del Enchiridion, en buena parte gracias a la excelente traducción del Arcediano de Alcor, fue impresionante, alcanzando su impacto incluso a las clases populares. El período de mayor difusión de las obras de Erasmo fue el de 1527 a 1532, en el que se tradujeron sus obras. Incluso de alguna como el Elogio de la Locura, que intrigaba a Bataillon por no conocerse su traducción en España, hoy se sabe que fue adaptada y publicada con el nombre de Triunfo de la Locura por Hernán López de Yanguas. La influencia de Erasmo se dejó sentir de muy distinto modo a lo largo del tiempo. En líneas generales, según Bataillon, pueden distinguirse tres períodos. El primero va desde 1516, fecha de la primera versión española, de la primera cita de su nombre entre nosotros y de la entronización de Carlos I, hasta 1536, año en que muere Erasmo y sufren persecuciones los más apasionados erasmistas: es un período batallador en que los partidarios, escudados tras el nombre del Emperador y la protección de las altas instancias eclesiásticas, traban combate en campo abierto y desafían la oposición de los mendicantes, exaltando la religiosidad del espíritu. El segundo período va de 1536 hasta 1556, fecha de la abdicación del Emperador y de la última impresión de Erasmo en castellano y en España, o si se quiere hasta 1559, año en que Fernando de Valdés, el supremo inquisidor, publica su índice prohibitorio y Felipe II regresa a España: es un tiempo de erasmismo adaptado a las circunstancias españolas, lleno de cautelas y discreciones, que pone el centro de sus meditaciones, más que en el menosprecio de las ceremonias y la sublimación del espíritu, en el problema de la justificación por la fe y del beneficio de Cristo. El último período, de erasmismo soterrado que no osa confesar su nombre, se prolonga hasta Fray Luis de León y Cervantes. La proyección histórica del erasmismo en España fue más trascendente que la propia labor de sus discípulos directos (Luis Vives, los hermanos Juan y Alfonso de Valdés). El erasmismo deja sentir su influencia desde la teología cristológica de fray Luis de León, fray Luis de Granada, Juan de Avila o Alejo de Venegas a la exaltación de la dignidad del hombre que llevaron a cabo Fernán Pérez de Oliva autor del Diálogo sobre la dignidad del hombre- y Francisco Cervantes de Salazar, pasando por la obra científica de los médicos-filósofos como Juan Huarte de San Juan, Miguel Sabuco y Francisco Vallés o la producción literaria. La influencia de Erasmo en la literatura española del siglo XVI fue bien patente, dejándose sentir en el mundo de los proverbios, apotegmas y misceláneas. Sus colecciones de Adagios y apotegmas tuvieron gran éxito. Colecciones de proverbios como la recogida por Juan de Mal Lara o de sentencias como las de Melchor de Santa Cruz o Juan Rufo, o misceláneas como la Silva de varia lección (1540) de Mexía le deben mucho a Erasmo. La tarea educativa de Erasmo se manifiesta en su influencia sobre los Coloquios matrimoniales de Pedro de Luxán (1550) y los Coloquios satíricos de Antonio de Torquemada (1553), que fustigaban diversos abusos y vicios sociales. Obras de autor todavía discutido (se han atribuido a Cristóbal de Villalón, aunque parece que su autor fue Andrés Laguna) tales como el Crotalón o el Viaje a Turquía muestran también su relación con el erasmismo. Bataillon es bien rotundo: Si España no hubiera pasado por el erasmismo no nos habría dado el Quijote. Y la verdad es que el Quijote contiene todo un muestrario de influencias erasmistas, aunque últimamente Ciriaco Morón las haya cuestionado. El propio Bataillon era consciente de las dificultades de desentrañar el concepto vidrioso de erasmismo, y ello por muchas razones. En primer lugar, porque su pensamiento religioso, denunciado desde el Elogio de la Locura, como destructor de las tradiciones y disciplinas más respetables de la Iglesia Católica, se vio pronto confundido con la herejía luterana, un tanto a pesar de los esfuerzos del propio Erasmo en delimitar su ortodoxia, lo que generaría grandes problemas de confusión en la auténtica identidad del erasmismo. Por otra parte, es bien patente la propia complejidad de los mensajes erasmistas que suscitan atracción por diversos conceptos. La primera y principal lectura posible de Erasmo incide en su ferviente espiritualismo, cuyo corolario crítico era la desvalorización de las ceremonias y de las prácticas rutinarias, y en su evangelismo, que preconizaba el retorno a las fuentes espirituales de la fe, con la desvalorización de la escolástica. Estos son los mensajes del tema central del Elogio de la Locura y del Enchiridion militis christiani y, en definitiva, la razón que inspiró su edición greco-latina del Nuevo Testamento. Pero caben muchas otras lecturas de Erasmo: su reivindicación de la popularización del Evangelio en lenguas vernáculas, sus críticas del clero, sus exigencias del buen latín suscitaron o pudieron suscitar adhesiones a aspectos concretos de su pensamiento. Los usos o apropiaciones del erasmismo fueron sin duda múltiples. Como recuerda J. Pérez, muchos de los que pasan por erasmistas no lo son de manera incondicional ni permanente. En los últimos años la obra de Bataillon está siendo sometida a una notable revisión, uno de cuyos mejores testimonios es el coloquio de la Biblioteca Menéndez Pelayo de Santander de junio de 1985. Uno de los leit-motiv de este coloquio fue la reducción del erasmismo a límites conceptuales, espaciales y cronológicos mucho más estrechos de lo que, ciertamente, había hecho Bataillon. En este sentido, parecen reforzarse las críticas que desde el sector tradicionalista lanzaron sobre Bataillon, Dámaso Alonso y, sobre todo, Eugenio Asensio. La busca de otras corrientes espirituales afines que preconizaba Asensio ha llevado a historiadores como Melquíades Andrés o Alvaro Huerga a adentrarse en las aguas de la espiritualidad española. La tesis de M. Andrés es rotunda: Erasmo no es el primero en hablar en España de reforma, en criticar la escolástica, en recomendar la interioridad, en proponer la reforma del método teológico, en defender la armonía entre lo humanista y lo cristiano. Muchas ideas y actitudes de Erasmo sobre estos temas empalman con ideas y actitudes ya existentes en España.


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