El carlismo

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Datos principales

Inicio 
1875DC
Fin 
1881DC
Rango 
1875DC to 1881DC
Periodo 
Restauración
Lugar 
Derechos 

Desarrollo

Para muchos combatientes carlistas -entre quince y veinte mil- la emigración en Francia siguió a la derrota militar que culminó en la primavera de 1876. ¡Una emigración política más de la España contemporánea! En el país vecino, los carlistas fueron acogidos en campos de internamiento y ayudados por un subsidio del gobierno. Algunos merodearon durante un tiempo por la frontera del País Vasco, formando partidas juntamente con republicanos, cantonalistas y desertores del ejército español, en espera de que se iniciara una nueva sublevación armada. Como ésta no terminaba de producirse y la situación era cada vez más dura para los emigrados, una gran mayoría de éstos volvió a la Península, acogiéndose a la posibilidad del indulto decretado por el gobierno. En los cuadros del partido carlista existía una profunda diferencia de opinión; unos eran partidarios del retraimiento político -con la idea de volver a intentar pronto un levantamiento militar-; otros, por el contrario, defendían la vía legal mediante la integración en el sistema de la Restauración. Se constituyeron sucesivamente dos juntas cuya actividad fue muy escasa, orientada más bien a la actividad revolucionaria -en la que no se descartaba la unión con los republicanos- que a la legal. Ante las elecciones de 1879, se impuso la opinión de Cándido Nocedal, director de El Siglo Futuro -uno de los tres periódicos monárquico-católicos de Madrid, a cuyos directores había encomendado don Carlos la decisión a tomar, favorable al retraimiento. En contra de esta postura, algunos destacados carlistas enviaron un mensaje al pretendiente en el que se manifestaban decididamente en favor de que el partido entrara "en la vida legal y en el derecho común, para que se convirtiera en una fuerza viva, que los prelados pudieran utilizar en provecho de la Iglesia y la sociedad"; sus firmantes se declaraban firmemente dispuestos a "no permanecer extraños (...) cual si fuéramos una raza de proscritos, sin ascendencia ni raíz en suelo nativo". La respuesta de don Carlos fue entregar a Nocedal la dirección única del partido. La jerarquía eclesiástica acogió con disgusto esta decisión e inició gestiones para crear algún tipo de asociación que sirviera para canalizar la opinión católica y hacer de ella una fuerza política, como de hecho ocurrió en los años siguientes.


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