El asedio de Alesia

Compartir

Datos principales

Inicio 
58AC
Fin 
51AC
Rango 
58AC to 51AC
Periodo 
Julio César
Lugar 
Derechos 

Desarrollo

El efecto psicológico de la inesperada derrota de Gergovia superó sus propias proporciones, al empujar a Vercingétorix a protegerse tras los muros de Alesia, una inexpugnable plaza fuerte en territorio mandubio, que, sin unanimidad, se sitúa en Mont Auxois, junto a Alise-Sainte-Reine. César no dejó escapar la ocasión y, consciente de lo infructuoso de un asalto frontal, se dispuso a reducir por hambre a los sitiados mediante la construcción de una compleja línea de fortificaciones de 17 kilómetros de longitud, que circunvalaban la ciudad. En ambos campos había clara conciencia de que la suerte de Alesia tendría un significado decisivo para el destino de la Galia; por ello, los galos se esforzaron en reunir un gran ejército que rompiera el cerco. La poderosa tropa fue reunida en territorio eduo, desde donde emprendió la marcha bajo el mando común de cuatro régulos galos. César aprovechó la lentitud del avance enemigo para levantar una segunda línea de defensa paralela a la de asedio, que daba a su ejército la doble calidad de sitiado y sitiador. Tras un mes de desesperante tensión, cuando el hambre comenzaba a mostrar sus efectos tanto en Alesia como en el campamento romano, el ejército galo de socorro lanzó el ataque decisivo, pero César le infligió una terrible derrota. La suerte de Alesia estaba decidida; Vercingétorix, para ahorrar inútiles sacrificios a su gente, se manifestó dispuesto a la capitulación, que la soberbia de César obligó a cumplir con caracteres humillantes: ante el trono del vencedor, el príncipe galo hubo de arrodillarse y entregar las armas. No hubo perdón. Prisionero de guerra, Vercingétorix esperaría encadenado durante seis años su participación en el espectáculo triunfal que César celebró en Roma en el año 46, para ser a continuación estrangulado. No mucha mejor suerte les cupo a los que no pudieron buscar en la huida su salvación. Esclavizados, fueron entregados como premio a los soldados romanos; sólo los pertenecientes a las tribus de eduos y arvernos fueron dejados libres. Era un cálculo político bien meditado, como gesto de clemencia y distinción hacia los dos pueblos más grandes de la Galia, destinado a romper la cohesión nacionalista que había constituido la fuerza de la rebelión.


Esquema relacional

Sobre artehistoria.com

Para ponerte en contacto con nosotros, escríbenos en el formulario de contacto