Economía en el reinado de Isabel II

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Datos principales

Inicio 
1833DC
Fin 
1868DC
Rango 
1833DC to 1868DC
Periodo 
Reinado Isabel II
Lugar 
Derechos 

Desarrollo

A pesar de que los cálculos sobre las series de grandes magnitudes económicas no son del todo fiables, las elaboraciones que se han hecho en los últimos años nos orientan hacia un crecimiento acumulativo anual en torno al 0,75% entre 1830 y 1913. Sin embargo, este índice no es igual para el conjunto de la cronología. Leandro Prados ha calculado un índice de la Renta Nacional que muestra un crecimiento anual de algo menos del 0,4% en el período 1832 a 1860, un 0,7% entre el último año y 1888. Durante los mismos años, los países anglosajones y Francia aumentaron el producto real por habitante a un ritmo superior al español, lo que hace que aumente una diferencia que ya era considerable a principios del siglo XIX. Italia y Portugal, el primero con una economía ligeramente superior a la española y Portugal con un índice inferior, evolucionan de una manera parecida a la española. Sumida en un largo bache, la economía española comienza la expansión en torno a 1825. Efectivamente, la última década del reinado de Fernando VII es un período de depresión con síntomas de mejora. Esta fue posible gracias a una serie de circunstancias: las medidas de López Ballesteros, el acercamiento de éste a las posturas de la burguesía industrial barcelonesa y el agrupamiento de algunos financieros y hombres de negocios, una nueva generación de unos pocos empresarios, unida a la existencia de los emigrados políticos españoles (afrancesados y doceañistas liberales), algunos de los cuales, como Calero y Portocarrero, colaboraron en esta tarea. Todo ello estimula el cambio hacia un nuevo marco jurídico que permita el desarrollo económico: Ley de minas (1825), Arancel (1826), Patentes (1827), Código de Comercio de Sanz de Andino (1829), Bolsa de Madrid (1831). La documentación de la Junta de Comercio y Moneda en el Archivo General de Simancas nos da a conocer cierta actividad para incorporar la tecnología, que por entonces se está empleando en los países más avanzados de Europa, a la actividad económica española. Fruto de ello será, por ejemplo, la introducción del vapor en 1832 en la fábrica barcelonesa de Bonaplata y Cía. El régimen que sucede a Fernando VII continúa y profundiza una política económica de tipo liberal (iniciada en parte hacia 1826) que, como afirma Artola, aunque no dará sus frutos económicos de manera inmediata, va a suponer el comienzo de una nueva época económica. Entre 1833 y 1843 se incrementa la producción agrícola (cereales sobre todo) y crece la población, lo que supone el aumento de la capacidad de consumo. Desde 1832 la industria textil algodonera prospera, como ponen de manifiesto las cifras de importaciones de algodón, aumentan los puestos de trabajo en la industria y en la construcción (paralela al crecimiento de las ciudades) y se produce un desarrollo lento de la industria siderometalúrgica (Cataluña, costa andaluza, Asturias, Vizcaya). Una crisis (1843) cierra el ciclo decenal 1833-1843. Los precios descienden al nivel más bajo del siglo, las importaciones de algodón se reducen al 70% y las exportaciones de plomo conocen un descenso similar. Esta crisis crea un clima favorable a la caída del Gobierno progresista (Espartero), aunque no es la causa principal. El segundo ciclo decenal coincide con la década moderada, en la que se da una relativa expansión industrial con las empresas ferroviarias y una intensificación de las explotaciones mineras. Es la época del inicio de los altos hornos vizcaínos y asturianos y la continuación de los andaluces y catalanes. Se consolida una burguesía con la acumulación de beneficios por empresarios audaces, en algunos casos muy relacionados con el Gobierno, como el Marqués de Salamanca. Se crean las primeras empresas bancarias modernas (Banco de Barcelona y Banco de Isabel II). A todos estos factores hay que sumar una oleada de euforia económica internacional que llevará al boom de 1846 en el mundo occidental, que en España se reflejará en 1847. Durante los cinco años siguientes el marasmo económico será consecuencia del clima inflacionista que había alcanzado sus cotas más altas en 1847. Las importaciones de algodón descienden a niveles mínimos, así como las exportaciones de metales y vinos. No obstante, comienzan a llegar capitales extranjeros. Entre 1854 y 1866 se produce un ciclo alcista que descansa sobre cuatro soportes básicos: - Expansión del comercio exterior. - Llegada masiva de capital extranjero como consecuencia de la puesta en marcha de la red ferroviaria y explotación intensiva de yacimientos mineros, seguros, banca, servicios e incluso en la financiación de la Deuda Pública. - Desarrollo de un mercado de consumo interregional. - Expansión del cultivo de cereales. En 1863 la economía se encuentra eufórica. Sin embargo, en 1864 se notan los primeros síntomas de la crisis. La Guerra Civil norteamericana paraliza las importaciones de algodón y en 1865 se produce un crack financiero en medios internacionales. Ambos aspectos influyen en los núcleos industriales textiles, siderúrgicos y ferroviarios. En España, especialmente en 1866, la crisis afecta a los centros comerciales y financieros (Madrid, Barcelona, Cádiz, Valladolid) e influye en el resto de España. Se restringen créditos y aparece la crisis social. Según Vicens Vives y N. Sánchez Albornoz, la crisis de 1866 será un factor principal de la revolución de 1868. Artola y Jover mantienen que la intensidad de la crisis y la influencia en la revolución no fue tan grande.


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