De la monarquía electiva a su desaparición

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Datos principales

Inicio 
409DC
Fin 
711DC
Rango 
409DC to 711DC
Periodo 
Hispania visigoda
Lugar 
Derechos 

Desarrollo

A pesar de su aclamación, Sisenando (631-636) estaba obsesionado con legitimar su ascensión al trono, algo de lo que, aunque aceptado, todos eran conscientes del carácter de usurpación que había tenido. En el IV Concilio de Toledo, presidido significativamente por Isidoro, que tanto había elogiado a Suintila, consiguió tal legitimación, aunque también una regulación de la sucesión al trono, en la que la intervención de la nobleza y el clero será decisiva, según analizaremos. Pero los reinados siguientes demostrarían, como antes indicábamos, la fragilidad de la monarquía, sus intentos de formar monarquías hereditarias, a pesar de que se siguió precisando y perfilando el carácter electivo de las mismas en los sucesivos concilios, sus temores ante la nobleza. Chintila (636-639), sucesor de Sisenando, es un buen ejemplo de esta fragilidad, según puede verse en las actas de los concilios toledanos V y VI. Nombró sucesor a su hijo Tulga (636-642), pero le fue arrebatado el trono por un nuevo tyrannus, Chindasvinto, un octogenario de gran historial de rebeliones en su dilatada vida y cuya acción represiva recordaba el pseudo Fredegario, como antes comentamos. Sin embargo, Chindasvinto (642-653) tuvo gran apoyo eclesiástico, especialmente de parte del poderoso sucesor de Isidoro de Sevilla, Braulio de Zaragoza. También debió soportar intentos de rebelión, porque la expedición contra los vascones, en la que murió el noble Oppila, famoso por su epitafio métrico, tenía ahora ante sí una cabeza visible al frente de los enemigos, un tal Froja, cuyo nombre godo hace pensar no sólo en una incursión más de este pueblo. Debido a la avanzada edad del monarca, Braulio, junto con un importante laico, Celso, y el obispo de Valencia, Eutropio, recomendaron la asociación al trono de Recesvinto; después de todo seguía aflorando la monarquía hereditaria, ahora con la configuración de auténticos clanes familiares. Así ocurrió y Recesvinto fue "consors regis" en el año 649. Su gobierno, especialmente en solitario, se caracterizó por el intento de suavizar las relaciones con la nobleza, decretó una serie de indultos y amnistías y rectificó la política represiva de su padre. Tanto Chindasvinto como Recesvinto (649-672) realizaron algo políticamente fundamental: la renovación del sistema legislativo que culminó en la promulgación del Liber Iudicum (Iudiciorum o Lex Visigothorum). El reinado de Wamba (672-680) es otro buen ejemplo de las características que hemos ido describiendo más arriba. Aunque fue elegido en Gérticos el mismo día que murió Recesvinto, probablemente con toda intención, retrasó su coronación hasta su unción real en Toledo de manos del obispo Quirico; si bien Julián de Toledo afirma rotundamente que no quería ser rey y que casi lo fue a la fuerza. Nada más empezar a gobernar tuvo que realizar una expedición contra los sempiternos vascones. Pero en esa situación, se declara una rebelión en la Narbonense, en ella la nobleza -Hilderico de Nimes, Wilesindo de Agde, etc.-, y el clero -el abad Ranimiro-, se confabulan contra el rey; éste rápidamente envía al dux Paulo a sofocarla, pero, de forma sorprendente, en lugar de hacerlo se pone al mando de la misma, encontrando, además, el apoyo de Ranosindo, dux de la Tarraconense. En una rápida sucesión de acontecimientos, la Narbonense y la Tarraconense se sublevan, el jefe de la rebelión se hace ungir como rey de la zona oriental. Wamba reaccionó de forma fulminante trasladándose con el ejército rápidamente a la zona y venciendo en una ofensiva casi espectacular a los sublevados. Pero este hombre que no quería reinar, se vio despojado de su trono, víctima de un complot tramado por un rival, Ervigio: un probable envenenamiento y apariencia de muerte inminente llevó a que fuera tonsurado y a que Julián de Toledo, el escritor oficial del éxito sobre Paulo, le administrara la penitencia y ungiera nuevo rey a Egica, por otra parte amigo suyo. Wamba se recuperó y aunque ahora sí quería gobernar, ya no pudo. Ervigio (680-687), al igual que anteriormente Sisenando, buscó la legitimación de su reinado en otro concilio, el XII de Toledo. Trató de acercarse más al clero, debido a las molestias ocasionadas en él por la legislación sobre obligaciones militares de Wamba, que afectaba a este estamento, y legislando nuevamente contra los judíos. En sus intentos de acercarse más a la facción contraria de la nobleza -el miedo volvía a hacer presa de los reyes usurpadores- amnistió en el año 683 a los sublevados de la Narbonense contra Wamba, pero, a su vez, quiso proteger a su familia casando a su hija Cixilo con un sobrino de Wamba, Egica, a quien nombró su sucesor, para evitar que fuese contra su familia a su muerte. Egica (687-702) le sucedió, pero pidió ser librado de su promesa de proteger a la familia de Ervigio y, al parecer, repudió a su propia mujer; el fantasma de la conjura volvió a aparecer, esta vez por medio del obispo sucesor de Julián, Sisberto, aunque fue abortada. Por otra parte, este rey, ensombrecido por la deplorable situación económica heredada y agravada por una terrible epidemia de peste bubónica, siguió con políticas antijudaicas ya bien conocidas, aunque, como se dirá más adelante, en principio parecía que su actitud iba a ser de tolerancia; y además quiso intentar otra vez la herencia monárquica, asociando al trono a su hijo Witiza en el año 698. Durante este tiempo se sumarían otros problemas como el intento de rebelión por parte de un tal Suniefredo. El gobierno de Witiza (698710), en solitario desde la muerte de Egica en el año 702, continuó en la vertiginosa caída a la que había llegado la monarquía. Casi nada se sabe de su reinado; algunas fuentes, como la Crónica Rotense, le acusan de ser el causante del final del reino, aunque otras le alaban, como la Mozárabe. Lo cierto es que murió dejando tres hijos, uno de los cuales, Akhila, fue nombrado su sucesor por el clan familiar; pero una buena parte de la nobleza se negó a ello proclamando a Rodrigo, rey. Los partidarios del primero pidieron ayuda a los musulmanes que, so pretexto de concederla, entraron en Hispania el 28 de abril del año 711. Rodrigo se hallaba en Pamplona y avanzó hacia el sur con su ejército. El enfrentamiento definitivo se produjo en el río Guadalete. La estrepitosa derrota del ejército de Rodrigo y su propia muerte pusieron el punto final a la agónica realeza visigoda, a la ya mortecina unidad ideada por Leovigildo y al mundo de la Antigüedad tardía hispana.


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