Comercio y relaciones económicas exteriores

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Datos principales

Inicio 
1875DC
Fin 
1902DC
Rango 
1875DC to 1902DC
Periodo 
Restauración
Lugar 
Derechos 

Desarrollo

Las mejoras en los transportes y comunicaciones impulsaron, lógicamente, la integración del mercado nacional. A fin de siglo, sin embargo, según afirma Tortella, la unificación del mercado era todavía muy imperfecta, como demuestra la falta de un precio único, en todo el territorio nacional, de productos básicos, como el trigo o el aceite. Por otra parte, de acuerdo con fuentes literarias -José María de Pereda, por ejemplo- el trueque y no la economía monetaria estaba todavía vigente en algunas zonas montañosas y aisladas del norte del país. El contraste con el comercio de Barcelona o Madrid, que por las mismas fechas estaban introduciendo las nuevas técnicas de ventas -tiendas especializadas, grandes escaparates, publicidad en prensa y carteles, entre otras-, no puede ser más grande. El volumen del comercio exterior de España fue relativamente modesto, entre 1.000 y 1.700 millones, en el período 1875-1900. Los países con los que se establecieron la mayor parte de los intercambios fueron Francia y el Reino Unido, seguidos a distancia por los Estados Unidos y Alemania. La balanza comercial, salvo en contadas ocasiones, fue deficitaria para España. Este déficit se saldó en parte con las remesas de los emigrantes y, sobre todo, con las inversiones extranjeras en sectores privados, como el ferrocarril y la minería, más que en Deuda pública. La mayor parte de las exportaciones españolas entre 1875 y 1900, igual que a lo largo de todo el siglo, fueron alimentos -vino, pasas, aceite, naranjas- y materias primas -plomo, cobre, hierro-; ambos tipos de productos sumaban, en 1880, el 81,4 por 100 de las exportaciones y, en 1900, el 70,2 por 100. En esta última fecha, los productos semielaborados y manufacturados -corcho, tejidos de algodón, calzado- llegaron al 29,8 por 100. En las importaciones, tanto los productos alimenticios -azúcar, trigo, bacalao y las manufacturas -bienes de equipo fueron disminuyendo progresivamente, mientras aumentaba la compra de materias primas -carbón, algodón en rama, maderas- que, en 1900, supusieron el 35,1 por 100 de las importaciones. Esta estructura del comercio exterior, con predominio de productos primarios en las exportaciones y de manufacturas en las importaciones, es típica de un país atrasado; en comparación con los actuales países subdesarrollados, se ha señalado, sin embargo, la variedad de productos objeto de la exportación española, lo que le hizo superar con éxito crisis como la provocada por la filoxera, en los años 90. Por otra parte, muestra una evolución positiva, aunque lenta, de la estructura económica del país. Por último, en relación con las finanzas, el último cuarto del siglo XIX contempló la consolidación del Banco de España como un banco nacional al servicio del gobierno. En 1874 el Banco de España había recibido el monopolio de la emisión de billetes. Desde entonces hasta 1895 la masa monetaria en circulación creció de forma acompasada a la tasa de aumento del Producto Interior por lo que, según Pedro Tedde, "no cabe hablar (...) de una política monetaria expansiva que tuviera efectos inflacionistas". De hecho, los precios durante el quinquenio 1891-95 eran un 17 por 100 más bajos que durante el quinquenio 1875-1879, de acuerdo con lo que fue común en la Europa de la gran depresión. El sistema monetario español dejó de ser bimetalista -con el oro y la plata como base- en 1883, al suspender el Banco de España la convertibilidad de sus billetes en oro, dado el aumento de valor que este metal había alcanzado y que, de hecho, había desaparecido totalmente de la circulación. El sector bancario privado -compuesto por las escasas entidades que habían sobrevivido a la crisis de 1866- se desarrolló de una forma relativamente lenta. Los hechos más destacados de su evolución fueron el inicio de la decadencia de la banca catalana -una banca tradicional, de intermediación financiera exclusivamente, sin relación apenas con la industria- y el auge de la banca vasca, de características opuestas, moderna, mixta, estrechamente conectada con el desarrollo industrial.


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