Centros ceremoniales

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Datos principales

Inicio 
200AC
Fin 
700DC
Rango 
200AC to 700DC
Periodo 
ParacasTiahuanaco

Desarrollo

A pesar de del escaso conocimiento que tenemos de la arquitectura moche, hay que mencionar la Huaca del Sol, formada por varias plataformas compuestas de escalinatas retraídas unas sobre otras, hecha íntegramente de adobes y de 340 m de longitud, 220 de anchura y 30 de altura media. Objeto de sucesivas ampliaciones y reconstrucciones, es un testimonio evidente de centralización de inmensos esfuerzos constructivos. A unos 600 m de distancia se encuentra la Huaca de la Luna, otra gran plataforma también de adobes, de 80 m de longitud, 60 de anchura y 20 de altura, especie de basamento sobre el que se levantaron recintos habitacionales, con algunos muros decorados con pinturas al fresco, entre los que destaca el llamado la rebelión de los artefactos. Se trata indudablemente de grandes centros ceremoniales, según las pautas generales del urbanismo americano, donde se conciben grandes espacios vacíos o plazas, cerrados por masivas edificaciones de probable carácter templario. Desconocemos los cultos que allí se realizaban, ya que los nombres de Sol y Luna son aleatorios y no se corresponden con la realidad. La única posible divinidad que podemos reconocer entre los Moche es una figuración antropomorfa, con boca y dientes de felino, cinturón serpentiforme y a veces pinzas de cangrejo. Se ha identificado con el Ai-apaec de los chimúes, claramente presente unos siglos más tarde y que por extrapolación se retrotrae hasta época moche. Pero desde el punto de vista de las manifestaciones artísticas que han llegado hasta nosotros hay que destacar el enorme esfuerzo constructivo dedicado a los enterramientos, ya que de ellos proceden la cerámica y la fantástica orfebrería moche. Por desgracia no se había encontrado ninguna tumba intacta hasta 1987, cuando en el mes de junio se realizó el hallazgo más espectacular de la arqueología peruana. El enterramiento, prácticamente intacto, del llamado Señor de Sipán salía a la luz, un importante personaje de unos 35 años, inhumado con todo fasto y magnificencia. La tumba, excavada en la tierra, revestida cuidadosamente de adobes y cubierta con troncos, contenía el cuerpo del personaje principal literalmente cubierto de abanicos y tocados y plumas, pectorales de chaquira y cuentas de oro y cobre, mantas, y adornos varios de oro, plata y cobre. Junto a él, los cuerpos de dos mujeres, sacrificadas probablemente, y dos hombres, así como un perro y dos cabezas de llama. Múltiples ofrendas de cerámica completaban el ajuar.


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