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monumento
Tras el incendio que sufrió la Opera de París en 1781 se realizaron un sinnúmero de proyectos de reconstrucción, todos aplazados por la falta de medios económicos y los continuos cambios políticos. En 1857 Napoleón III propone reconstruir el nuevo teatro de la Opera en el centro de los barrios de la capital que se estaban remodelando gracias a la labor del prefecto del Sena, el barón Haussmann. Fue el propio Haussmann quien eligió el emplazamiento del edificio. El primer proyecto de la nueva Opera de París corresponde a Horeau con forjados de hierro, tabiques y cubiertas de metal, escalera de fundición y sistema de calefacción por aire. En el primer piso imaginó un espacio destinado a sala de conciertos y reuniones, en la que merced a un entramado de tabiques móviles se llegaba a obtener una superficie útil de 8.000 metros cuadrados y un aforo de 12.000 plazas. Sin embargo, este magnífico proyecto sería soslayado en beneficio del que entre 1862 y 1875 realizó Charles Garnier para levantar la definitiva Opera de París, ganador de un concurso convocado en 1860 al que se presentaron 170 concurrentes, entre ellos el gran Viollet-le-Duc. Garnier conseguiría en este suntuoso edificio un efecto neobarroco al utilizar elementos procedentes en su mayoría del Manierismo italiano, sin renunciar a elementos franceses. El decorativismo del edificio vendrá de la mano de una amplia muestra escultórica que decora las fachadas. Ese decorativismo se continúa en el interior donde la gran escalera, el vestíbulo y el auditorio se salpican de dorados, adornándose de detalles muy de la moda del momento. Garnier consigue en este edificio un ritmo especial al otorgar un importante valor a los espacios arquitectónicos, gozando así de un papel relevante entre los arquitectos historicistas.
monumento
El Teatro de la Ópera o Staatsoper fue el primer edificio que se terminó en la Ringstrasse. Fue inaugurado en 1869 y es uno de los más importantes del mundo gracias, en gran parte, a su excelente acústica. El director Arturo Toscanini fue asesor de la reconstrucción del teatro, tras su destrucción durante la II Guerra Mundial. Los arquitectos del Teatro de la Ópera fueron August Siccardsburg y Eduard van der Nüll. En mayo de 1869 se inauguró con la ópera "Don Giovanni", de Mozart. Construido en estilo neorrenacentista, no creó una gran impresión a los vieneses en un primer momento. En 1945, una bomba cayó sobre él, causando graves daños; el acontecimiento fue interpretado por los vieneses como una agresión simbólica a la propia ciudad. Dotado de un magnífico auditorio y un escenario equipado con la tecnología más avanzada, se volvió a abrir en 1955 con la ópera "Fidelio", de Beethoven. La entrada se abre con una hermosísima escalinata de mármol que conduce al primer piso. Está adornada con esculturas de Josef Gasser, representando las siete artes liberales, y con relieves de ópera y ballet. El vestíbulo muestra escenas de óperas pintadas por Mortiz von Schwind. Entre los bustos de compositores y directores famosos destaca el de Mahler, realizado por Rodin en 1909. Cuenta con una sala de té, destinada para todos aquellos que quisieran disfrutar de dicha bebida durante los entreactos. Está decorada con colgaduras de seda que muestran las iniciales del Emperador Francisco José, muy asiduo a la sala. En uno de los laterales exteriores se pueden ver dos hermosas fuentes; una de ellas fue construida por Hans Gasser y representa a la legendaria sirena Lorelei sustentada por las alegorías del dolor, el amor y la venganza. El auditorio está decorado a base de relieves de ópera y ballet. Unas lunetas alegóricas, de Johann Preleuthner, representan el ballet, la ópera trágica y la ópera cómica. Otras salas del conjunto, como, por ejemplo, la de Gustav Mahler, están decoradas a base de modernos tapices de Rudolf Eisenmenger.
obra
Iniciado en 1750, es la última obra importante de Cuvilliés. La decoración rococó que se desarrolla, por ejemplo, en el parisino hôtel de Soubise, se lleva en el Teatro de la Residencia de Munich a la exasperación, alejándose de la contención que había caracterizado al mundo francés. Las columnas se sustituyen por palmeras que parecen inclinarse con el viento.
obra
Iniciado en 1750, es la última obra importante de Cuvilliés. La decoración rococó que se desarrolla, por ejemplo, en el parisino hôtel de Soubise, se lleva aquí a la exasperación, alejándose de la contención que había caracterizado al mundo francés. Las columnas se sustituyen por palmeras que parecen inclinarse con el viento.