La obra de Rafael Moneo se ha convertido en los últimos años en una sólida referencia de la arquitectura española, entendida en el contexto de los debates internacionales. La claridad compositiva y el carácter marcadamente constructivo de sus edificios, su atención al coloquio de los mismos con el entorno urbano en el que se insertan, generalmente centros históricos alta y densamente cualificados, como ocurre con el Museo de Mérida, convierten su arquitectura en una apuesta por la ejemplaridad, si eso puede decirse de alguien que, como Moneo, entiende el proyecto desde la misma historia de la construcción, y no sólo desde la historia de la arquitectura, que compone formas y espacios para solucionar pragmática e intransigentemente demandas funcionales. Entendiendo que la ejemplaridad no es tipológica, sino constructiva casi en la tradición expresionista de un H. Poelzig y, como han señalado desde F. Dalco a P. Buchanan, específicamente española. Y eso en el más internacional de nuestros arquitectos. El Museo de Arte Romano es una de las obras más tradicionales del arquitecto, formulando un replanteamiento del pasado en cuanto a las técnicas, los contenidos y los significados, todo ello sin olvidar el presente. El esquema general del edificio comprende dos cuerpos separados por la calzada romana y enlazados por una recia pasarela que se levanta sobre los restos arqueológicos. Uno de los cuerpos está dedicado al Museo y sus almacenes mientras que el otro se destina a diversas dependencias administrativas. Una nave principal y una serie de crujías paralelas y perpendiculares al espacio basilical constituyen el primer edificio, interesándose Moneo por la iluminación directa que se filtra a través de los techos mientras que una serie de muros diafragma controlan y matizan la iluminación procedente de la zona sur. El propio Moneo considera que "el museo, sin caer en la imitación estricta de la arquitectura romana, debería ser capaz de sugerir al visitante el orden de las dimensiones que, sin duda, tuvo la Mérida romana. De ahí que se hayan adoptado sistemas de construcción romanos -al pie de la letra- y que a ellos quede confiada, y no a molduras y órdenes, la satisfacción del deseo de proximidad al mundo romano que está abiertamente en la base del proyecto".
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En la antigua Sacristía de la Colegiata de Santa María de la Asunción se encuentra el Museo de Arte Sacro. Aquí se conservan los cuadros que Ribera pintó en Nápoles para el duque de Osuna, durante la estancia de éste en la ciudad italiana como virrey. Los cuatro lienzos -El Martirio de san Sebastián, San Jerónimo y el ángel del Juicio Final, El martirio de san Pedro y El martirio de san Bartolomé- se rodean de una preciosa colección de imágenes, tablas flamencas, orfebrería y bordados para configurar un museo de serena belleza.
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Fue inaugurado en 1963 en el claustro de la Catedral de Jaca, pero hasta 1970 no se convirtió en uno de los primeros referentes culturales del mundo. El motivo de este cambio fue la incorporación de una excelente colección de pintura mural. Los expertos, incluso, han llegado a clasificar este centro como "la capilla Sixtina de la pintura románica". Estos frescos, de origen medieval, procedían de la Diócesis. Para poder ser contemplados en el museo fueron pasados a lienzo y se recreó el espacio de su ubicación original. En general, el conjunto de las obras fue realizado entre los siglos XI y XIV, coincidiendo con el desarrollo del arte románico y protogótico. A lo largo de distintos episodios, en ellas aparece relatado el Génesis, desde el principio de los tiempos, además de escenas relativas a la vida de Jesús. A comienzos de la década de los noventa, el Museo Diocesano fue restaurado por el Obispado de Jaca para potenciar sus colecciones. Entre las muestras expuestas se puede destacar las pinturas del siglo XI que decoraban la Iglesia de los Santos Julián y Basilisa de Bagües en Zaragoza. El resto de las pinturas que se exhiben pertenecían a Ruesta, Navasa y Susín -todas ellas realizadas en el siglo XII-. Del XV son las procedentes de Urriés, Orús, Sorripas, San Salvador, San Ginés y Cerésoloa y del XV las de Osia, Ipas, Concilio, Ordovés y Huértalo. El recorrido del museo se completa con objetos de uso litúrgico y esculturas. El sarcófago de piedra donde se cree que reposaban los restos del conde Sancho Ramírez es otra de las piezas más destacadas.
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Este museo, fundado en noviembre de 1961 por Keinzo Saji, nació con el fin de crear un lugar destinado a las artes tradicionales japonesas. Aunque inicialmente fue instalado en el Edificio de Palacio en el distrito de Marunouchi de Tokio, en 1975 se trasladó a su actual ubicación. Con más de 3.000 piezas, el museo ofrece una exhaustiva visión de la vida cotidiana japonesa. Pinturas, cerámica, muestras textiles y piezas de cristal conforman el catálogo de esta exposición, considerada única en el mundo.
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Gran edificio de piedra oscura construido en 1542 por Ibrahim Pasa, Gran Visir de Solimán el Magnífico, como residencia. Es la mayor residencia privada jamás edificada en el Imperio Otomano. En la actualidad contiene una soberbia colección de cerámicas, objetos de metal, miniaturas, caligrafías, tejidos y objetos de madera, así como algunas de las alfombras más antiguas del mundo.
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El Museo de Arte y de la Historia del Judaísmo está situado en el Hotel de St.-Aignan, mansión del Marais, y muestra antiguas colecciones esparcidas por la ciudad y conmemora la cultura francesa judía desde los tiempos medievales hasta el presente. Con esta exposición los visitantes pueden observar la existencia y evolución de la comunidad judía francesa desde los tiempos romanos. La artesanía en ella expuesta se basa en vajillas de plata, torás, tejidos u objetos religiosos y judaicos para uso doméstico y en la sinagoga. Hay también fotografías, pinturas, dibujos y documentos históricos, destacando el del famoso Affaire Dreyfus de hace un siglo.
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El Museo de Artes Decorativas de París ocupa el Pavillon de Marsan, en el extremo noroccidental del Palais du Louvre. El museo es independiente y está concebido como el equivalente del Louvre respecto a las Artes Decorativas. Sus fondos comprenden las más diversas técnicas, con interés especial en muebles, telas, cerámica, vidrio y trajes europeos. Las colecciones recorren todos los períodos desde la Edad Media hasta la época actual. Además de estos diversos objetos, en su interior podemos encontrar pinturas de la época contemporánea de varios artistas, como son H. Robert, Ingres y Jean Dubuffet.
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Este museo estatal, gestionado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, fue fundado en 1972. Su sede es uno de los pabellones construido por Aníbal González para la Exposición Iberoamericana de 1929, concretamente el llamado Pabellón Mudéjar. Se trata de un edificio de cuatro plantas y casi 8.000 metros cuadrados de superficie distribuidos en instalaciones abiertas al público y servicios internos. Las diferentes piezas que se incluyen en la colección se complementan con proyecciones audiovisuales donde el visitante contemple interesantes documentales sobre la vida tradicional andaluza. En este museo se puede apreciar una amplia muestra del arte y las costumbres populares andaluzas, interesándose por el vestuario, los instrumentos musicales, el mobiliario, las técnicas de consumo y de producción agrícola, joyas, bordados y un largo etcétera que hacen de este museo una excelente forma de acercarse a la cultura popular andaluza. El recorrido se complementa con una selección de músicas populares y clásicas que el visitante escucha por la megafonía del edificio.
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El Auckland Museum o Auckland War Memorial Museum fue creado en 1852, conteniendo una importante colección sobre Historia Natural, Arqueología, Etnología, Historia de Nueva Zelanda, Artes Aplicadas y Fotografía. Además, su biblioteca se cuenta entre las mejores del país. El edificio actual del Museo fue levantado en 1929 como monumento en recuerdo a las víctimas neozelandesas de la I Guerra Mundial. El Museo se extiende a lo largo de 9.000 m2 dedicados a la exposición de sus piezas, siendo amenizada la visita por los cantos y evoluciones de un grupo maorí. Las colecciones del Museo integran objetos referentes al pasado cultural neozelandés y a la vida natural de las islas y su entorno. La cultura maorí está representada por un gran número de piezas arqueológicas y etnográficas. Entre éstas destacan tres edificios completos y una canoa de guerra (waka taua) de 1830.