Hacia los siglos VIII y VII a. C. las navetas de enterramiento son sustituidas por un nuevo ritual funerario que consiste en depositar los cadáveres en cuevas naturales, retocadas o totalmente artificiales, abiertas en barrancos o acantilados marinos, que forman conjuntos sepulcrales en ocasiones de elevado número. Es decir, se sustituye un ritual de mausoleo aislado, singular sobre el terreno y que se percibe con claridad en el paisaje cotidiano, por otro de necrópolis masiva en lugares intencionalmente elegidos y más camuflados, aunque se conserve la unidad de enterramiento grupal identificada ahora en la utilización de una determinada cueva dentro del conjunto del cementerio.Algunas de estas cuevas son de forma sencilla, con cámaras de planta oval o paracircular de reducidas dimensiones y entrada a través de un angosto pasadizo, pero en otras ocasiones revisten una notable complejidad arquitectónica, además de dimensiones mucho mayores. Son hipogeos formados por varias cámaras, en cuyo espacioso interior se labran columnas y pilares a expensas de la propia roca para ayudar al sostenimiento de la techumbre plana, también natural y labrada con especial atención. En algunos casos, las cámaras de un mismo hipogeo se comunican entre sí a través de puertas o ventanas, formando conjuntos de gran complejidad como en la Cova dels Cinc Portals que aquí podemos contemplar. Al exterior destaca el trabajo ornamental en algunas de las puertas de acceso, tratadas con sucesivas molduras en ángulo recto que les dan un aspecto abocinado, realzando la imagen del sepulcro.
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obra
En la zona levantina es muy frecuente la aparición de este tipo de escenas de caza con arco, a diferencia de las zonas cántabra y pirenaica, en las que este tema no aparece. Destaca el esquematismo con el que se trata la figura, y el movimiento y dinamismo que se consigue con las piernas tan abiertas.
obra
La mala conservación de algunas de las figuras de la cueva y las superposiciones, dificultan la interpretación de algunas de las escenas de estos grandes paneles. No obstante, se puede apreciar todavía la fuerza de la cacería de jabalíes de la parte izquierda del panel, así como la minuciosidad con que se ha reproducido al cazador de la parte superior, inclinado hacia delante, siguiendo las huellas dejadas por un animal herido.
acepcion
Tiene varias acepciones: covada o couvade ligera, se trata del periodo de dieta y abstinencia de ambos cónyuges anterior y posterior al nacimiento de un hijo; couvade fuerte o puerperio masculino, rito que realiza el marido después del nacimiento de su hijo en el que imita las contracciones del parto y el desfallecimiento de la parturienta para, posteriormente, ser cuidado y descansar. Se cree que este rito unía más los lazos entre padre e hijo.
lugar
El Real Sitio de Covadonga se asienta en el concejo de Cangas de Onís (Asturias), a unos 10 km. de dicha población y sobre un estrecho valle dominado por el monte Auseva. En el profundo y estrecho valle del río Covadonga, aparece la silueta de la basílica, en la explanada ante "El Fozón", debajo de la Santa Cueva, tan frecuentes en los bosques asturianos. El origen de la Basílica debemos buscarlo en el reinado de Alfonso I, cuando se construyeron la primera capilla y el monasterio colindante (740), conmemorando la victoria de los astures, encabezados por Pelayo, ante los musulmanes; esto, sin embargo, no ha podido ser todavía corroborado mediante documentos o restos materiales. Se sabe con certeza que, ya en el siglo XII, existía una comunidad de canónigos regulares regida por un abad. Puesta bajo el patronato de los reyes españoles, la abadía colegial fue restaurada por deseo de Felipe II y, más tarde, se levantó una nueva iglesia (1635) para sustituir la del siglo XIII. En 1777 sufrió un incendio y, posteriormente, fue abandonada, hasta que el obispo de Oviedo, Sanz y Forés (1868), se embarcó en una ambiciosa restauración. La actual basílica comenzó a construirse en 1877, terminándose las obras en 1901. Es un templo neorrománico con planta de tres naves rematadas con triple ábside. Dos torres cuadradas flanquean el hastial, terminadas en esbeltas agujas. La construcción de la basílica ha modificado todo el entorno del Real Sitio, completado con una escalinata, nuevas casas de canónigos y el palacio episcopal, así como la inauguración del Hotel Rey Pelayo. La imagen de la Virgen es una talla de madera policromada, con facciones aniñadas y con el niño en sus brazos. En dos ocasiones se temió por su desaparición, en la guerra Civil (1936 - 39) la primera, y en 1971 la segunda, cuando sufrió una invasión de carcoma y termitas. La imagen también fue sustituida en diferentes ocasiones y, actualmente, es objeto de singular veneración y símbolo secular de los comienzos de la Reconquista cristiana contra los musulmanes. Mención aparte merece el museo, ubicado en la Casa Capitular, que acoge el tesoro de "la Santina", formado por una colección de ofrendas y objetos de notable valor artístico y sentimental. Las piezas más preciadas son las dos coronas que llevan la Virgen y el Niño.
Personaje
Arquitecto
Su educación discurre en su localidad natal, donde comienza a trabajar de imaginero como secundario de Antón Egas. En sus creaciones iniciales abunda el exceso decorativo y sigue la tradición gótica. A esta etapa pertenecen los monumentos funerarios de Alonso y Marina de Rojas que realiza para la iglesia de San Andrés de Toledo. Parece ser que es en esta época cuando emprende un viaje a Italia, como se advierte en obras posteriores, donde ya inserta elementos clásicos. Prueba de ello es el Hospital de la Santa Cruz de 1514 que realiza bajo la dirección de Enrique Egas, o en la Catedral de Sigüenza. A medida que pasan los años su estilo experimenta una evolución que se expresa en obras como la Capilla de la Trinidad de la catedral de Toledo, donde se encuentran elementos platerescos. Uno de sus proyectos más destacados es la iglesia de la Piedad de Guadalajara, cuya fachada resalta por su elegancia. A esta obra le sigue la Capilla de los Reyes Nuevos de la catedral de Toledo, donde el plateresco llega a su máxima expresión. En la década de los años treinta realiza la Sacristía Mayor de la catedral de Sigüenza. En este tiempo alcanza el cargo de Maestro mayor de la catedral y diócesis de Toledo. Entre su prolífica producción cabe mencionar el Colegio de los Irlandeses de Salamanca o el Colegio de Fonseca de Santiago de Compostela, donde parece que en ambos sigue las trazas iniciales de Juan de Alava. Muchos de los trabajos que diseña en este tiempo muestran la fusión entre la tradición gótica y su afinidad por los elementos renacentistas. Un claro ejemplo es su participación con Luis de Vega en las obras de los Alcázares Reales, cuyas trazas se acercan cada vez más a las pautas renacentistas. Hacia los años cuarenta interviene en la rehabilitación del Hospital de Santa Cruz de Toledo y diseña el Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares. Pero su creación más significativa es el Hospital de San Juan Bautista de Toledo. Sus formas evolucionan hacia un estilo mucho más sobrio que se acerca al fundado por Juan de Herrera. Este mismo esquema se repite en el Alcázar de Toledo. De 1542 son los planos del conjunto de Pastrana, realizado a instancias de la Condesa de Mélito. Este conjunto estaría formado por un palacio y una plaza, protegidos por una muralla con un acceso -la Puerta de la Bisagra de Toledo-. Aunque este plan no vio la luz en su totalidad, si se construyeron algunos elementos. De su extenso legado también hay que destacar la cabecera de la Iglesia de la Magdalena de Getafe, el monasterio de San Agustín y la Iglesia de San Román de Toledo. Sin duda fue uno de los grandes representantes del Renacimiento. En su obra se advierte una clara evolución desde el gótico tradicional hasta el estilo herreriano. Diego de Siloé y Rodrigo Gil de Hontañón fueron dos de los artistas que más impresión le causaron.