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Los artesanos sasánidas, a diferencia de los partos, no tuvieron como costumbre el uso de la cerámica para las vajillas de lujo, sino que emplearon los metales y el vidrio, material que importaban desde Siria. En el centro de la composición geométrica y floral de esta Copa de Cosroes I aparece tallada en cristal la figura del soberano.
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Desde su asentamiento en Praga, Rodolfo II comienza a reunir las piezas de la que iba a convertirse en la más importante colección artística de Europa. Personalmente se cuidó, en primer término, de hacerse con obras de pintores ya consagrados como Brueghel, pero sobre todo de los que habían trabajado para sus antepasados como Tiziano, Leone Leoni o Durero. Paradigmática en este sentido, fue la adquisición por parte de Rodolfo II de la Virgen del Rosario de Durero, donde figuraba Maximiliano I, que ingresó, con todos los honores y celebraciones, en la colección imperial. Al tiempo, los armarios de su gabinete artístico se iban llenando de joyas, piedras duras, cerámicas, instrumentos científicos, relojes, autómatas, etc., en la línea más manierizante del coleccionismo ecléctico; ejemplo magnífico de ello, que, a su vez, hace buena la tradición y prestigio de que gozará el cristal de Bohemia, es la Copa de Neptuno que hoy conserva el Museo Lázaro Galdiano de Madrid. Las grandes piezas de cristal de roca se engastan en oro cincelado, con una excelente labor de pedrería y esmaltes, coronándose con la figura de Neptuno que ha sido modelada en oro esmaltado, montada sobre un delfín. También el pie se encuentra tallado y cincelado con gran maestría y riqueza. José Camón Aznar considera que se trata de una obra realizada en el taller de los Sarachi, familia milanesa especializada en los trabajos de cristal de roca, orfebrería y esmaltes.
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La escultura eblaíta nos ha dejado ejemplos por lo general bastantes pobres (en contraste con los riquísimos relieves aparecidos), sin embargo esta copa muestra una logradísima factura técnica. Desconocemos a quien representa y cual era su función, pero muy probablemente sería un objeto de culto religioso.
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Sobre el fondo de una copa moldurada, el alfarero de Numancia ha plasmado en varios colores (rojo, negro y blanco) el momento en que un ave se dispone a levantar el vuelo. Con una calidad técnica indiscutible se ha acomodado el motivo decorativo a la concavidad del fondo de la copa -cuerpo y alas se resuelven en trazos curvos-, un escenario propicio para la representación individualizada. El significado de la ave policromada seguramente excede la simple figuración, pues sabemos del fuerte simbolismo que ciertos pájaros recibieron en el mundo funerario de los celtíberos. Quizás el autor sea el mismo que el del vaso de los guerreros, ante la estrecha vinculación estilística de algunos motivos.
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Fotografía de Miguel Ángel Otero, cedida por el Museo Nacional de Arte Romano, Mérida.