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Personaje Literato
Hijo de un gobernador civil, su educación transcurrió entre León y Guadalajara. Cursó el bachillerato en Oviedo y luego se trasladó a Madrid, donde estudió Derecho. Es en estos años cuando entra en contacto con los círculos artísticos y comienza a mostrar un especial interés por la literatura. A través de Francisco Giner de los Ríos descubre las propuestas de Krause y publica sus primeros artículos en las revistas de la época. Poco después se estableció definitivamente en Oviedo, donde ganó la cátedra de Derecho Canónico. Clarín crea un pensamiento en que idealismo y positivismo se dan la mano a fin de encontrar el sentido de la vida. Su literatura se identifica con la corriente naturalista y realista. Fue uno de los grandes novelistas de la época. En sus obras describió con detalle su tiempo, a través de un profundo análisis. Fue crítico, mordaz y se enfrentó a todo aquello que resultara soez. Una de sus obras críticas más importante fue "Galdós", hoy fuente de información sobre la obra de este autor. No cabe duda de que su novela cumbre fue "La regenta", donde el adulterio se convierte en el eje de la acción. El tema y sobre todo el realismo con que aborda la historia recuerda a obras como "Madame Bovary" de Flaubert, "El primo Basilio" de Eça de Queiros, o "Los pazos de Ulloa" de Emilia Pardo Bazán.
contexto
La llegada de Baltasar de Zúñiga a Madrid en 1617 y su incorporación al Consejo de Estado representa el inicio de una nueva era en la política exterior de la Corona. En efecto, su experiencia diplomática -había sido embajador en Bruselas (desde 1599), en París (1603) y en Viena (desde 1608)- le había convencido de la necesidad de salvar al Emperador del avance de la herejía calvinista y de la subversión en sus tierras hereditarias, pero también de que sólo con su ayuda se podían asegurar los territorios españoles en Italia y los Países Bajos, por lo que abogó con todas sus energías a favor de una cooperación más estrecha con Viena, desviando el interés de los consejeros y del monarca de los asuntos del Mediterráneo hacia el centro de Europa. Así pues, cuando la noticia de la defenestración de Praga llega a Madrid, en julio de 1618, los miembros del Consejo de Estado asumen sin vacilar las tesis de Zúñiga y aprueban la concesión al Emperador de un subsidio de 200.000 ducados. Dos meses más tarde se incrementa esta ayuda con otros 500.000 ducados, abandonándose definitivamente el proyecto del duque de Lerma de enviar una expedición naval contra Argel. Los partidarios de Zúñiga se beneficiaron de una situación francamente favorable a sus propósitos. En 1618 el frente anti-Habsburgo de finales del siglo XVI se había deshecho. Sólo Venecia, Saboya y el elector del Palatinado, éste por motivos religiosos, mantenían viva la antorcha de la resistencia, desarrollando una notable actividad diplomática y propagandística. Ninguno, empero, poseía la fuerza necesaria para que su oposición resultara efectiva. En el caso del Palatinado, sus dirigentes lograron agrupar en 1608 a los príncipes luteranos y calvinistas en la Unión Evangélica, con la que se aliaron Inglaterra (1612) y las Provincias Unidas (1613), pero los católicos respondieron formando a su vez una coalición en torno a Maximiliano de Baviera (Tratado de Munich, 1609) con la intención de evitar que se expandiese el protestantismo en el Imperio. Esta bipolaridad, que produjo algunos enfrentamientos, agudizados a raíz de la sucesión del ducado de Kleve-Jülich, estaba todavía viva en 1618. La rebelión de los bohemios y la decisión de Federico V del Palatinado de aceptar la corona de Bohemia, agraviando así al Emperador Fernando II, no sólo alteraron el precario equilibrio entre católicos y protestantes, sino que facilitó la intervención de España a favor de Viena enviando hombres y dinero: en 1619 la ayuda financiera ascendía ya a 3.400.000 ducados; en ese mismo año un ejército integrado por 17.000 veteranos atraviesa el Imperio para reunirse con las tropas imperiales destinadas a sofocar la revuelta de Bohemia. El respaldo español a Fernando II contó en Bruselas con el beneplácito de los archiduques y de Ambrosio Spinola en la medida en que, pensaban, podía intimidar a los holandeses obligándolos a renovar o renegociar, en condiciones más favorables para España, la Tregua de Amberes por otros doce años. También contribuyó a que la Liga Católica se reforzara y a que Maximiliano de Baviera se comprometiera con el Emperador a prestarle auxilio bajo la promesa de recibir los territorios que conquistara en el Palatinado y la transferencia a su casa de la dignidad electoral. Por el contrario, Inglaterra y Francia se abstuvieron de emprender cualquier acción militar, siquiera fuera intimidatoria. Jacobo I, interesado en alcanzar una unión dinástica con España, resolvió finalmente, superadas sus dudas, no participar en la aventura en que se había embarcado su cuñado al aceptar el trono de Bohemia; por su parte, Luis XIII, que había tenido que combatir la rebelión de sus súbditos hugonotes, defendía la legitimidad que asistía al Emperador para atajar por la fuerza de las armas el desacato de los bohemios. Todo lo más a que estaban inclinados era a ofrecerse como árbitros para lograr un acuerdo diplomático que evitase la confrontación, pero sus esfuerzos negociadores fueron inútiles. A la neutralidad de Francia y de Inglaterra se sumará la de las Provincias Unidas. Es cierto que la disputa entre van Oldenbarnevelt y Mauricio de Nassau paralizó cualquier acción, pero superada la crisis a comienzos de 1619 los Estados Generales optaron únicamente -y no sin la renuencia de algunas provincias del interior- por entregar un subsidio mensual de 25.000 ducados a los rebeldes bohemios, negándose, hasta que ya fue demasiado tarde, a enviar tropas en su ayuda. Así, pues, las indecisiones de unos y las prioridades políticas de los demás jugaron a favor de España y del Emperador. En el mes de septiembre de 1620 Ambrosio Spinola invade los estados patrimoniales de Federico V y ocupa el valle del Rin, estableciendo un jalón más en la cadena de comunicaciones entre Italia y Flandes -el famoso Camino español-, reforzada ahora por el acuerdo entre los habitantes de La Valtelina y el gobernador de Milán, el duque de Feria, que facilitaba el desplazamiento por el territorio de los ejércitos españoles de Italia. Mientras tanto, las tropas imperiales y las de la Liga Católica avanzan imparables hasta las cercanías de Praga, donde los bohemios, en un intento desesperado de resistencia, son derrotados en la Montaña Blanca, perdiendo en la batalla los protestantes del reino su inmunidad y sus privilegios.
Personaje Religioso Político
Este canónigo pasó a la historia como uno de los promotores de la revolución catalana de 1640. Partidario de los conceptos republicanos, Claris mostró su apoyo a los fueros de las cortes y en contra del despotismo del conde-duque. Sus disertaciones a favor de quienes se oponían a la corte se han convertido en un ejemplo de elocuencia tribunicia.
obra
Clarissa Strozzi era hija de Roberto Strozzi y Maddalena dei Medici. La familia vivió exiliada en Venecia entre 1540 y 1542, realizando Tiziano este último año el magnífico retrato que contemplamos. Resulta curioso que en ese mismo año el maestro veneciano realizara dos excelentes retratos infantiles -véase el de Ranuccio Farnese-.La pequeña aparece ataviada con sus mejores galas, vistiendo un elegante traje de color blanco -como si de una persona mayor se tratara-, adornado con un elegante cinturón dorado, un collar y una pulsera de perlas. Juega con un perrito, situado ante una ventana que permite contemplar un amplio paisaje, siguiendo el estilo de sus primeros trabajos en los que continuaba las fórmulas empleadas en el arte del norte de Europa y asimiladas a través de Giorgione. En el mueble sobre el que se coloca el perrito podemos apreciar un relieve en el que dos angelillos se pelean, recuerdo del arte clásico que tanto admiraba el maestro.No es habitual en Tiziano los retratos de cuerpo entero, justificado en este caso al tratarse de una niña. La delicadeza del rostro, tratado con simpatía, llama nuestra atención, destacando los ojos y los sonrosados mofletes. A pesar del detallismo que se manifiesta en la calidad de las telas o los cabellos, podemos apreciar una mayor soltura a la hora de aplicar el color, anticipando el "impresionismo mágico", estilo que define su última etapa.
termino
acepcion
Ultimo piso de la nave gótica ocupada por ventanales.
contexto
En sus memorias, el general Clark niega haber pensado reembarcar su tropas. Sin embargo, su versión fue desmentida por los comandantes británicos. Este es el testimonio del historiador británico Hugh Pond: "El general Clark, en realidad, cuando se dió cuenta de que los alemanes eran mucho más fuertes de lo que se imaginaba, preparó personalmente un plan de evacuación para sus tropas. Dicho plan preveía en primer lugar el traslado de los soldados americanos al sector ocupado por los británicos y, a continuación -si las cosas no empeoraban- la evacuación de la totalidad del cuerpo de desembarco. Por extrañas razones, el general Clark mantuvo en secreto dicho plan. Sólo habló de ello con los comandantes de los barcos. Sin embargo, posteriormente la cosa llegó a oídos de los comandantes ingleses, quienes reaccionaron vigorosamente advirtiendo enseguida al mariscal Alexander, que bombardeó Salerno para impedir que esto se produjera".
obra
En sus primeras obras, Turner se nos presenta como un pintor oscuro por su colorido aunque siempre interesado por la luz, en este caso la de la luna. Los reflejos de la iluminación lunar sobre el mar crean una sensación romántica que el artista, sin duda, está interesado por transmitir. La amplitud de la perspectiva será uno de los elementos comunes a todos sus trabajos; no en vano, fue Turner profesor de perspectiva en la Royal Academy durante 17 años. En esta tela emplea una perspectiva baja para producir en el espectador un mayor impacto visual. Cabe destacar la delicadeza del artista al realizar las dos barcas de la derecha y las figuras del plano medio, así como las siluetas de las casas del horizonte, un horizonte que separa el cuadro en dos zonas como ya hacían los maestros del paisaje barroco holandés, con Jacob van Ruysdael a la cabeza. La pincelada minuciosa y certera será otra de las características a destacar.
obra
A lo largo de toda su vida Turner se interesó por las iluminaciones nocturnas como podemos observar en Pescadores en el mar o Naufragio. En esta acuarela también nos encontramos con esas luces identificativas de la noche pero se han eliminado todas las referencias espaciales para interesarse sólo por el color, dispuesto en bandas horizontales paralelas que recuerdan a las Tramas de colores pintadas también en la década de 1830. Con este tipo de trabajos, Turner se anticipa a la abstracción, aunque no debemos olvidar que estas obras son apuntes y bocetos, no lienzos definitivos.
obra
La burguesía parisina disfrutaba de sus vacaciones estivales en la localidad costera de Boulogne-sur-Mer. La familia Manet se encaminó a este lugar en 1869, aunque el artista había estado allí unos seis meses en el verano anterior. Interesado por captar la vida cotidiana de la localidad, Manet se dedicó a realizar diferentes escenas en donde los barcos y el puerto son los protagonistas. Pero ésta es la única imagen en la que se interesó por la actividad nocturna, recogiendo la espera de las mujeres - ataviadas con sus trajes regionales - a los barcos que traían el pescado que venderían en el mercado a la mañana siguiente. Su forma de trabajar es muy rápida, de trazos muy poco detallados y color aplicado de manera muy libre. La gama cromática es bastante limitada, utilizando básicamente tonos oscuros que le asocian al Realismo. Fue expuesto en Bruselas y Londres, avalando que se trata de una obra acabada y no un apunte.