<p>El Arte Chino se ha mantenido durante más de cuatro milenios, con variaciones, añadidos, retrocesos, pero siempre con un espíritu claramente particular. Se inició casi en la época prehistórica, y las dinastías se sucedieron siguiendo los avances técnicos y materiales. Así, la diferencia entre una escuela dinástica y la siguiente la determinaba la obtención de cierto material nuevo, en perjuicio del anterior: la cerámica fue sustituida por el jade. El nuevo material conserva los valores rituales y el viejo se relega a funciones meramente estéticas. De esta forma, ningún material se abandonó nunca y la forma de tratarlo se recuperaba cada cierto tiempo, imitando las maneras de los grandes maestros del pasado. Las dinastías asociadas con nuevos materiales son Xiá, Shang, Zhou, Qin y Han.En China, cada técnica es una expresión espiritual, y principalmente se delimitan en: cerámica, bronce, jade, seda, arte del pincel (caligrafía, paisaje, figuras), laca, porcelana, y como arte menor, al contrario que en Occidente, la arquitectura; ésta normalmente se construye en madera y está supeditada por completo al paisaje, al que se trata de evitar cualquier distorsión. El perfeccionamiento de los materiales y la imitación de escuelas anteriores se lleva a cabo con las dinastías Sui, Tang, Song, Yuan, Ming y Qing.China fue una de las primeras civilizaciones en recoger datos de sus artistas en biografías y cronologías, como hizo la Europa post-renacentista. Este respeto al arte y sus artífices, con frecuencia procedentes de la familia imperial o de los más importantes monasterios, permite reconstruir minuciosamente la historia de este arte delicado y lleno de significaciones trascendentales.El Arte Chino produjo una pintura sofisticada y refinada, lo cual se puede apreciar no sólo en el tratamiento de los temas más normales a primera vista, sino en la elección de los materiales, como en el Mono de la Conchinchina, una visión naturalista de la fauna propia del lugar realizada nada menos que en tinta sobre seda. Este interés por la Naturaleza tiene una raíz religiosa, o espiritual: el taoísmo. El taoísmo se entiende como una experiencia religiosa individual de integración en la naturaleza, y la pintura es uno de los medios que el tao tiene para hacerse interpretar por el ser humano. El tao además se manifiesta en el agua, que es eterna e inestable, por lo cual, las pinturas chinas de paisaje serán siempre protagonizadas por el agua en sus múltiples formas (nubes, bruma, arroyos, nieve...). Formalmente, la pintura china se asemeja al tao, al ritmo de la naturaleza en el cual prima la curva y la asimetría.Cuando a través de la India se introduzca el budismo, se acentuará el carácter de meditación que tiene la pintura, especialmente en la escuela Chan de la dinastía Yuan, y la escuela Zen de Japón.Los géneros, por supuesto, se remiten a la naturaleza y el más importante con diferencia, es el paisaje, que en chino significa "montañas y agua". Le sigue el tema de los bambúes, las flores y pájaros (animales y plantas en general), los caballos o animales míticos relacionados con la corte, y las figuras humanas. Este último género es un género menor que se adopta por influencia india, y se dedica al retrato genérico de las cualidades humanas, sin rasgos de realismo, o a las escenas costumbristas.Un paisaje pintado no se realiza para exponerse sino para contemplarse en privado, para leerse tras un profundo entrenamiento. El objetivo del espectador es pasear literalmente por la Naturaleza pintada e integrarse en ella. Las imágenes chinas están llenas de sutilezas, y la tinta que emplean es polícroma, aunque a los ojos occidentales parezca monocroma.Las simbologías también son muy frecuentes, representando una flor o un animal desde una virtud hasta una estación del año: por ejemplo, el murciélago simboliza la felicidad, las peonías a la belleza y a la mujer, etc. Según este complejo código, cada escena pintada puede interpretarse como una poesía o como una narración en la que los conceptos no se representan con palabras sino con bellísimas imágenes.</p>
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Tres momentos encontramos en el proceso evolutivo de China entre el Neolítico y los primeros siglos de nuestra era. El primero será el inicio de la neolitización, apareciendo dos focos: el Norte y el Sur. En el segundo se manifiesta el desarrollo de las comunidades agrícolas, produciéndose también varios focos: norte de China, China litoral y el Suroeste. El tercer momento será el inicio de las culturas históricas donde aparecen diferentes dinastías.
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Situada en Asia oriental y central, China había conocido la dominación de los mongoles y de la dinastía Ming. Durante el siglo XVIII, China vivió una de sus épocas más prósperas, bajo los emperadores manchúes. Los manchúes habían penetrado en China a principios del siglo XVII y establecido una de las dinastías más brillantes y duraderas de la historia, la dinastía Ta Ch´ing. Descendientes de los jefes nómadas que habían arrebatado China a los Ming entre 1640 y 1651, harán evolucionar al Imperio aceleradamente en política, administración, economía, sabiduría y arte, hasta el momento de su desaparición en 1912. La población china manifestó cierta resistencia ante la dominación extranjera en los primeros años; más la tolerancia ideológica, la asunción de las costumbres y la adopción de la cultura china de los emperadores manchúes fueron los factores que determinaron su aceptación por el pueblo chino. La corrupción y la decadencia político-económica a la que había llegado la dinastía Ming en la primera mitad del siglo XVII generó una reacción contra el despotismo e hizo que la transición dinástica se verificase sin traumas y apenas sin conflictos. La conquista manchú, en 1644, produjo una crisis de un tipo que había ocurrido en China con bastante frecuencia, una crisis de lealtad, como la denomina Michael Loewe. En efecto, muchos funcionarios chinos llegaron a conciliar su conciencia con la necesidad de servir a la nueva casa fundándose en que el vencimiento de su predecesor estaba justificado por sus propios defectos. Sin embargo, en 1654, el nuevo régimen se había fundado con el patente uso de la fuerza y no era fácil encontrar la justificación para servir a un conquistador extranjero. Un pequeño número de figuras notables, intelectuales y funcionarios en su mayoría, rehusaron aceptar la legitimidad de la nueva dinastía. Hacia 1683 se había logrado finalmente acabar con todos los bastiones de resistencia de los Ming. El afianzamiento de los emperadores manchúes y su creciente prestigio se debieron a una acertada política interior basada en el continuo interés en fusionar y limar diferencias entre chinos y manchúes, en el apoyo paternalista a las masas desposeídas del período Ming y en el progreso económico; y exterior, caracterizada por una sustancial ampliación de fronteras, fruto de la habilidad diplomática, el recurso a la guerra y las negociaciones comerciales. La reafirmación del poder imperial durante el período Ching fue en parte debida a la energía y carácter de un pequeño número de emperadores y se llevó a cabo de forma esporádica por medio de cambios institucionales que dieron al trono una situación de mayor influencia sobre los órganos de mando del gobierno. En efecto, bajo la dinastía manchú se produjo, como consecuencia de las necesidades de consolidar su dominio en China, un progresivo fortalecimiento y una mayor solemnidad de la figura imperial, en detrimento del aparato gubernamental. De las diferentes concepciones del confucianismo, los manchúes adoptaron la que más convenía a sus intereses, la de Tchuchi, la más antigua, aristocrática, ultranacionalista y muy exigente en lo referente a la obediencia absoluta a las autoridades; y la interpretación más reciente, la de Wang Yang-Ming, tendente a liberar al ser humano del peso de la tradición y, en consecuencia, favorable al progreso, retrocedió y cayó prácticamente en el olvido. El tchuchismo, puesto al servicio del vencedor, condenaba cualquier manifestación de libertad individual. Sin embargo, los emperadores de esta centuria -K'ang-Hsi (1661-1722), Yung-Chung (1723-1735) y Ch´ien-Lung (1735-1796)- procuraron basar su autoridad y la obediencia de sus súbditos en un mínimo de coerción y en un máximo de persuasión; en función de este objetivo, el pueblo fue sistemáticamente adoctrinado mediante la difusión de la ortodoxia neoconfuciana, la cual reiteraba una y otra vez la importancia del principio de autoridad y la virtud de la obediencia.
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Los vestigios neolíticos más antiguos recientemente descubiertos en China del Norte están datados en el VI Milenio, ligados a un medio natural diferente del sur. Nos proporcionan muchos datos para el estudio de los principios agrícolas en China. En el Norte encontramos las culturas de Peiligang (aproximadamente 5500-4900 a.C.) y Cishan (5400-5100 a.C.). Los asentamientos son todavía de pequeño tamaño y están caracterizados, al menos en sus fases tardías, por un hábitat excavado a dos niveles, presentando restos de granos de mijo en grandes cantidades. Serían éstos los testimonios más antiguos de la agricultura en el valle del río Amarillo. La existencia de una economía protoagrícola se confirma en estos yacimientos por un utillaje de piedra pulida, asociado a un utillaje tallado por percusión y a algunos microlitos herederos de las tradiciones preneolíticas. Entre los instrumentos pulidos destacan los molinos con tres o cuatro pies, grandes azuelas de doble filo redondeado y hoces dentadas. Junto a estas primeras manifestaciones de agricultura se encuentran algunos conjuntos cerámicos, bastante toscos, decorados con impresiones de cuerda o de cestería, con motivos geométricos grabados o con mamelones en relieve. Se trata principalmente de platos ovales, de cuencos-tripoides o de fondo redondo y de jarras, formas que prefiguran ciertos tipos de la cultura Yangshao.
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Al final del Pleistoceno, la tradición prehistórica del sur de China es común a los demás países de la zona, con una industria lítica caracterizada por los choppers con una sola cara retocada, así como por los morteros de piedra, las espátulas de hueso y la aparición de la cerámica decorada con impresiones y herramientas líticas de borde retocado, en los momentos finales del periodo. Esta tradición recibe el nombre de Hoabinhien al identificarse por primera vez en este lugar del norte de Vietnam. Los vestigios que presentan una relación con el Mesolítico hoabinhiense y el Neolítico del sudeste asiático están caracterizados por una industria lítica sobre guijarros asociada a una cerámica tosca con decoraciones de cuerda y a un utillaje de concha, de cuerno y de hueso que comporta un gran número de puntas y de arpones. La economía perece ser, sin embargo, todavía la de cazadores-recolectores-pescadores, siendo la domesticación de plantas y animales una hipótesis. En Zengpiyan se pone de manifiesto la domesticación del cerdo. En el sur de China es igual de difícil relacionar la ocupación de las cuevas hoabinhienses con las civilizaciones neolíticas más tardías. Solamente en Xianrendong, en el noreste de Yiangxi, se encuentran útiles hoabinhienses datados en el VII Milenio, asociados a una cerámica decorada con impresiones de cuerda. A pesar de encontrarse muy difundida, no ha podido establecerse una datación similar en todas partes por lo que no se puede asegurar que se trate de una única civilización. Actualmente se ha puesto en evidencia la existencia de numerosos centros de desarrollo que poseen su propio ritmo evolutivo con intercambios mutuos. De este modo es en la China del sureste, entre el 12.000 y el 7.000 BP, donde parecen emerger del Mesolítico los primeros yacimientos neolíticos como las cuevas de Xianrendong en Jiangxi, Zengpiyan en Guangxi o Wengyuan y Qingtang en Guangdong, los concheros de Dongxing y Baozitou en Guangxi o los campamentos de Xijiaoshan en Guangdong.
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Los descubrimientos más interesantes se han realizado en Yunnan y en el Tibet. En Yunnan, los principales vestigios se centran en la región del lago Erhai y están representados por la cultura de Baiyang cun (2215-2100 a.C.), basada en una economía mixta de agricultores sedentarios que practican el cultivo del arroz asociado a otros cereales, pero también la caza, la pesca y la ganadería. En el Tibet, los vestigios posteriores al Microlítico se han encontrado principalmente en la región de Chamdo donde se ha identificado la cultura llamada de Karuo, cerca de Chamdo, fechada entre el 3000 y el 1900 a.C.. En este yacimiento se han encontrado granos de mijo asociados a huesos de animales salvajes y de cerdo, posiblemente domesticado. La cerámica asocia modelo y moldes para los recipientes. Las decoraciones son incisas, aplicadas o impresas. Existe una forma particular de hábitat semisubterráneo en piedra. Los microlitos, posiblemente surgidos de las tradiciones anteriores, han sido encontrados, como es frecuente en el caso de esta región, en relación con útiles tallados por percusión o pulidos.
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A mediados del siglo XVII la inestabilidad en el trono chino de la dinastía Ming favoreció la instalación de una nueva dinastía, la Qing, procedente de Manchuria. La primera conquista de los manchúes, antes de instalarse en el trono chino, será la Mongolia interior, que será anexionada en 1635. Kangxi fue el primer emperador de la dinastía Qing que, como tal, ocupará en 1644 el trono imperial en Beijing, superando la barrera defensiva que supone la Gran Muralla. En 1683 se llevó a cabo la incorporación de Taiwan, centro de actividades comerciales semipiráticas. La Mongolia exterior fue agregada en 1697. El mandato de los emperadores Yongzheng y Qianlong marcó la época gloriosa de la dinastía. Qinghai fue incorporada en 1724. El Tibet pasó a ser un protectorado chino en 1750 y el Turquestán oriental fue sometido en 1757, rebautizándolo con el nombre de Xinjiang o nuevo territorio. Por último, la China Qing contó con una serie de estados vasallos. Corea entró en la órbita china en 1637, siguiéndole posteriormente Nepal, Birmania, Siam, Laos y Tonkin. El imperio chino ha alcanzado, a finales del siglo XVIII, su máxima extensión.
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De junio a diciembre de 1950 se vivieron seis meses enloquecidos. A principios de septiembre, norteamericanos y surcoreanos estaban a punto de ser arrojados al mar. Con la contraofensiva de Inchon todo pareció cambiar de rumbo y el 4 de octubre, las primeras unidades de la 1? División de caballería USA cruzaron al norte de Seúl la línea divisoria entre las dos Coreas -el famoso Paralelo 38- mientras dos Divisiones surcoreanas avanzaban por la costa oriental en dirección norte. Pero ese mismo 4 de octubre ocurrió algo con lo que no contaban los occidentales y, por eso mismo, no le dieron la menor importancia. El primer ministro -Chu En-lai- llamó al embajador indio en Pekín y le utilizó como intermediario para comunicar a los Gobiernos occidentales y a la ONU que China se vería obligada a intervenir si más tropas surcoreanas atravesaban el Paralelo 38 en dirección norte. Mac Arthur, tan buen general como mal político, se entrevistó con el presidente Truman y le aseguró que China no intervendría. Y se olvidó a Pekín y a Chu En-lai. Incluso se ignoró una información militar de Tokio, en la que se advertía de que Mao Zedong había situado ya 100.000 hombres en Corea y en Manchuria, al norte del río Yalu, tenía dispuestos a 870.000 más. Norteamericanos, soldados de la ONU y surcoreanos siguieron su avance hacia el norte y el 21 de noviembre el 10° Cuerpo de Ejército del general Almond llegaba no al Paralelo 38, sino al río Yalu, la frontera de Corea con Manchuria. La victoria total se consideraba cuestión de pocos días. Se hicieron los preparativos para la celebración del Día de Acción de Gracias -que ese año fue el 24 de noviembre- y Mac Arthur dijo a sus soldados que celebrarían las Navidades en sus hogares de América. Pero, en la noche del 25 de noviembre, los chinos cayeron, con toda su potencia, sobre las fuerzas de la ONU y de Estados Unidos. Tres días después, la situación era trágica. "El 28 de noviembre -escribe Christian Zentner- todo el 8° Ejército norteamericano y otras unidades agregadas de la ONU se encontraban en plena huida hacia el sur. Ésta era la primera derrota seria que sufrían las tropas norteamericanas y la más larga retirada de toda su historia militar. Los chinos avanzaban con tanta rapidez como huían las fuerzas de las Naciones Unidas. Pronto se vio que los perseguidores chinos iban más de prisa e incluso podían cercar a las tropas aliadas". El 23 de diciembre, dos días antes de Navidad, fue una jornada triste: el último soldado norteamericano abandonó Corea del Norte y, lo que fue peor, sobre una carretera helada patinó el jeep en que viajaba el general Walker y éste resultó muerto. Había sido uno de los más destacados mandos del Ejército aliado y quien mejor logró integrar a norteamericanos y coreanos. Inmediatamente fue designado para sucederle el general Matthew B. Ridgway, quien lo hizo pidiendo el mando unificado de todas las tropas norteamericanas. Mac Arthur no sólo estuvo de acuerdo en la petición de Ridgway, sino que le confirió el mando directo sobre todas las tropas, con carta blanca para cualquier decisión sobre la guerra. Esta docilidad de Mac Arthur era reflejo de la aparición de conflictos entre el procónsul del Pacífico -como se le llamaba- y el presidente Truman. El militar había planteado al político dos condiciones que consideraba indispensables: 1.- El bombardeo de las zonas de abastecimiento de los chinos por encima del Yalu. 2.- La utilización, en el Ejército de las Naciones Unidas, de 35.000 soldados ofrecidos por Chiang Kai-shek. La negativa para ambas cosas fue rotunda, especialmente para la segunda. En la primera se le permitía bombardear objetivos sobre el Yalu... "pero sólo desde el lado de acá", es decir, de Corea. En uno y otro caso la razón era la misma: evitar la implicación masiva y declarada de China en un conflicto que ya no sería el mismo de Corea. El 5 de abril de 1951, después de que el jefe de la oposición en el Senado, senador Joseph W. Martin, leyera una carta que le había remitido Douglas Mac Arthur, criticando las decisiones del presidente, Truman destituyó fulminantemente al Procónsul, quien consiguió las mayores muestras de adhesión popular sobre la Quinta Avenida neoyorquina a su regreso a Estados Unidos. Pero la guerra seguía y Ridgway sucedió a Mac Arthur en el mando supremo del Extremo Oriente, y el general Van Fleet reemplazó a Ridgway como jefe de las fuerzas de la ONU.
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El Neolítico del litoral de China tiene una tradición muy diferente al del valle del río Amarillo, este último basado en el cultivo del mijo. Su principal yacimiento es Hemudu (5058-4823 a.C.), en el Zhejiang septentrional (región de la bahía de Hangzhu), y aporta la confirmación de la existencia de un centro de domesticación del arroz en el valle del bajo Yangzi. En el yacimiento de Hemudu se ha encontrado una gran cantidad de granos y fragmentos de paja de arroz de una variedad templada, así como otras especies vegetales: castaña de agua, calabaza, soja negra, melocotón, nuez, morera, nenúfar, dátil y diversas legumbres. El arroz se cultivaba en campos inundados con la ayuda de una especie de azuela fabricada a partir de omóplatos perforados y provistos de escotaduras para el enmangue. Según ciertos autores, el cultivo de arroz en China se extenderá lentamente hacia el oeste y el sur entre el V y el IV milenios. Se han identificado también 47 especies de animales, entre los cuales destaca el perro, el cerdo y el búfalo que ya estaban domesticados. El habitat, lacustre, se componía de construcciones de madera ensambladas e instaladas sobre pilotes. El grabado y la escultura en madera están decorados con motivos vegetales y animales originales que encontramos también en algunas terracotas. El estudio antropológico de dos esqueletos ha mostrado los rasgos a la vez mongoloides y australonegroides que podrían indicar lazos con las antiguas poblaciones de ciertas islas del Pacífico. La cultura de Dawenku está fechada aproximadamente entre 4450 y 2500 a.C.. Se identifica en Shandong, en el norte de Jiangsu y Anhui, así como en el este de Henan y Liaoning, estando situada entre las tradiciones de China del norte y China del sur, correspondiendo en esta región al principio del Neolítico. Tiene tres fases sucesivas, principalmente atestiguadas en necrópolis. La economía se ha basado en el cultivo del mijo mientras que la cría del cerdo parece haber tenido un gran desarrollo según se deduce de la gran cantidad de osamentas encontradas y las figuritas de terracota que representan a este animal. La cerámica de estas dos fases está caracterizada por altos cubiletes tubulares sobre pie asociados a los trípodes, a las jarras de dos asas y a un modelo de copa sobre pie calado, todo en terracota roja modelada, muy difundida en las culturas meridionales. Durante la fase siguiente, las cerámicas son reemplazadas progresivamente por terracotas grises torneadas y blancas llamadas cáscara de huevo debido a su finura, y cuyas formas parecen haberse difundido ampliamente, así como los jarros de tres pies bulbosos tan característicos de este periodo. El estudio del mobiliario funerario muestra una diferenciación social creciente y la presencia de objetos de materiales preciosos exóticos, turquesa, hueso, carnero y marfil finamente trabajados, es posiblemente el fruto de intercambio de bienes exóticos con otros sistemas culturales. Los estudios antropológicos revelan costumbres muy difundidas en las culturas meridionales como, por ejemplo, deformaciones craneales asociadas a la extracción de los incisivos superiores. La cultura de Majiabang heredera de la cultura Hemudu, centrada en la región productora de arroz del lago Taihu, se caracteriza por una economía basada en la caza y en la pesca asociadas al cultivo del arroz y a la cría del cerdo, del perro, del buey y del búfalo. El hábitat lacustre es de madera y se observa un buen desarrollo del utillaje de madera y de hueso. En algunos yacimientos también se encuentran azuelas de hueso parecidas a las de Hemudu. Por lo que se refiere a la cerámica, el uso del torno, atestiguado en Majiabang, se desarrolla durante la fase tardía (4796-3705 a.C.), conocida principalmente por las sepulturas, durante la cual aparece, en algunos yacimientos como Qiucheng o Guangfulin, lo que se interpreta como un pequeño arado, de forma triangular y con una perforación central.