La montaña Sainte-Victoire por Cezanne

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La Montaña Sainte-Victoire será para Cézanne una de sus principales musas, repitiendo su silueta en numerosas ocasiones a lo largo de su vida.
En esta imagen de 1882 la montaña ocupa un segundo plano al aparecer al fondo de la composición, encuadrada entre árboles. Las luces del atardecer crean unas tonalidades malvas en las zonas de sombra que recuerdan al Impresionismo.
Buena parte de estas vistas están tomadas desde Bellevue, la finca propiedad de Rose, la hermana del artista, situada en el suroeste de Aix. Se trata de imágenes en los que la perspectiva se convierte en la principal protagonista, situando en primer plano los pinos y al fondo la montaña, recortando su majestuosa silueta sobre el cielo.
En los últimos años del siglo XIX, Cézanne continúa su dura lucha para conseguir dotar a sus telas de volumen y forma para "convertir el Impresionismo en algo sólido y duradero, como el arte que se conserva en los museos". El color ha sido aplicado de manera fluida y apenas empastada, de manera que se crea el efecto de envolver la perspectiva, utilizando una banda de tonalidades verdes para dirigir nuestra atención hacia los grises, malvas y azules del cielo y la montaña.
Con esta obra realizada en 1904, Cézanne se sitúa a un paso del Cubismo al emplear un facetado que más tarde utilizarán Braque y Picasso. La Montaña apenas es perceptible, confundiéndose con el cielo que la rodea, mientras que las construcciones de sus faldas se han convertido en un maremagnum de rápidas pinceladas de diferentes tonalidades con las que se pretende crear formas y volúmenes. La línea ha desaparecido para dejar paso al color.

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