El paisaje en los Siglos XIX y XX

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Comentario

En el siglo XIX se produce un importante desarrollo del paisaje como tema pictórico debido al aumento de su demanda por parte del nuevo poder económico, político y social: la burguesía. Los burgueses desean decorar sus casas con escenas placenteras y buscan en el paisaje la temática más indicada para adornar sus salones. A esto debemos añadir la admiración por la naturaleza que se manifiesta en el Romanticismo y que se continuará en las décadas siguientes, lo que conduce a los pintores a tratar el paisaje como una de sus temáticas favoritas.
Friedrich destaca por el tratamiento simbólico que realiza del paisaje. Renovó este género a partir de la ruptura de las convenciones cromáticas y de perspectiva, por lo que su influencia se extiende a movimientos posteriores.
En Inglaterra la pintura de paisaje tendrá un amplio desarrollo. Sus dos piezas clave serán Constable y Turner. Constable es el máximo exponente del naturalismo en el paisaje, interesado por las luces y las atmósferas y uno de los precursores del impresionismo. Turner estará especialmente interesado en los juegos de luz y las atmósferas, llegando a decir algún crítico de él que "Hay un pintor que tiene la manía de pintar atmósferas".
Fue Camille Corot quien se manifestó como el más preclaro representante de este tránsito que va del paisaje clásico al paisaje realista, manteniéndose al margen de todas las escuelas. La gran novedad que aportaron los pintores de la generación realista fue revelar la riqueza del paisaje francés. Quienes llevaron a cabo las principales innovaciones fueron los pintores de la llamada Escuela de Barbizon o de Fontainebleau, una escuela que, desde un punto de vista histórico, está considerada como el fundamento de la representación realista del paisaje y como la precursora del Impresionismo.
Pero será el impresionismo quien aporte la principal novedad respecto al paisaje, ya que este movimiento tiene como objetivo la búsqueda de la luz y el color directamente del natural, a "plein-air" por lo que las pinceladas se hacen rápidas y empastadas, buscando captar la impresión de cada momento.
El interés manifestado por los impresionistas por la luz y el color motivará paralelamente la pérdida de la forma y el volumen. La reacción inmediata viene de la mano de los propios impresionistas, especialmente Cèzanne, quien pretende "hacer del Impresionismo un arte sólido y duradero, como el que se conserva en los museos", considerando que "la forma alcanza sólo su plenitud cuando el color posee mayor riqueza".
Las vanguardias del siglo XX no dejan de lado el paisaje, especialmente los cubistas que buscan en Cèzanne una de sus fuentes de inspiración Apollinaire considera que el cubismo es una pintura productiva: "Lo que diferencia al cubismo de la pintura antigua es que no se trata ya de un arte de imitación, sino de un arte de concepción, que tiende a elevarse hasta la creación". Al tratarse de un arte conceptual el que se realiza a lo largo del siglo XX, la naturaleza dejará paulatinamente de ser fuente de inspiración, aunque encontramos interesantes ejemplos como algunos trabajos de Robert Delaunay, Piet Mondrian, Schmidt-Rottluff o el propio Salvador Dalí, en los que el paisaje ocupa un papel determinante.

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