La pintura religiosa hasta el Renacimiento

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Comentario

La decoración pictórica que nos ha llegado del mundo egipcio se concentra en las tumbas de reyes, reinas y altos dignatarios. Escenas de sacrificio, navegaciones fúnebres o el dios Osiris acompañando al finado en el viaje al más allá serán las temáticas más habituales, sin olvidar asuntos de la vida cotidiana, que nos han permitido conocer mejor las actividades de los antiguos egipcios.
De época griega apenas conservamos pinturas religiosas, más interesados en la estatuaria. Algunos frescos como la Dama oferente de Tirinto o decoraciones cerámicas son los ejemplos más significativos de este tipo de pintura. Tampoco en Roma se desarrolla una pintura religiosa de calidad, ya que los templos no estaban decorados y para las casas se preferían asuntos más mundanos. Las tumbas etruscas encontradas en Tarquinia nos permiten contemplar decoraciones de carácter funerario de gran calidad, como se manifiesta en la Tumba de los Augures.
El advenimiento del cristianismo traerá consigo la aparición de toda una iconografía relacionada con la nueva religión. Las primeras muestras aparecen en las catacumbas para después decorar los templos. Entre los mejores ejemplos de escenas religiosas destacan las realizadas en Bizancio y en el foco de Ravena, ejecutadas todas ellas en mosaico.
La iluminación de libros será otro de los vehículos más empleados en el mundo medieval para representar escenas religiosas. Las Biblias, los Evangeliarios y especialmente los Beatos son una excelente fuente para conocer cómo era la relación entre el ser humano y la divinidad.
En el Románico nos encontramos sensacionales decoraciones en los muros de las iglesias. El pantocrátor solía ubicarse en el ábside del templo, decorándose el resto de las paredes con diversas escenas bíblicas: la Creación de Adán y Eva, el Anuncio a los pastores, los Reyes Magos, ángeles y santos. La figura de la Virgen como trono de Dios también es otro de los temas habituales en estas decoraciones.
En el siglo XV se produce una significativa renovación artística tanto en Flandes como Italia. El Descendimiento de Roger van der Weyden, la Adoración del Cordero Místico de Jan van Eyck o el Tríptico Portinari de Hugo van der Goes son magníficas muestras de la renovación flamenca. La Capilla Scrovegni de Giotto, los Cristos de Cimabue o la Maestá de Duccio sentarán las bases del cambio artístico y espiritual que se vivirá en la Italia renacentista.

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