Iglesias modernas y contemporáneas

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Comentario

El Renacimiento tiene en la cúpula de la catedral de Florencia, realizada por Brunelleschi entre 1418 y 1464, su punto de partida. Del mismo arquitecto son las iglesias de San Lorenzo y del Santo Spirito, también en Florencia, recuperando conceptos del mundo antiguo como la medida y la proporción. De manos de Leon Battista Alberti son el Templo Malatestiano de Rímini y la iglesia de San Andrés de Mantua. Pero el gran proyecto del Renacimiento será la construcción de la basílica de San Pedro, en la que trabajaron Bramante, Sangallo y Miguel Angel, autor de la gran cúpula que corona el templo. Carlo Maderno será el encargado de la fachada.
En el Barroco destacan las figuras de Bernini y Borromini. Al primero debemos el espectacular Baldaquino de san Pedro y la iglesia de San Andrea al Quirinale; al segundo, Sant'Ivo della Sapienza y San Carlo alle quatro fontane. El clasicismo francés nos ha dado algunas de las mejores construcciones de la época como la iglesia de los Inválidos de París o el monasterio de Val-de-Grâce. En España sobresalen la fachada del Obradoiro, de Casas y Novoa, y la fachada de la catedral de Granada, de Alonso Cano.
Pero será en América donde el arte barroco alcance un espectacular desarrollo en la arquitectura religiosa. Buena prueba de ello son las catedrales de México, Lima, Cuzco o la iglesia de la Compañía de Jesús en Arequipa.
La catedral de San Pablo en Londres o la iglesia de San Carlos Borromeo en Viena son también dos excelentes ejemplos del arte barroco.
La pérdida de poder político y económico que sufrió la Iglesia en el siglo XIX se verá reflejada en la disminución de construcciones religiosas. Aun así destacan excelentes templos, como las iglesias de la Madeleine o Santa Clotilde de París, las catedrales de Marsella o San Isaac en San Petersburgo o los diseños de Viollet-le-Duc.
En el siglo XX también encontramos excelentes ejemplos dentro de la arquitectura religiosa, como la Sagrada Familia de Barcelona, obra de Gaudí; la catedral de Brasilia, de Oscar Niemeyer, o la iglesia de Notre-Dame de Ronchamp, de Le Corbusier.

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