El desnudo en la pintura de Ingres

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Comentario

Jean-Auguste-Dominique Ingres será uno de los grandes maestros a la hora de tratar el desnudo, convirtiéndose en fuente directa para buena parte de los pintores del siglo XIX. Entre sus primeros trabajos encontramos un Torso masculino, estudio académico realizado con gran minuciosidad para ejercitar su mano en el dibujo y en el control de la anatomía humana.
De 1808 es una de sus obras maestras, la Bañista de Valpinçon, realizada en Italia, durante su etapa de pensionado, para exhibir su ideal de belleza femenina. También durante la estancia en Roma empieza la Venus Anadiómena, obra finalizada cuarenta años más tarde, en la que se pone de manifiesto su admiración por la escultura clásica.
La reina de Nápoles, Carolina Bonaparte, encargó a Ingres la Gran Odalisca. Nunca llegaría a su destino al ser derrocada Carolina en 1815, adquiriendo la obra años después el chambelán del rey de Prusia. Con esta figura se demuestra el interés existente en aquellos años por lo exótico y lo oriental.
El orientalismo continúa presente en la década de 1830, como podemos observar en el Interior de un harén con odalisca, escena en la que la protagonista es una odalisca acompañada de una tañedora de laúd y de un guardián.
El tema eterno de Ingres, el cuerpo femenino desnudo, se nos muestra de nuevo en el Baño turco como único motivo, repetido como eco en los cuerpos de las veinticuatro mujeres que aparecen en la escena. En sus últimos años también se interesa por el desnudo como observamos en la Edad de Oro, obra en la que el ser humano sería completamente feliz, desnudo, alegre, protegido por los dioses que nunca le dejarían sin frutos, música y placer.

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