El comercio castellano

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Comentario

A finales de la Edad Media, Europa es escenario de un intenso intercambio mercantil. Núcleos principales de este comercio son las ciudades de Amberes, París, Génova y Venecia, mientras que otras, como Colonia, Magdeburgo, Munich o Lyon, entre otras, participan también de manera activa.
En el norte de Europa tiene lugar una importante red comercial, la Hansa, que alcanza a ciudades como Londres, Amsterdam, Hamburgo o Lübeck. Desde el mar del Norte llegan productos a la península a través de Bilbao, Santiago, Lisboa y Sevilla.
En España, el comercio castellano se basaba en la existencia de tres núcleos fundamentales, Bilbao, Medina del Campo y Sevilla. Otras ciudades, como Santander, Burgos o Almería, desarrollaban una gran actividad mercantil.
El comercio exterior se basaba en dos focos de actividad, el del Cantábrico oriental, por un lado, y el de la Andalucía atlántica, por otro. El primero partía fundamentalmente de Burgos, siendo embarcados los productos en los puertos de Santander y Bilbao con destino hacia Francia, Inglaterra, Flandes o las ciudades de la Hansa.
El segundo foco comercial castellano se basaba en Sevilla y se apoyaba en el comercio mediterráneo, fundamentalmente con las Baleares e Italia. También se importaban productos africanos, sobre todo oro y esclavos, y de las islas Canarias, proveedoras de azúcar.

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