La Reconquista

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Comentario

Desde la entrada de las primeras tropas musulmanas, en el año 711, la península Ibérica había estado casi en su totalidad bajo el dominio islámico. Este predominio fue muy evidente durante los primeros siglos, en los que al-Andalus, la España musulmana, fue muy superior a los pequeños reductos cristianos.
La situación cambió a partir del siglo XI, cuando los reinos cristianos comenzaron a ganar terreno, en un largo proceso conocido como Reconquista. Durante los cinco largos siglos que duró este periodo, se alteraron periodos de lucha y paz, de avance y retroceso. Fueron también frecuentes los cambios en las alianzas, así como las guerras civiles. En algunas ocasiones, reyes cristianos se aliaban con los musulmanes para someter a un rey rival. En otras, gobernantes musulmanes pedían la ayuda de un rey cristiano para mantenerse en el poder.
Muchas veces el objetivo de las campañas era hostigar al rival. Se trataba de demostraciones de fuerza, razzias o expediciones rápidas emprendidas para capturar botín o esclavos. Aunque no se ocupaba terreno, se obligaba a las poblaciones sometidas a pagar impuestos o parias, a cambio de protección y de la garantía de no ser ocupadas.
También se dieron grandes batallas, como las de Sagrajas, Alarcos o las Navas de Tolosa. Cuando los cristianos lograban acabar con sus problemas internos, firmaban alianzas y conseguían levantar grandes ejércitos para luchar contra los musulmanes. El carácter de cruzada otorgado por los papas hizo que llegaran a la Península muchos caballeros del resto de Europa. En sentido contrario, las invasiones almorávide y almohade consiguieron unificar bajo su dominio a los diferentes reinos taifas y dificultar el avance cristiano.
Las batallas eran tumultuosas y en ellas tenía un papel destacado la caballería. Fuerza dotada de gran movilidad, entre los cristianos estaba compuesta por todo aquel que dispusiera de un caballo, lo que inmediatamente les daba el estatus de nobles. También entre los musulmanes la caballería fue un arma apreciada. Así, el gran jefe almorávide Yusuf ibn Tasufín dejó el poder a su hijo con la condición de que alzara un ejército de 17.000 jinetes.

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