Santa María del Naranco

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Comentario

A mediados del siglo IX, Ramiro I, rey de la joven monarquía asturiana, se decidió a levantar un conjunto palatino en el Monte Naranco, próximo a la capital del reino, Oviedo. Pensada como área de recreo, las crónicas aluden a que se construyeron una iglesia, palacios y baños. Sólo la iglesia, San Miguel de Lillo, y el palacio real, Santa María del Naranco, fueron realizados en piedra, por lo que son los únicos edificios que aun quedan en pie.
El palacio de Santa María del Naranco fue concebido como un edificio lúdico, de recreo, escenario de un ceremonial propio de la corte asturiana. Muy poco después, sin que sepamos porqué, fue destinado a fines religiosos y consagrado como iglesia.
El edificio es sobrio, austero, aunque la simplicidad es su mejor virtud. Exteriormente, el edificio fue proyectado con una gran minuciosidad y atención a las proporciones. De planta rectangular, está estructurado en dos pisos. El inferior es una habitación pequeña, abovedada, a modo de cripta. Unos arcos transversales la dividen en cinco tramos.
Al piso superior se accede por una escalera situada en el lado norte. La estancia central, la sala de audiencias, es la más importante. Presenta bóveda de cañón, a base de arcos fajones que reposan sobre un muro decorado con una arquería ciega sobre columnas de sogueado.
En sus extremos se sitúan dos grandes miradores, que dan un aire estilizado al conjunto. Son estos las zonas más abiertas y ligeras del edificio, presentando una buena y soleada orientación. Cada uno de ellos presenta tres arcos de medio punto, descansando sobre capiteles corintios.
El deseo del arquitecto que proyectó el sistema de arcos fue el de crear un efecto de escenario. Para ello hizo que el ancho y la altura de los arcos decrecieran hacia los lados, a partir del arco central. El ara de consagración actual es copia del original, que se conserva en el Museo Arqueológico de Oviedo y perteneció a la iglesia de San Miguel de Lillo.

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