Los conflictos del Golfo

Fecha: Fecha: 22-11-1980 - Actualidad



Comentario

Desde hace más de un siglo, el Oriente Próximo ha sido uno de los focos más conflictivos del mundo. Dominado por el Imperio Otomano, la caída de éste tras la I Guerra Mundial aceleró la entrada de las potencias extranjeras. Éstas se repartieron los territorios desgajados del Imperio Otomano según sus intereses económicos o estratégicos. Partieron tribus, clanes y familias y trazaron a regla y cartabón fronteras artificiales. Así las cosas, el descubrimiento de petróleo no hizo sino intensificar los odios e injerencias extranjeras.
El reparto impuesto por las potencias es la fuente de los problemas que agitan Oriente Medio. La fundación de Líbano, Siria, Israel, Jordania, Irak y Kuwait, creando los problemas palestino y kurdo, entre otros, originará un avispero aún sin solucionar. El resultado son ochenta años de guerras, de inestabilidad, de dictaduras y de atraso.
Uno de los focos principales de conflicto es Irak, un territorio unido contra natura, trazado por el imperialismo. Mosul, al norte, estaba habitado por turcomanos y kurdos, mientras que las provincias de Bagdad y Basora era árabes. Pero el mayor problema es de índole religiosa, pues en Irak se encuentran representadas las dos principales ramas islámicas: chiíes y sunníes.
Por si todo ello fuera poco, Irak ha vivido ocho décadas de dictaduras y gobiernos absolutistas, incluida la presidencia de Saddam Hussein. Éste subió al poder en 1968 y pronto se acercó a la Unión Soviética, especialmente cuando, tras la Guerra de los Seis Días, Bagdad rompió relaciones con Washington. Así continuaron las cosas hasta que en 1977 se produjo en Irán el asalto a la embajada americana. En respuesta, la Administración Carter comenzó a acercarse a Saddam Hussein, suministrando armas que habrían de facilitar el ataque iraquí sobre Irán. Éste será el primer gran conflicto en el Golfo Pérsico.
En 1979, triunfó en Irán la revolución islámica capitaneada por el ayatollah Jomeini, provocando la huida del Sha Reza Pahlevi -monarca promotor de la occidentalización de Irán, y aliado de EEUU.
La revolución islámica puso en guardia, como es lógico, a los Estados Unidos, pero también a la URSS, que sentía amenazada su influencia en la zona, y en especial a las demás monarquías del Golfo, es decir, Arabia Saudita, Kuwait, Bahrain, Qatar, Oman y la Unión de Emiratos Arabes, que veían con miedo la determinación chiíta de exportar su revolución.
Ante esta inestable situación, Saddam Hussein pensó que atacar a Irán sería una oportunidad para consolidar su poder en Iraq y convertirse en el nuevo hombre fuerte del Golfo. Para declarar la guerra se esgrimieron viejas disputas fronterizas, pues, al independizarse, Irak tenía soberanía total sobre el canal de Shatt al Arab, donde confluyen los ríos Tigris y Eufrates por un corto trayecto antes de desembocar en el Golfo, único acceso iraquí al mar.
Finalmente, en 1980 Iraq invadió Irán. El ataque iraquí pronto quedó atascado, e Irán pudo contraatacar en dirección a Kirkuk y sitiar Basora. Con la guerra detenida, Iraq lanzó un ataque químico a lo largo de la frontera, ganándose la condena internacional.
Después de ocho años, la guerra terminó sin vencedores ni vencidos y con ambos países empobrecidos. Los observadores occidentales estiman que aproximadamente 262.000 iraníes y 105.000 iraquíes murieron en la lucha.
La guerra entre Irán e Iraq había generado en este país graves dificultades económicas internas y aumentado su deuda, pero no había significado para él una derrota. Por el contrario, los iraquíes consideraban que podían haber vencido a su vecino y su lider, Saddam Hussein, convenció a los iraquíes de que estaban llamados a desempeñar una función hegemónica en la región. El resultado de todo ello será la invasión del vecino emirato de Kuwait, país productor del 13% del petróleo mundial y con una renta per-cápita de más de 11.000 dólares.
La invasión iraquí comenzó el 21 de julio de 1990, cuando 30.000 hombres avanzaron desde Basora hacia Kuwait, acompañados de tres divisiones acorazadas y cuatro de infantería. El Ejército kuwaití sólo pudo ofrecer alguna resistencia a las puertas de Kuwait City y en al Jahrah, rápidamente superada. Caída la capital, desde Basora llegaban nuevos refuerzos iraquíes, mientras que se enviaban tres divisiones acorazadas a tomar los campos petrolíferos de Al-Burqan y defender la frontera con Arabia Saudí. La invasión de Kuwait se había producido en poco más de veinticuatro horas.
La invasión iraquí provocó el rechazo internacional. Estados Unidos y la coalición internacional que encabezaba realizaron un formidable despliegue junto a la frontera sur del Emirato. Desde el 17 de enero de 1991 la aviación aliada bombardeó Iraq durante 38 días. El 24 de febrero comenzó la ofensiva terrestre. Las tropas de la coalición cercaron por el norte a los iraquíes y cortaron sus suministros. Una segunda ola completó el círculo mientras una tercera línea de ataque cruzó el sur de Kuwait.
El 26 de febrero Kuwaiy City fue liberada. La ofensiva aliada obligó a las tropas iraquíes a replegarse. En su huida, doscientos pozos petrolíferos resultan incendiados. El día 27 de febrero, las tropas norteamericanas cercan Basora por el Este como paso previo a la toma de Bagdad. Sin embargo, un día más tarde los aliados detienen su avance en el sur de Iraq. Hussein había decidido aceptar las resoluciones de la ONU y retirar sus tropas de Kuwait; la guerra había terminado.
La primera Guerra del Golfo acabó con la derrota de Iraq y su desalojo de Kuwait pero, para asombro general, las columnas acorazadas americanas no continuaron hasta Bagdad y se permitió a Saddam Hussein permanecer en el poder. Washington temía la desestabilización del país y de toda la región. Un mes después de acabar la guerra, los aliados establecieron una zona de exclusión aérea por encima del paralelo 36, para proteger a la minoría kurda, y, más tarde, otra, al sur del Paralelo 33, para proteger a los chiíes. Además, el país fue sometido a un durísimo embargo, que empobreció especialmente a su población.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York situaron a Saddam en el centro del huracán, acusado por la Administración Bush de instigar el terrorismo internacional y de producir armas de destrucción masiva. Pese a la inexistencia de pruebas, finalmente el 20 de marzo de 2003 Estados Unidos y Gran Bretaña bombardearon Mosul, Bagdad y Basora. Al día siguiente comenzó el avance por tierra desde el sur, abriéndose más tarde el frente norte. La capital, Bagdad, verá los combates decisivos.
La capital iraquí se encontraba resguardada por seis divisiones de la Guardia Republicana iraquí. Los americanos situaron a sus tropas al sur, con los marines el área del río Tigris y el 3º de Infantería sobre el Éufrates.
La toma de Bagdad fue más fácil de lo esperado. El 3º de Infantería cayó directamente sobre el Aeropuerto Internacional, mientras que los marines avanzaron sobre la capital en un doble movimiento, tomando Hilla, por la izquierda, y aniquilando a dos divisiones iraquíes, por la derecha.
El 9 de abril Bagdad es definitivamente tomada. La lucha pronto cesa en Basora y Tikrit, el último bastión iraquí, cae el día 14. Aunque la guerra no ha acabado oficialmente, los combates casi han concluido, al estar controladas las poblaciones principales.
La segunda Guerra del Golfo provocó oleadas de indignación en la opinión pública mundial, que no percibió en las razones esgrimidas por Estados Unidos una razón suficiente para emprender una guerra. Las armas de destrucción masiva no han sido localizadas, ni se han demostrado los vínculos de Saddam Hussein con el terrorismo internacional.
Además, parte de su población permanece resistente ante la ocupación estadounidense y británica. El número de muertos en atentados crece cada día. La paz, en un país situado en una encrucijada de intereses y empobrecido por décadas de guerras, está lejos de ser alcanzada.

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