El Camino de Santiago

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Comentario

El descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago en Galicia convertirá a Compostela en el principal centro de peregrinación del oeste europeo. Santiago estuvo predicando en tierras de Hispania, y tras su muerte en Jerusalén, sus discípulos llevaron su cuerpo al lugar donde había predicado.
El auge de las peregrinaciones durante la Edad Media supondrá la creación de una serie de rutas que tienen su origen en Francia y como destino la catedral compostelana.
Partiendo de las ciudades francesas de Arles, Le Puy, Orleans y Vezelay, la Ruta Jacobea se introduce en España a través de Roncesvalles y Jaca. El camino discurre por tierras de Navarra, Aragón, La Rioja, Castilla y León, para atravesar Galicia y llegar a Santiago. Ésta es la ruta más popular, el llamado Camino Francés.
Pero existen otros caminos que nos llevan a Compostela. El llamado Camino del Norte discurre por el País Vasco, Cantabria y Asturias hasta llegar a Santiago cruzando la provincia de Lugo. Otra ruta cruzaba Portugal y otra, que sigue la antigua Vía de la Plata, parte de la ciudad de Sevilla para dirigirse al mismo destino.
El Camino irrumpe en la Península por tierras navarras. Roncesvalles es el punto de partida de nuestra ruta. Su nombre evoca la legendaria derrota sufrida por Carlomagno frente a los vascones. Desde aquí, entre bosques y pastos, el peregrino llega a Pamplona. Fundada por Pompeyo el Grande, se convertirá en la capital del próspero reino medieval de Navarra. El viajero pronto se encuentra ante su magnífica catedral gótica, construida en el siglo XIV.
Nuestros pasos se dirigen ahora hacia Puente la Reina, una de las villas principales del Camino. Aquí se unen la ruta por la que estamos avanzando con la procedente de Somport. El viajero que llega desde tierras aragonesas ha dejado atrás dos importantes hitos jacobeos: Jaca y Sangüesa. Jaca fue capital del reino de Aragón y sede episcopal en el siglo XI. De esta época de esplendor aún se conserva la catedral, una de las joyas del Románico peninsular.
Bordeando las estribaciones pirenaicas y siguiendo el cauce del río Aragón llegamos a Sangüesa, villa nacida por y para el Camino. Alfonso I donó a los caballeros de San Juan la iglesia de Santa María. En su fachada sur podemos contemplar uno de los mejores conjuntos escultóricos de España.
El puente que da nombre a la población de Puente la Reina fue construido en el siglo XI. Tras cruzar sus siete arcos, los peregrinos se dirigen hacia Estella. Fundada por y para la peregrinación por el rey Sancho Ramírez en el año 1090, en esta villa navarra conservamos un buen número de edificios de origen medieval.
Atravesando bosques y tierras de labor llegamos hasta Viana, última población de Navarra. Plaza fuerte situada en alto y sólidamente defendida, en el interior de sus murallas sobresalen importantes muestras arquitectónicas.
Nuestra siguiente etapa discurre por tierras de La Rioja, tierra de ricos vinos, buena mesa y bellos parajes. Pronto llegamos a su capital, Logroño, bañada por el río Ebro. La concatedral de Santa María la Redonda fue erigida en el siglo XVI sobre una pequeña iglesia románica de planta octogonal, de ahí su apelativo.
Cruzamos nuevos bosques de pinos y campos de cultivo para llegar a Nájera. Fundación musulmana, fue convertida por Sancho III de Navarra en capital de su reino tras ser conquistada.
El monasterio de Santa María la Real es el edificio más importante de la ciudad. Erigido por García IV, las partes más vistosas del cenobio son de estilo gótico.
Entre las sierras de la Demanda y de Cantabria, el camino nos lleva entre labrantías hasta Santo Domingo de la Calzada. Lleva el nombre de su fundador, Domingo, fundador de puentes y hospederías. La catedral fue construida durante los siglos XIII y XVI, realizándose importantes obras de reforma en estilo barroco.
Campos de cereales atravesados por pequeños arroyos y dispersos robledales nos conducen a tierras de Castilla. Belorado es la primera villa castellana por la que pasa el Camino. Levantada en un barranco del río Tirón, bajo la sombra de un farallón donde se alzaba un majestuoso castillo, Belorado alberga el Centro Digital de Promoción Jacobea.
El viajero debe internarse en los tupidos bosques de los Montes de Oca para llegar a San Juan de Ortega. Aquí, en uno de los puntos más inhóspitos del monte, fundó Juan de Quintanaortuño un hospital para los peregrinos y un complejo monástico. Durante toda la Edad Media este centro de peregrinación permaneció activo, si bien sin alcanzar el prestigio adquirido en época de su fundador.
Burgos es nuestro siguiente lugar de destino. Fundada en el año 884 por Alfonso III, el desarrollo y la prosperidad económica de la ciudad está ligada a la Ruta Jacobea. La gran referencia visual es la Catedral de Santa María, una soberbia construcción gótica rematada por las agujas levantadas por los Colonia. Extramuros se edificaron importantes instituciones religiosas, como Las Huelgas o la cartuja de Miraflores.
Atravesando llanuras de cereales, surcadas por pequeños arroyos, nuestros pasos se dirigen a Frómista. En esta villa palentina se alza la iglesia de San Martín, una de las mejores muestras del románico en la Península, a pesar de la severa restauración llevada a cabo en el siglo XIX.
El peregrino se dirige ahora hacia Carrión de los Condes, cruzando por la palentina Tierra de Campos. La capital de esta región es otro de los hitos importantes de la Ruta. Sus calles están cuajadas de cruciales edificios de diferentes épocas, joyas artísticas en las que merece la pena detenerse.
Dejamos atrás tierras palentinas para adentrarnos en la provincia de León. Sahagún es la primera localidad a la que llegamos. Aquí se alzaba el monasterio cluniacense más importante de España. Mejor conservadas están las iglesias de San Tirso y San Lorenzo. Construidas en ladrillo, sus esbeltas torres son la imagen más popular de la villa.
Los páramos leoneses, cubiertos de cereal, nos llevan hasta la capital. León fue fundada en el año 69 de nuestra era como asentamiento legionario romano. El esplendor urbano coincide con el auge de las peregrinaciones medievales. La catedral, dedicada a Santa María de la Regla, preside la ciudad. Se trata de una de las joyas del gótico hispano, en sintonía con los templos franceses, especialmente por la luminosidad interior que proporcionan sus más de cien ventanales. Otra de las joyas leonesas es la Colegiata de San Isidoro, edificio de mediados del siglo XII en el que se encuentra la "capilla sixtina" de la pintura románica española.
De nuevo en el páramo leonés nos dirigimos a Astorga, capital de la Maragatería. Fundada en época romana, en la ciudad sobresalen dos monumentos: la catedral y el palacio episcopal. La primera fue construida en el siglo XV sobre una fábrica románica y en su interior destaca el sensacional retablo de Gaspar Becerra. El palacio episcopal se debe a Antoni Gaudí, siguiendo el estilo neogótico de las obras de su primera etapa.
El peregrino se enfrenta ahora a los montes de León, ascendiendo hasta la milenaria Cruz de Hierro. Desde esta cota se inicia el descenso hasta la comarca del Bierzo, deteniéndonos en su capital: Ponferrada. El nacimiento de la urbe se asocia al río que la baña, el Sil, atravesado por un puente que dio nombre a la localidad. En un promontorio se erige el castillo de los Templarios que, majestuoso, preside la villa.
Una vez atravesada la fértil tierra del Bierzo iniciamos el durísimo ascenso hasta O Cebreiro. Desde aquí, Galicia se abre ante nuestros ojos. Sus tradicionales pallozas son una de las señas de identidad de la Ruta. Ahora el camino discurre por sierras y valles salpicados de pequeñas poblaciones, rodeadas de prados de hierba, tierras de labor y frondosos bosques. Imponentes monasterios, románicas iglesias o milenarios cruceiros nos reciben en las tierras del Apóstol y nos conducen hasta su lugar de enterramiento.
Cerca ya de Compostela, el Camino llega al Monte do Gozo. Ante nosotros surgen por primera vez las agujas de la catedral. Llenos de alegría, nos dirigimos a su encuentro a través del barrio de los Concheiros. La Puerta Santa es nuestro destino. En el interior de la catedral podemos disfrutar de la pureza de líneas de su estilo románico, antes de llegar al punto culminante: el Pórtico de la Gloria, realizado por el Maestro Mateo.
En el exterior, el peregrino se deja seducir por la fachada que Casas Novoa levantó en la plaza del Obradoiro, uno de los lugares más impactantes del recorrido. A esta plaza se abren otros edificios destacados, sensacionales muestras arquitectónicas de diferentes épocas y estilos.
Tras haber recorrido los más de 800 kilómetros que separan Francia de Compostela, el moderno peregrino puede sentir en su propia piel las mismas sensaciones que aquellos romeros medievales que, para expiar sus pecados, debían viajar a la tumba del Apóstol. El tiempo parece haberse detenido. Santiago el Mayor, el Hijo del Trueno, se ha adueñado de nuestros corazones.

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