Barcelona, ciudad única

Fecha: Lugar: Barcelona



Comentario

Barcelona es una ciudad de contrastes, una urbe viva y múltiple, que se transforma a medida que pasan las horas del día o los meses del año. Cosmopolita y bimilenaria, Barcelona dirige su mirada al Mediterráneo, sin abandonar los lazos con la tierra de Cataluña, de la que es capital. De esta manera, Barcelona se convierte en una ciudad única.
Fundación romana de época del emperador Augusto, el primitivo foro urbano se situaba en la actual plaza de Sant Jaume, centro político de la ciudad. Aun hoy podemos admirar algunos lienzos de la muralla, fechada en los siglos III y IV de nuestra era.
Será en época medieval cuando Barcelona adquiera un papel determinante en la política de su tiempo. En el Barrio Gótico encontramos los principales monumentos de estas centurias en las que Barcelona se convertirá en una de las principales potencias mediterráneas.
El Palacio Real es un conjunto de edificios que fueron residencia de los reyes de Aragón desde el siglo XIV. Entre éstos destaca la torre conocida como Mirador del rey Martín, así como el salón del Tinell, dos de las construcciones góticas más espectaculares de su tiempo.
La catedral es otro de los principales edificios góticos de la ciudad. Las obras se iniciaron en 1298 y fueron prácticamente finalizadas mediado el siglo XV. Presenta planta de salón, con tres naves y cabecera con girola, a la que se abren nueve capillas. Entre los contrafuertes se ubican dobles capillas. A través del claustro se accede a capilla románica de Santa Lucía.
Testigo de los principales episodios de la vida ciudadana, la plaza de Santa Jaume alberga, frente a frente, las sedes de la Generalitat y del Ayuntamiento. En el Palacio de la Generalitat encontramos interesantes muestras del arte gótico, como la entrada, el patio de las Naranjas o la capilla de Sant Jordi. La armoniosa fachada es del siglo XVI.
En el Ayuntamiento sobresale el Salón de Cent, construido por el maestro Pere Llobet hacia 1375. En esta sala se reunían los representantes populares de la ciudad. La fachada principal es una obra neoclásica purista, construida entre 1831 y 1847.
Otro de los hitos del gótico catalán lo encontramos en el barrio de la Ribera. No es otro que la iglesia de Santa María del Mar. Tiene tres naves, capilla mayor poligonal y las habituales capillas entre contrafuertes, destacando las proporciones y esbeltez de los pilares.
Fundado en 1410, el Hospital de la Santa Creu hace también referencia a un pasado esplendoroso. Junto a las salas góticas -hoy ocupadas por la Biblioteca de Cataluña- podemos admirar la antigua sala de Convalecencia, de época barroca, y el neoclásico Colegio de Cirugía, obra de Ventura Rodríguez.
Inmersa en este barrio medieval se alza una de las joyas del modernismo: el Palau de la Música Catalana, la obra maestra de Domenech i Muntaner, cuya decoración ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El pulso a la ciudad se toma en uno de sus lugares más populares: la Rambla, colorista vía que discurre entre la plaza de Cataluña y el puerto. El primer tramo, más cercano a la plaza, recibe el nombre de Rambla de Canaletas, caracterizado por sus kioscos, atestados de libros y de periódicos. El siguiente tramo es la Rambla de los Pájaros, así llamada por los puestos de venta de animales. La más concurrida de las Ramblas es la de las Flores. Las variadas tonalidades de las plantas impactan en el viajero, que para siempre guarda en su memoria esta imagen, una de las más características de Barcelona. En el tramo correspondiente a la Rambla de los Capuchinos se suceden las terrazas de hoteles, bares y restaurantes. Sobre el solar del antiguo convento de capuchinos que da nombre a esta zona se abre la Plaza Real, conjunto de uniformes edificios porticados donde se hallan las más populares cervecerías de la ciudad.
Este tramo de Rambla está presidido por el Gran Teatro del Liceu, reconstruido tras el espectacular incendio que en 1994 destruyó su auditorio y escenario. En sus cercanías encontramos una de las primeras obras de Gaudí: el Palau Güell, donde se incorporan interesantes notas modernistas. Destaca su espectacular salón principal, coronado a los 17 metros y medio con una espectacular cúpula perforada de 9 metros cuadrados.
El gran Monumento a Colón cierra el paseo. Proyectado por Cayetano Buigas en 1886, la figura del almirante corona una columna de hierro de 50 metros de altura, convirtiéndose en una de las señas de la ciudad que se abre al mar.
Las antiguas Atarazanas son uno de los testigos del esplendor del comercio marítimo y de la marina catalana en la Edad Media. Construidas en el siglo XV, en el interior de sus amplias naves góticas encontramos el Museo Marítimo.
También en las cercanías del puerto se halla otro de los exponentes del desarrollo económico medieval: el edificio de la Lonja de Contratación, cuyo interior gótico se caracteriza por las grandes arquerías.
El puerto de Barcelona ha experimentado un proceso de transformación sin precedentes en los últimos tiempos. Buen ejemplo de ello es la urbanización del Moll de la Fusta, la construcción de la Rambla del Mar o la creación del Maremagnum, uno de los lugares más animados de la ciudad.
A los pies del mar se alza el Parque de la Ciudadela. Recibe su nombre de la fortificación militar construida por Felipe V para dominar la villa rebelde durante la Guerra de Sucesión. El alcázar fue derribado en 1869, quedando en pie algunos edificios, como el que acoge al Parlamento de Cataluña, el antiguo arsenal. El parque fue la sede de la Exposición Universal de 1888, en cuyo contexto se construyó uno de los edificios más atractivos de la zona: el Castell dels Tres Dragons, levantado por Domenech i Muntaner para albergar el restaurante de la muestra.
El crecimiento económico y demográfico de Barcelona en el siglo XIX tiene su reflejo en el Eixample. Ildefons Cerdá concebirá este espacio como una retícula de calles paralelas al mar que se cortaban por otras en perpendicular, con los ángulos en chaflán. En este barrio encontramos las mejores muestras del Modernismo en la ciudad. En la plaza de Cataluña nace el paseo de Gracia, la principal arteria del Eixample. Entre sus edificios destaca la Casa Milà, la famosa Pedrera. Gaudí propone una fachada que integra dos edificios, tratados con un criterio unitario y constituyendo un impresionante bloque pétreo, en constantes ondulaciones y oberturas.
Entre las calles de Aragó y Consell de Cent se encuentra la llamada Manzana de la Discordia. Aquí se alzan la Casa Batlló, de Gaudí; la Casa Amatller, de Puig i Cadafalch; y la Casa Lleò Morera, de Domenech i Muntaner, tres sobresalientes muestras de la arquitectura modernista.
También en el Eixample se encuentra la obra de Gaudí por excelencia: la Sagrada Familia, templo al que el arquitecto dedicó toda su vida, quedando inacabada. La iglesia encierra la propia evolución artística de su creador, destacando su verticalidad.
El Hospital de Sant Pau es la obra cumbre del otro gran arquitecto modernista, Lluis Domenech i Muntaner. Los casi treinta pabellones de rica decoración polícroma y rodeados de jardines han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La antigua villa de Gràcia es uno de los barrios que mejor mantiene su personalidad. En sus límites se encuentra otra de las obras maestras de Gaudí, el Parque Güell. Diseñado como ciudad-jardín, no se llegó a edificar en su totalidad. Quedan los edificios de acceso, la gran escalinata y la sala hipóstila, con 86 columnas dóricas, que se utilizaría como mercado. Sobre esta sala se encuentra la plaza del parque, limitada por un gran banco corrido ondulado, que es considerado como una de las mejores creaciones plásticas del arquitecto catalán.
Los 173 metros de altura de la montaña de Montjuïc la convierten en una de las atalayas de la ciudad. La primera renovación tuvo lugar en 1929, cuando se realizó allí la Exposición Internacional. Desde la plaza de España se entra en el recinto a través de una amplia avenida que nos lleva al Palau Nacional, sede del Museo Nacional de Arte de Cataluña. Sus colecciones de arte románico y gótico son únicas en el mundo. Los diferentes pabellones salpicaban la orografía del monte, destacando el conjunto del Pueblo Español, donde se reproducen obras de la arquitectura popular española.
Montjuïc vivirá su segunda renovación con motivo de la celebración en Barcelona de los Juegos Olímpicos de 1992. La ciudad se convierte en exponente arquitectónico internacional, con obras tan importantes como el Palau Sant Jordi, sensacional construcción de Arata Isozaki; la gran Torre de Comunicaciones de Telefónica, diseñada por Santiago Calatrava; o el Estadi Olimpic, que mantiene su antigua fachada pero fue renovado completamente en su interior.
Esta imagen de modernidad tiene su continuidad en los rascacielos del Hotel Arts y la Torre AGBAR, los techos de la nueva Barcelona que, con el Forum de las Culturas ha entrado de lleno en el siglo XXI.

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