La invasión musulmana

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Comentario

En el año 711, las tropas árabes y beréberes del noroeste de Africa cruzaron el estrecho de Gibraltar, derrotaron al ejército visigodo en la batalla de Guadalete y, en poco tiempo, se hicieron con el control de casi toda la península ibérica.
El rápido avance de las tropas musulmanas fue posible por la debilidad del Reino visigodo y la escasa resistencia de su ejército, aunque también contó con la ayuda de las poblaciones, descontentas con dos siglos de autoridad visigoda.
Como en el resto de los territorios conquistados, los musulmanes respetaron a la población autóctona hispanorromana, con la que convivieron pacíficamente. Esta situación facilitó que parte de ella se convirtiera al Islam, los llamados muladíes, mientras que otros, los mozárabes, mantuvieron la fe cristiana.
La expansión musulmana se basó en el establecimiento de guarniciones diseminadas por el territorio, fundamentalmente junto a poblaciones cercanas a las zonas de frontera o a posibles focos de resistencia.
Los conjuntos urbanos, muy variados en tamaño y población, se ubican generalmente en zonas altas y escarpadas, para facilitar su defensa. El urbanismo es abigarrado, con calles estrechas y laberínticas, aunque los barrios aparecen ordenados según su función o actividad. Generalmente una muralla rodea a la población, si bien el crecimiento de ésta hace que muchas casas acaben por situarse extramuros.
La fortaleza militar, llamada alcalá, alcázar o alcazaba, se encuentra en la zona más alta. Cuenta con altos muros y torreones desde los que es fácil vigilar el territorio y organizar la defensa. En el patio interior, la guarnición se prepara para sofocar cualquier ataque o rebelión, muy frecuentes a lo largo de todo el periodo de dominación musulmana. Los soldados también controlan las escasas puertas de acceso a la ciudad, auténticos puntos vitales para evitar un ataque exterior.

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