Emerita Augusta

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Comentario

La ciudad romana de Emerita Augusta fue fundada en el año 25 antes de Cristo. La principal razón para su fundación era que la naciente colonia romana era un enclave estratégico en medio de tierras difíciles. Su valor añadido era el fácil paso del Guadiana, sobre el que se construyó un magnífico puente que ponía en comunicación las tierras de la Baetica con las del noroeste peninsular, vitales para Roma.
A lo largo del siglo I d. C., la ciudad, a la que se dotó de un extenso territorio de casi 20.000 kilómetros cuadrados, fue cobrando cierta importancia: se construyeron nuevas áreas y se desarrollaron otras que hicieron de Emerita una de las ciudades más importantes de la Hispania romana. A ella acudieron gentes procedentes de diversos lugares de Lusitania, de otras provincias hispanas y de diversas zonas del Mediterráneo: Galia, Italia y el área grecoparlante, fundamentalmente.
La época de los flavios y el comienzo del período de los emperadores Trajano y Adriano supone un momento de esplendor. Es entonces cuando se acometen considerables proyectos de reforma en los más señalados monumentos de Emerita: el Teatro y algunos edificios del foro municipal. Esta reactivación monumental se plasmó en la construcción de lujosas residencias, como las casas de la Torre del Agua y del Mitreo.
El esplendor continuó durante el período de Antonino, con la ejecución de diversos complejos de tipo religioso, como el templo de Marte, o el santuario consagrado a las divinidades orientales que se emplazó en el cerro de San Albín.
Que la vida en Emerita era floreciente y que se había formado una clase social pudiente y culta lo pone de manifiesto el hecho de que los talleres de escultura no dieran abasto a las continuas demandas de los emeritenses a lo largo de los siglos I y II después de Cristo.
Con Diocleciano, en el siglo III, es cuando se inicia la ascensión irresistible de la ciudad, que será citada entre las urbes más preclaras de su tiempo. Emerita fue el lugar de residencia de la máxima autoridad política de la Península, el vicarius de la diócesis de las Hispanias. La antigua colonia se convierte así en la capital de Hispania y de parte del Norte de Africa, y en sede de un centro administrativo y jurídico de primer orden.
Se observa, también, una auténtica eclosión urbana. Emerita se extendió con la creación de nuevas zonas, ubicadas por lo general a lo largo de las calzadas que salían de la ciudad. También se reconstruyeron diversos edificios públicos, como el Teatro y el Circo, y se edificaron numerosas mansiones, como la Casa del Anfiteatro, Huerta de Otero, Alcazaba, etc, que con sus magníficas decoraciones muestran un importante florecimiento cultural, motivado por la presencia de un buen número de intelectuales.

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