La India

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Comentario

La India, el segundo país en población después de China, es la cuna de una cultura milenaria, de las lenguas más antiguas que se conocen en el planeta y de gran cantidad de religiones y formas de pensamiento aún vigentes. Su vasto territorio ha albergado a multitud de pueblos, etnias y religiones, que durante siglos han aprendido a convivir dando lugar a una espléndida cultura.
La civilización India abarca una realidad geográfica determinada, la península del Indostán, que engloba actualmente tres países diferentes: la India, Pakistán y Bangla Desh. Con forma de triángulo invertido, el cabo Comorín, su punto más meridional, separa las dos costas indias: la Malabar, bañada por el mar Arábigo, y la costa Coromandel, abierta al golfo de Bengala. Al norte, el imponente Himalaya, con el Karakorum y el Hindu Kush, cierra la península. Grandes ríos la cruzan, como el Indo, el Ganges, el Brahmaputra, el Godavari o el Kistna. Sus aguas, alimentadas por el Monzón, hacen crecer ciudades populosas, como Calcuta, Kanpur, Delhi o Bangalore.
La historia de los orígenes de la civilización de la India constituye un gran enigma. A partir del III Milenio, en el valle del Indo se desarrolló una floreciente civilización, comparable a la de Mesopotamia. Esta cultura contó con importantes asentamientos como Mohen-jo Daro, Lothal o Harappa, quien da nombre a toda la cultura. La ciudad de Mohenjo-Daro resulta sorprendente por su compleja red de infraestructuras y su alto desarrollo urbanístico.
Probablemente a partir del año 1800 a.C. comienza la invasión de los pueblos arios, de procedencia debatida. Entre los siglos VII y VI se crean numerosos principados tribales a lo largo del Ganges, siendo el más importante el de Magadha. En el siglo VI nacieron Buda y Jina, fundadores del budismo y del jainismo, respectivamente, dos religiones que jugarán un papel fundamental en la cultura india. La expedición de Alejandro Magno a la India, en el año 326 a.C., produjo la entrada de la influencia griega en la región.
La dinastía Maurya, que gobernó en la India entre los años 322 y 187 a.C. configuró el primer imperio bien documentado. El emperador residía en Pataliputra, desde donde gobernaba sobre las capitales provinciales: Taxila, Tasali, Ujjain y Suvarnagari. Los gobernantes maurya son los creadores del primer arte indio. Su religión oficial, el budismo, se sirvió del arte para hacer llegar de forma gráfica a todos los habitantes del imperio los ideales y las normas del gobierno.
Pero la principal aportación del arte maurya es el stupa, un tipo de monumento funerario que conmemora la muerte de Buda y es a la vez un símbolo cósmico, una reproducción de la estructura del universo. Entre los stupas más conocidos, el nº 1 de Sanchi es uno de los más representativos del arte indio.
El siguiente gran momento de la civilización india es el llamado imperio gupta, entre los siglos IV y V d.C. El imperio, a partir de un pequeño núcleo inicial en el valle del Ganges, se extendió por casi todo el norte de la India actual. La estabilidad social, la tolerancia religiosa, la paz continuada y el enriquecimiento económico dieron lugar a uno de los periodos más brillantes de la historia de la humanidad, en el que se realizaron las pinturas de Ajanta, la "Capilla Sixtina de Oriente".
En la escuela de Sarnath, la capital intelectual de Asia, la plástica budista llegó a su momento álgido, mientras que la rica literatura escrita en sánscrito produjo joyas como el Kamasutra, representación filosófica y simbólica del amor carnal.
En el año 510 se produce la entrada de los hunos en la India, que imponen un dominio cruel sobre Punjab, Cachemira, Rajastán y el oeste de Uttar Pradesh. Esto supone la pérdida de la hegemonía gupta, en el norte y, podo después, de los Vakataka, en el sur. La caída de los grandes patrones del budismo hace que éste quede confinado a tres pequeñas áreas, Cachemira, Bihar y Bengala. Al mismo tiempo, el resto de la India es testigo del triunfo del hinduismo.
A partir del siglo VII la India aparece dividida en multitud de reinos regionales de difusas fronteras, siendo las más importantes las dinastías Pala y Sena, en el norte, y Cola, en el sur. En este periodo, llamado a veces Medievo indio, se configuró el arte hindú y llegó a su máxima expresión la técnica escultórica, empleada básicamente para decorar los templos, dedicados en un principio a la terrible figura del dios Siva. También ahora el arte jaina alcanza su momento más fecundo y glorioso.
A finales del siglo XII comienza la era musulmana en la India. El alminar de Qutb, en Delhi, es uno de los primeros edificios islámicos en suelo indio. Los contactos culturales con el mundo árabe hicieron que se incorporaran a las matemáticas árabes los numerales indios, entre los cuales se incluía el cero, así como el sistema decimal.
A comienzos del siglo XVI llegan a la India los mogoles, provenientes de las estepas del Asia central y originarios de Mongolia. En 1605 el imperio mogol controla casi la mitad de la India, extendiéndose a la práctica totalidad hacia 1700. La época del imperio mogol deja en la India importantes monumentos, como el Mausoleo de Humayún, en Delhi, o el de Mausoleo de I'timur al-Dawla, en Agra. Pero la auténtica joya del arte mogol en la India es el Taj Mahal.
Construido en mármol blanco veteado y translúcido, el edificio responde al deseo de Shah Jahan de construir un mausoleo en memoria de su esposa Mumtaz Mahal, de la que estaba perdidamente enamorado. Jade de China, calcedonia de Egipto y perlas y ámbar de Damasco fueron empleados por veinte mil obreros, que trabajaron, de día y de noche y a lo largo de veinte años, en la construcción de este auténtico "Poema de Amor en piedra".
A partir del 1700 comienza el declive mogol. La rica y próspera India observa desde hace tiempo cómo en sus costas se asientan enclaves comerciales portugueses, franceses, holandeses y británicos. En 1857 el imperio mogol dejaba de existir y la India pasaba a estar controlada por Inglaterra. La perla de la Corona británica finalmente consiguió su independencia en 1947, gracias a líderes como Nehru o Gandhi.
La India, país heterogéneo y complejo, donde conviven lenguas, religiones y culturas diferentes, ha sabido ser también un mundo volcado en la sensualidad, con magníficas dotes para la construcción de templos exuberantes. En definitiva, se trata de una civilización en la que conviven con fuerza pasado y presente, haciendo que los hombres y las formas adquieran un talante tolerante, siempre abierto a la llegada de nuevas influencias.

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