Baños romanos

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Comentario

Los hábitos higiénicos propios del mundo romano generan en las ciudades hispanas la construcción de conjuntos termales públicos. Las termas se organizaban en torno a las clásicas tres piscinas: frigidarium, de agua fría, tepidarium, templada y caldarium, caliente.
Los baños romanos eran populares centros de reunión. En ellos, los habitantes de las ciudades disponían de tiendas, bibliotecas, jardines y palestras, destinadas a los ejercicios gimnásticos.
Los ciudadanos adinerados pasaban allí buena parte de su tiempo, que empleaban en charlar, entretenerse con juegos de mesa, o hacer ejercicios con pesas y balones medicinales. También los pobres asistían a los baños públicos, pues la entrada no resultaba cara, siendo incluso gratuita para los niños. Los ricos eran asistidos por esclavos o por empleados de los baños. En general, los bañistas eran gente ruidosa que cantaba, gritaba o gruñía con los golpes de los masajistas.
El baño romano resultaba todo un ceremonial. Los bañistas pasaban por tres o cuatro clases de baños, según fuera con agua caliente, fría, se realizara en seco o se utilizara vapor. Pasadas estas fases, se volvía al frigidarium, la piscina de agua fría.
En los baños no se utilizaba el jabón. En su lugar los bañistas se untaban la piel con aceite, siendo muy apreciado en todo el Imperio el procedente de Hispania. Pero los baños eran también el lugar favorito para las relaciones sexuales, ofreciendo sus servicios tanto hombres como mujeres.

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