Roma

Fecha: Fecha: -753 - 476
Lugar: Roma



Comentario

Según la leyenda, Roma fue fundada en el año 753 a.C. por los gemelos Rómulo y Remo, que habían sido amamantados por una loba. Roma se situó a orillas del Tíber, en un punto donde el río se estrecha. Asentada sobre el monte Palatino, era un lugar de paso para rutas comerciales como la Vía Salaria y otras calzadas.
En su origen, Roma fue una aldea de pastores provenientes del los montes Albanos y Sabinos. En algo más de 200 años, los romanos conseguirán liberarse de los etruscos. Poco a poco iniciarán su expansión, primero por la costa del mar Tirreno; más tarde ocupando toda la Italia central y, finalmente, tomando la Magna Grecia.
En la Historia de Roma se distinguen tres grandes periodos: Monarquía, República e Imperio.
La Monarquía se extiende desde el siglo VIII hasta finales del siglo VI a.C. Época de fuerte influencia etrusca, en ella surge el Estado romano y se crea un nuevo sistema político.
En el año 509 a.C. los romanos, libres ya del yugo etrusco, instituyeron la República. En el siglo III, una vez conseguida la unidad de Italia, comienza la expansión del Estado romano por el Mediterráneo, en la que los romanos deberán derrotar a su gran rival, Cartago, en las llamadas guerras púnicas. La primera de ellas, entre los años 264 y 241 a.C., se salda con el paso a manos romanas de las islas de Córcega, Cerdeña y Sicilia.
En la Segunda Guerra Púnica, el cartaginés Aníbal derrotará a los romanos en Tesino, Trebia, Trasimeno y Cannas. En respuesta, Publio Cornelio Escipión partió en dirección a Hispania y venció a los cartagineses en Ilipa. Con la batalla de Zama, en el año 202, Roma vencerá a su principal enemigo, convirtiéndose en la primera potencia del Mediterráneo.
En la Roma republicana, el Foro era el centro de la vida política y pública. Atravesado por la Cloaca Máxima, que vertía sus aguas en el Tíber, cerca se encontraba el templo de Vesta, en el que las sacerdotisas debían mantener el fuego sagrado. En el periodo republicano, además, se construyeron otros importantes templos.
La gran figura de la Roma republicana será Cayo Julio César. En el año 59 a.C. César conquista las Galias, iniciando un periodo de expansión que hará que Roma, a su muerte en el año 44 a.C., controle prácticamente todo el Mediterráneo, desde Hispania hasta Siria. La armada romana, la más poderosa del momento, hace llegar a sus temibles legiones a los puntos más alejados del Mediterráneo. Sus campamentos se establecen en las provincias bajo control y consiguen imponer el poder de Roma por todo el territorio.
Aclamado por el ejército, César tiene sin embargo muchos enemigos, siendo asesinado en el año 44 a.C. Acto seguido se inició un periodo de lucha por el poder, que sólo terminó cuando Octavio derrotó a Marco Antonio y Cleopatra en el año 31 a.C. Cuatro años más tarde, el Senado le otorgó el título de Augusto, aceptando también el de imperator. De esta forma se produjo la transición de la República al Imperio, una institución que iba a cambiar la faz de Roma.
Con Octavio Augusto el Imperio romano comienza una etapa de esplendor. Octavio y sus sucesores, como Trajano, llevarán las fronteras del Imperio mucho más allá de lo legado por César, añadiendo nuevos territorios en Africa, Hispania, Britania, Europa Oriental, Dacia, Anatolia y Egipto.
El imperio romano floreció durante cuatro siglos. Roma se convirtió en el centro del mundo conocido, una metrópolis rica, poderosa y refinada, con más de un millón de habitantes. En su centro, desde la columna triunfal de Trajano, de 28 metros de altura, hasta la inmensa arena del Coliseo, se erguían magníficos templos y edificios públicos.
El Coliseo, uno de los más importantes edificios de Roma fue comenzado a construir por orden de Vespasiano hacia el año 71. Con forma elíptica y 188 metros en su lado mayor y 155 en el menor, podía acoger hasta 50.000 espectadores, que disfrutaban viendo las evoluciones de los gladiadores sobre la arena.
Los Foros siguieron siendo el centro de la vida de Roma, como durante el periodo republicano. Grandiosos, salpicados de majestuosas construcciones, estatuas de dioses y héroes embellecían el magnífico espacio urbano.
Junto al coliseo o anfiteatro, otra de las diversiones favoritas de los romanos es el circo, el lugar donde se desarrollaban algunos espectáculos, como las carreras de cuadrigas. El Circo Máximo, el más importante de Roma, sirvió de modelo para otros levantados en las ciudades de provincias, como el de Tarraco, en Hispania.
La vida urbana constituyó la base de la rápida romanización del Imperio. Junto a Roma, a lo largo del Imperio surgieron importantes urbes como Emérita Augusta, Cartago, Alejandría, Antioquía o Éfeso. Una amplia red de calzadas unía el tejido urbano, facilitando el contacto entre Roma y el resto de las poblaciones.
El modo de vida urbano se basaba en el modelo que la propia Roma ofrecía. Los romanos vivían, trabajaban y comían en las calles, con un ruido ensordecedor. Los enormes edificios, de cuatro y cinco plantas, tenían en su parte baja comercios. Junto a estos edificios, los ciudadanos adinerados vivían en casas espaciosas, con varias habitaciones decoradas con mosaicos y muebles elegantes. El atrio, el lugar más importante de la casa, solía tener un estanque en su centro. En el patio exterior, llamado peristilo, los señores podían pasear y sentarse a la sombra de los árboles en los días soleados.
Las ciudades romanas se dotaron de grandes obras públicas para hacerse más habitables. Los espacios ciudadanos fueron embellecidos con arcos monumentales, como los de Tito o Septimio Severo, ambos en Roma. Esta práctica se extendió a lo largo del Imperio, erigiéndose majestuosos arcos como el de Bará, en Hispania. Éste, levantado a finales del siglo I, tiene 14,65 metros de altura, 11,84 metros en la fachada y 3,7 los laterales.
Otras obras públicas al servicio de las ciudades fueron aún más impresionantes, como los teatros, anfiteatros o circos, construidos para el ocio. La higiene pública de las ciudades fue atendida por medio de la construcción de redes de alcantarillado, termas o acueductos, que abastecían de agua corriente a las poblaciones. El monumental acueducto de Segovia, del siglo I d.C., fue edificado con una altura máxima de 28 metros y medio y 818 metros de largo. Para su construcción, fueron necesarios 20.400 bloques de piedra, unidos sin ningún tipo de argamasa.
Fuera de las casas, el lugar preferido por los romanos para su esparcimiento y reuniones eran las termas. Lugar espléndido y elegante, solían tener las paredes recubiertas de mármol. Había en ellas baños de agua fría, caliente o vapor. Allí acudían al atardecer todos los hombres. Charlaban con los amigos, paseaban, hacían gimnasia con balones medicinales o se hacían dar un masaje.
El mundo romano imperial floreció durante cuatro siglos, pero cuando los ejércitos de las provincias cobraron fuerza, estalló la guerra civil, en el siglo III d.C. Para mejorar la administración del Imperio, en el año 293 Diocleciano establece la tetrarquía, repartiendo el territorio entre dos augustos y dos césares. Diocleciano recibió Oriente; Maximiano, Italia y Africa; Constancio Cloro se quedó con Hispania, Galia y Britania; y, por último, Galerio recibió Iliria, Macedonia y Grecia. Reunificado en el año 324 gracias a Constantino, en el 395 vuelve a dividirse, esta vez en dos partes, Oriente y Occidente, con capitales en Bizancio y Roma, respectivamente.
Sin embargo, la presión de los pueblos bárbaros, establecidos en las fronteras, atenaza a un mundo romano en plena decadencia. Roma será saqueada por sucesivas oleadas de visigodos, hunos y vándalos. En el año 476 el último emperador romano de Occidente es depuesto, finalizando una larga historia en la que Roma, la ciudad eterna, ha sido la cabeza del mundo.

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