El martirio de san Felipe de Ribera

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Comentario

El Martirio de San Felipe es una de las obras más importantes de Ribera. Pintada en 1639, el cliente podía ser el propio monarca Felipe IV.
En el centro de la composición se halla el santo, en una forzada postura donde sobresale su acentuada caja torácica al elevar los brazos. En el realista rostro de san Felipe encontramos una suave resistencia al martirio. La zona de la izquierda está ocupada por las inmensas figuras de los sayones, destacando el esfuerzo físico que realizan al izar el travesaño de la cruz. Son figuras escorzadas en las que sobresale la sensación de movimiento. Un tercer sayón se encuentra en la zona de la derecha, también en una postura escorzada, esta vez agachado para poder estirar la pierna del mártir. Sobre este personaje podemos observar un grupo de atentos espectadores del martirio, tratados dentro del más absoluto naturalismo tal y como observamos en sus rostros o sus brazos.
En el fondo de la composición se encuentra un segundo grupo de espectadores presididos por la figura de la madre que sostiene a un bebé entre sus brazos, dirigiendo la mirada al espectador. Como el anterior grupo, se trata de personajes de la calle, cuyos rostros y ropajes están pintados con el máximo realismo.
La composición se organiza a través de una acentuada aspa formada por el cuerpo del santo, destacando los escorzos de los personajes
La escena se desarrolla al aire libre, las figuras reciben la luz del sol, que en el caso de las mujeres de la zona izquierda desdibuja los contornos, dando sensación de atmósfera, gracias a la influencia de la Escuela veneciana. El naturalismo inspirado en Caravaggio se ha perdido en cuanto a los tratamientos lumínicos, pero no en las figuras, que parecen tomadas del pueblo napolitano. El resultado es una impresionante obra cargada de verismo, llegando a decir algún contemporáneo del pintor que su paleta se tenía con la sangre de los mártires.