Castillo-Palacio Real de Olite

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Comentario

Al regresar de Francia a principios del siglo XIV, Carlos III el Noble ordenó edificar este castillo de Olite para fijar en él su corte.
El castillo se divide en dos espacios denominados Palacio Viejo y Palacio Nuevo. El Palacio Viejo se distribuía originalmente alrededor de un patio central en forma de rectángulo donde se situaban las caballerizas, el granero y la despensa. De esta parte, hoy en día, no quedan en pie más que los muros y las torres: la Torre de San Jorge donde estaba la antigua capilla de su nombre, la Torre de la Prisión al nordeste, la Torre de la Cigüeña, al noroeste, y una cuarta, sin nombre, al sudoeste.
El Palacio Nuevo se distribuye de una forma más desorganizada, constituyendo el núcleo principal una Gran Torre de planta trapezoidal, realizándose la comunicación entre los distintos niveles a través de una escalera de caracol. El muro sur nos conduce a la Torre Nueva o Palacio de la Reina, también de planta trapezoidal y en cuyo piso bajo encontramos una sala abovedada con medio cañón apuntado, denominada Sala de los Arcos. Este doble conjunto de la Gran Torre y la Torre Nueva, está rodeado de diversas torretas y gruesos contrafuertes exteriores.
Ignoramos quienes fueron los arquitectos del castillo de Olite. Tomaron como modelos fortalezas francesas, especulándose que quizá vinieran de esas tierras. A fin de asegurar la persona del monarca, se construyó un irregular conjunto de torres que forman un plano laberíntico, apuntando una tradición que el palacio contaba con tantas habitaciones como días tiene el año. Unos muros de gran espesor y elevados techos eran las señas de identidad de este castillo, así como los jardines, que estaban suspendidos en los terrados superiores de los muros. En estos excelentes jardines, el Príncipe de Viana, gran aficionado a la zoología, reunió leones, osos, camellos y otros animales. También hubo fuentes, cenadores y naranjos, entre otros caprichos reales. La capilla contaba con dos plantas, utilizando la inferior la servidumbre y la superior la nobleza.
Junto al castillo, la iglesia de Santa María La Real es un excelente templo gótico, en el que destaca su exuberante portada, de gran riqueza iconográfica
A mediados del siglo XVI el palacio se arrienda a los marqueses de Cortes y en 1718 es enajenado por el Virrey de Navarra. A finales del siglo XVIII sufriría un destructor incendio, episodio que se repetiría en la Guerra de la Independencia al ordenar el general Mina quemar el edificio para evitar la instalación de tropas francesas, extrayéndose previamente el plomo de las techumbres para la fabricación de balas. Las primeras obras de restauración se iniciaron hacia 1925, completando un espectacular castillo que parece sacado de un cuento de hadas.

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