Mezquita de Córdoba

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Comentario

En el año 785, ante el aumento de la población cordobesa, Abd al-Rahman I decide construir una nueva mezquita en el lugar ocupado por la iglesia de San Vicente. Consta de diez naves con 130 columnas de doble arcada abiertas a un patio rectangular de 74 metros de largo. Su hijo Hixam I será el encargado de finalizar las obras, levantando el alminar.
Abd al-Rahman II en el año 833 añade una nave porticada en el patio, prolongando con siete tramos más las naves, en dirección al Guadalquivir, sostenidas por otras 80 columnas y construyendo un nuevo mihrab.
En el año 945 el patio y el alminar serán modificados por Abd al-Rahman III. Su hijo Al-Hakam II derriba el muro meridional y amplia la sala de oración con doce tramos y otras 120 columnas. La zona del mihrab y las tres espléndidas cúpulas que lo anteceden también son de esta época, alrededor del año 965.
Entre los años 987 y 990 Almanzor llevará a cabo la última ampliación y la más extensa. La proximidad del río hace que las naves se amplíen hacia oriente, quedando el mihrab descentrado. De esta manera, la sala de oración mide 130 metros de lado, superada sólo por la mezquita de Samarra. Por supuesto, el patio también es ampliado, finalizándose la decoración de la Puerta del Perdón.
En 1523 se iniciaron las obras del crucero de la Catedral, por mandato del obispo don Alonso Manrique. Hernán Ruiz será el encargado del proyecto, concluyéndose los trabajos a comienzos del siglo XVII.
La organización arquitectónica de las arquerías de la mezquita cordobesa quedaría fijada en el primer edificio, en el año 785, tomando posiblemente como ejemplo el acueducto de los Milagros de Mérida. La novedad introducida por el arquitecto cordobés consiste en la superposición de dos soportes: una columna abajo y un pilar arriba, y dos arcos, el inferior de herradura -que sirve de entibo para impedir el desplazamiento lateral de los soportes- y el superior de medio punto, recibiendo la techumbre de madera. Las 612 columnas son, en su mayoría, reutilizadas de edificios romanos. En los arcos destaca la bicromía al combinar piedra y ladrillo
Todo el lujo y el barroquismo de la Mezquita se concentran en la zona de la maksura y el mihrab, la ampliación de Al-Hakam II. Destaca el juego de arcos lobulados y entrelazados decorados con ataurique, creando la característica red de rombos. El mihrab conserva el tradicional arco de herradura, revestidas sus jambas por dos hermosísimas losas de mármol también con decoración de ataurique.
Esta impactante decoración tendría una evidente función simbólica, relacionada con el poder del califa cordobés y el gusto islámico por la suntuosidad.

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