Los Palacios Reales

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Comentario

En el año 1700, la muerte sin descendencia de Carlos II instala en el trono español una nueva dinastía, la de los Borbones. El nuevo monarca, Felipe V, trae consigo un poder real entendido de manera absoluta, que necesita ser representado con rotundidad, debe impresionar. Siguiendo el ejemplo de Luis XIV y Versalles, los borbones españoles tendrán en los palacios la mejor expresión de su grandeza.
En Madrid, en el lugar que ocupaba el viejo alcázar de los Austrias, destruido por un incendio en 1734, es levantado el Palacio Real. Ocupado sólo en Semana Santa y Navidad, el enorme Palacio Real era el símbolo del poder de los reyes. Embajadores extranjeros debían comprender, a la vista de tan magnífico edificio, que el país gobernado por los borbones era un modelo de organización, riqueza y modernidad, todo bajo la persona del rey.
Como hiciera Felipe II con El Escorial, los Borbones españoles levantan palacios en los alrededores de Madrid. Uno de ellos, el Palacio de La Granja, está hecho para el disfrute de los sentidos, con sus magníficas fuentes y jardines, su salón japonés y su rico mobiliario.
El Palacio de Aranjuez es uno de los lugares favoritos para el retiro de los reyes. Allí se celebran grandes fastos y espectáculos, entretenimiento para la corte y fuente de comentarios y asombro para el pueblo.
Los Reales Sitios se completan con el Palacio de El Pardo. Enclavado en un monte de alto valor cinegético, fue la residencia favorita de un rey amante de la caza, Carlos III, bajo cuyo mandato fue construido en su forma actual.

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