Las verbenas del siglo XVIII

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Comentario

Durante el siglo XVIII, España recibió una fuerte influencia francesa o italiana que se manifestaba en hábitos, modas y costumbres. Los reyes fomentaban todo lo venido del exterior, intentando equiparar España al resto de naciones europeas. La corte y los nobles adoptaban vestidos franceses, escuchaban música italiana y organizaban tertulias en ricos salones.
Frente a esta cultura elitista, el pueblo llano gustaba de asistir a verbenas, ferias y romerías. Eran éstas fiestas muy populosas, que reunían a gran número de personas en descampados o praderas. Carnavales o una festividad religiosa hacían que el pueblo abandonase por un día sus ocupaciones cotidianas para gozar y divertirse.
Muy populares eran las corridas de toros. Prohibidas por Carlos III excepto las que tuvieran carácter benéfico, el pueblo se apresuró a organizar más corridas que nunca, con la excusa de que los beneficios iban a parar a hospitales.
Las verbenas reúnen a todo tipo de personas. Algunos hombres aprovechaban para jugar a los naipes. Son los llamados majos, que sujetan sus largas cabelleras con una redecilla en la cabeza. Ellas, las majas, llevan siempre mantilla y peineta. Las mozas casaderas se dejan ver o simplemente descansan. Muchachas y muchachos juegan a la gallina ciega o al pelele. Algunos se columpian, otros se divierten con una pelota, mientras los más intrépidos intentan subir la cucaña.
Como en toda fiesta, la música no puede faltar. Majos y ciegos tocan sus tonadas, y rápidamente se improvisa un baile. La danza es ocasión para el galanteo, preludio de la cita nerviosa de los amantes. Majos y majas se divierten con una cometa, mientras los niños trepan a un árbol o juegan a soldados. La merienda sirve para reponer fuerzas, y un buen trago de vino calma la sed al tiempo que alegra el espíritu.

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