Campoamor Rodríguez, Clara

Homenaje de las asociaciones feministas a Clara Campoamor en Madrid
Nacionalidad: España
Madrid 12-2-1888 - Lausanne (Suiza) 4-1972
Política y abogada



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Comentario

Nace en Madrid el 12 de febrero de 1888. Deja los estudios a los trece años para ayudar a su madre en sus labores de modista. Trabajaba como dependienta cuando en 1909 decide presentarse a oposiciones administrativas en el cuerpo auxiliar de Telégrafos. Tras un corto tiempo en Zaragoza cubre su plaza en San Sebastián. Consigue volver a Madrid presentándose a otras oposiciones; en 1914 es nombrada profesora especial de taquigrafía y mecanografía en las Escuelas de Adultas. A partir de 1917 trabaja, además, como secretaria en el diario La Tribuna.

Cumplidos ya los treinta y dos, empieza el Bachillerato. En esa misma época trabaja también como auxiliar mecanógrafa en el Servicio de Construcciones Civiles, además de hacer traducciones de literatura francesa. Dos años después se matricula en la Facultad de Derecho. Con treinta y seis años se convierte en una de las tres primeras abogadas españolas, dispuesta a ejercer, como así hace desde 1925.

Es admitida en la Academia de Jurisprudencia el 31 de octubre de 1924, donde llevó a cabo una intensa labor que le hizo merecedora de la Gran Cruz de Alfonso XII, aunque la rechazó por motivos ideológicos.

El 2 de febrero de 1925 ingresa en el Colegio de Abogados de Madrid, al que perteneció hasta 1936.

En poco tiempo comienza a descollar en su profesión centrando sus intereses en la capacidad legal de la mujer, la protección del menor y la investigación de paternidad. En una de sus intervenciones en el Tribunal Supremo tuvo como oponente al futuro presidente de la II República, Alcalá Zamora.

El 11 de abril de 1928 es admitida en la Real Sociedad Matritense de Amigos del País.

En este mismo año interviene en la preparación del XII Congreso de la International Federation of University Women que se celebraba por primera vez en España. En esa época desempeñaba el cargo de secretaria de la Juventud Universitaria Femenina; al año siguiente llegaría a ser presidenta de dicha asociación.

Contacta con colegas de otros países y con otras cuatro letradas funda en 1929 la Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas.

Fue la primera mujer elegida para un cargo en el Ateneo, al que estaba muy vinculada desde 1916. (Secretaria tercera de la Junta de Gobierno en 1930).

En San Sebastián asumió la defensa de un grupo de implicados en el intento fallido de proclamación de la República. Entre ellos estaba su único hermano, Ignacio. Este episodio finalizó con el triunfo de la coalición republicana en San Sebastián, y la instauración de la Segunda República.

Crea en 1931 la Unión Republicana Femenina.

Clara Campoamor participó en el grupo Acción Republicana que en breve se constituyó como partido político, liderado por Azaña. Sin embargo no se presentó a las elecciones para las Cortes Constituyentes con ellos, sino con el Partido Radical, liderado por Lerroux, probablemente porque estaba en mejor situación para lograr su acta de diputada que consiguió en 1931.

Junto a Victoria Kent, fueron las dos primeras mujeres que lograron escaños en el Parlamento español.

Con el apoyo de su grupo político formó parte de la Comisión Constitucional, de veintiún diputados que trabajó en el proyecto de Constitución.

Para la reñida consecución del voto femenino en las Cortes de 1931 fue decisivo el empeño de Clara Campoamor. Gracias a su tenaz esfuerzo las españolas pudieron votar por primera vez en las Elecciones Generales de 1933, en las que ella perdió su escaño.

Lerroux le ofrece entonces la Dirección General de Beneficencia y Asistencia Social, en la que trabaja hasta el 23 de octubre de 1934, fecha en la que presenta su dimisión. Cuatro meses después abandona las filas de su partido por ingerencias de la CEDA y falta de apoyo de su lider político.

Intentó, sin éxito, su incorporación en Izquierda Republicana. Tampoco lo consiguió en el Frente Popular, como representante de la Unión Republicana Femenina.

Muchos políticos no le perdonaron jamás su exitosa lucha por el sufragio universal. Escribió entonces y publicó en 1935, "Mi pecado mortal. El voto femenino y yo", testimonio de sus luchas parlamentarias, donde se recogen largos párrafos de las actas del debate en torno al sufragio universal.

En el verano del 36 comienza su exilio. Tras una época en Francia y Buenos Aires, en 1955 se instaló en Lausanne (Suiza). Hizo continuos intentos para poder volver a España, siempre fallidos por su antigua relación con la masonería. Murió, como "exiliada descontenta que navega en la añoranzas" , en abril de 1972. Sus restos fueron incinerados y enviados a San Sebastián.

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