Churchill, Winston Leonard S.

Winston Churchill, primer ministro británico
Nacionalidad: Gran Bretaña
Palacio de Blenheim 30-11-1874 - Londres 24-1-1965
Primer Ministro 1940 - 1945



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Comentario

Hijo de lord Randolph Churchill y de la norteamericana Jennie Jerome, nació en el Palacio de Blenheim en 1874, propiedad de su abuelo, séptimo duque de Marlborough. En su autobiografía describe su infancia como una época de bienestar y felicidad, cuidado con mimo por su madre, sólo turbada por su ingreso en un internado en Ascot. Posiblemente el alejamiento de su hogar influyera en sus malas calificaciones y en su conducta rebelde, pues el joven Churchill era objeto de frecuentes castigos y despreciaba el estudio. Su escaso interés por los estudios continuó posteriormente, pues al ingresar en la escuela de Harrow fue incluido en el grupo de alumnos con menor nivel académico. En el mismo sentido, suspendió dos veces su examen de ingreso en la Academia Militar de Sandhurst, si bien en la tercera ocasión en que lo intentó sí logro aprobarlo. En esta institución, Churchill experimentó una profunda transformación en su conducta, pues comenzó a manifestarse como un joven disciplinado y trabajador, que pronto comenzó a descollar entre sus compañeros.
Posteriormente ingreso en el Cuarto de Húsares, uno de los más famosos regimientos del ejército británico, con los que combatió en Cuba, la India y el Sudán, aprendiendo lecciones prácticas que muy bien hubieron de servirle más adelante cuando, siendo ya Primer Ministro, hubo de dirigir al país durante la II Guerra Mundial.
Su entrada en política se produce en 1898, tras abandonar el ejército y solicitar el ingreso en el Partido Conservador. Un año más tarde se presenta sin éxito a sus primeros comicios, por lo que decide marchar a Sudáfrica como corresponsal del diario Morning Post en la guerra de los boers. Una peripecia en principio desafortunada le será favorable: es hecho prisionero y trasladado a Pretoria, pero logra escapar recorriendo cuatrocientos kilómetros y regresa a Inglaterra como un héroe, siendo su nombre reflejado en la primera plana de todos los periódicos. Un año más tarde repite su experiencia electoral anterior, y, esta vez sí, obtiene la tan deseada acta de diputado. Tiene veintiséis años y una demoledora carrera política por delante.
Como Parlamentario, destacó por su oratoria y su despliegue de buen humor, pero su carácter independiente no tardó en granjearle algunas enemistades, incluso entre sus compañeros de partido. Con ello, Churchill se aseguraba una buena dosis de publicidad, pues sus alocuciones eran esperadas a causa de su tono polémico y controvertido.
Nombrado subsecretario de Colonias y ministro de Comercio en un gobierno liberal, hizo gala de sus grandes dotes para interpretar la realidad y prevenir acontecimientos posteriores. Así, sus previsiones sobre el desencadenamiento de la I Guerra Mundial y el curso que habría de tomar, despreciadas por los militares, se fueron cumpliendo paulatinamente y le ganaron fama de dirigente sensato y capaz. Tras ser nombrado lord del Almirantazgo, dedicó su esfuerzo a modernizar la armada británica, promoviendo la sustitución del carbón por el petróleo como combustible y mandando instalar grandes cañones en todos los buques. Inició también la puesta en marcha de un grupo de aviación y fomentó la creación de los primeros tanques ingleses, destinados a combatir el tremendo potencial alemán.
Preludio de lo que acontecerá en el futuro, final de la contienda hará que Churchill sea alejado del primer plano de la vida política. En 1924 regresa a las filas conservadoras y, un año más tarde, se encarga de la cartera de Hacienda del gobierno de Baldwin, precisamente en una época en la que la crisis económica se instalará en Inglaterra. Los tumultos se suceden, las huelgas se multiplican y los malos resultados económicos provocan su enfrentamiento con lo miembros de su propio partido, quienes critican su conservadurismo a ultranza. Acosado, decide retirarse de la política (1929) y dedicarse a escribir y a la pintura, bajo el seudónimo de Charles Morin, cosechando algunas críticas como la de Picasso.
Aunque alejado de la primera fila política, no abandonó su escaño en el Parlamento, aunque se estrella y capacidad de influencia parecía haber decaído definitivamente. El ascenso de Hitler al poder en Alemania y el subsiguiente apogeo de los fascismos en Europa fue ocasión para que Churchill comenzara a recuperar el protagonismo perdido, pues empezó a realizar intervenciones en las que advertía del peligro nazi y de la necesidad de preparar a Inglaterra para la lucha. Muchas veces sus intervenciones no fueron bien entendidas por la confiada Gran Bretaña, hasta que la firma en 1938 del Acuerdo de Munich, mediante el cual Inglaterra y Francia eran obligadas a ceder ante Alemania, hizo ver a muchos la capacidad de anticipación de que Churchill había hecho gala.
Tras la invasión de Polonia por parte de Alemania el 1 de septiembre de 1939, Francia e Inglaterra declararon la guerra al Estado nazi y Churchill fue puesto de nuevo al frente del Almirantazgo británico. Aclamado en su reingreso al Parlamento, las malas perspectivas que el desarrollo de la contienda parecían deparar a Inglaterra, hicieron que fuera nombrado Primer Ministro el 10 de mayo de 1940. Su discurso, una nueva premonición acertada, ofrecía "sangre, sudor y lágrimas", al mismo tiempo que exigía el sacrificio del pueblo inglés para vencer la Guerra.
Desde su puesto, organizó una eficaz política de resistencia ante la adversidad, como la carencia de alimentos, los ataques alemanes o las muertes en combate. Sin duda, fue uno de los elementos que permitieron mantener alta la moral del pueblo británico en las horas más bajas, como cuando Londres era bombardeado y amenazado de invasión por las tropas alemanas.
En respuesta, Churchill creó un gobierno de unidad nacional, eliminando las diferencias partidistas, y creó el ministerio de Defensa para racionalizar el esfuerzo bélico. Acosada Francia, Gran Bretaña quedaba en solitario frente al poderoso ejército alemán, por lo que los esfuerzos de Churchill se encaminaron a conseguir la entrada en guerra de la Unión Soviética, que había firmado un pacto de no agresión con Alemania, y de Estados Unidos, reacios a intervenir en un conflicto lejano y no bien entendido de principio. Ambos objetivos se cumplieron, manteniendo reuniones con sus ya aliados Stalin y Roosevelt. Al mismo tiempo, desplegó un vigor y capacidad de trabajo inagotables, dedicando a la dirección del país hasta dieciséis horas diarias y transmitiendo coraje y entrega al resto de la nación.
Ganada la guerra, el mismo día de la victoria inglesa fue objeto en el Parlamento de la más grande ovación nunca producida en ese lugar. Sin embargo, apenas dos meses después fue derrotado en las siguientes elecciones, probablemente porque los votantes valoraron las aptitudes de Churchill para dirigir y gestionar un país en guerra, eligiendo otro tipo de política para tiempos de paz. Continuó como jefe de la oposición, siendo el primero en acuñar el término "telón de acero" para subrayar la división de Europa en dos partes -comunista y capitalista- y abogando por la creación de unos Estados Unidos de Europa.
En 1951 regresó al cargo de Primer Ministro tras la victoria conservadora, siendo dos años más tarde premiado con el Nobel de Literatura por su obra Memorias sobre la Segunda Guerra Mundial. Dimitió de su cargo en abril de 1955, sintiéndose ya viejo y cansado, tras ser nombrado por Isabel II Caballero de la Jarretera y rechazar su nombramiento nobiliario a fin de seguir siendo miembro de la Cámara de los Comunes.
Reelegido en 1959, rechazó presentarse a las elecciones de 1964. Falleció el 24 de enero de 1965, siendo recordado como el gobernante británico más trascendental del siglo XX y uno de los más importantes a nivel mundial.

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